La búsqueda del “verdadero peronismo”

Por Daniel V. González

perón 1852288El espectro político argentino se ha peronizado.
En Córdoba se presentan a internas cuatro variantes de las ideas políticas que tuvieron su origen en la posguerra, hace casi setenta años. También en Buenos Aires se plantea una lucha similar entre igual cantidad de listas que se adjudican a sí mismos tal condición.
Es cierto que, en algunos casos, las diferencias entre una y otra lista no son ideológicamente sustanciales sino que más bien obedecen a razones personales, pequeños egoísmos, peleas menores por ubicación de tal o cual político en las grillas de candidatos. Sin embargo, en algunos casos existen diferencias de matices marcadas que, en cierto modo, justificarían la decisión de hacer “rancho aparte”, de formar un grupo distinto de los rivales.
Las variantes entre los diversos grupos están fijadas, en este momento, por su posición respecto del gobierno nacional y su política. Básicamente existen tres grupos: a) los que adhieren sin crítica al gobierno nacional y procuran captar los votos de los simpatizantes de Cristina, b) los que se oponen al gobierno nacional en forma frontal y c) los que –como en el caso de Massa en Buenos Aires, evitan una crítica frontal tratando de beneficiarse con algunos votos provenientes de aquellos kirchneristas que perciben el fin de una etapa y la necesidad de continuar la misma política con algunos ajustes.
Hay un dato más que hace a lo contextual: la vecindad del final del gobierno de Cristina y la imposibilidad de un nuevo mandato presidencial. Esta circunstancia ha alentado la dispersión bajo la forma de una proliferación de grupos peronistas incluso en alianza con otros partidos. En La Rioja, por ejemplo, Jorge Yoma concurrirá con el PRO y en Córdoba no son pocos los peronistas que se han sumado a la propuesta que encabeza Héctor Baldassi por el partido de Mauricio Macri.
Como en la famosa anécdota, adjudicada por unos a Perón y por otros a Musolini, pareciera que hoy por hoy “peronistas somos todos”. Aunque claro está, cada uno se reivindica a sí mismo, como el verdadero peronismo, el de Perón y Evita, el que representa de un modo más fiel el ideario de Octubre de 1945. Cada uno reserva para sí la ortodoxia o, mejor, la interpretación más cabal de las ideas de Perón.

El peronismo de Perón
Es común escuchar entre los peronistas críticos de este gobierno, la imputación que la versión de Néstor y Cristina Kirchner no sería el peronismo auténtico, que no refleja las ideas fundacionales expresadas por su creador. Sus argumentos apuntan, entre otros temas, a la política de derechos humanos que reivindica a los grupos guerrilleros que actuaron en los años setenta y a los cuales Perón rechazó con nitidez, los condenó expresamente e incluso manifestó por escrito su voluntad de “exterminarlos uno por uno para bien de la república”.
Otros cuestionan varios aspectos de la política económica en curso, tales como los subsidios indiscriminados, la mala gestión en el tema energético, la política hacia el campo, la asfixia a las provincias que no resultan dóciles al gobierno nacional, etc. También son motivo de crítica el poco apego del gobierno a las normas legales, los intentos de permanencia en el poder, las presiones a la prensa, la voluntad de someter a la justicia.
Vayamos por partes. Resulta muy complicado a los peronistas opositores al gobierno cuestionar la política económica de estos diez años. La razón es muy simple: ella se parece en muchos aspectos a la que desarrolló Perón en sus primeros años de gobierno, a partir de 1946. Un estado fuertemente intervencionista incluso como empresario, subsidios amplios, captación de una porción de la renta agraria, descuido por el déficit público, inflación.
Esta política económica populista hizo crisis hace ya muchos años a punto tal que fue el propio Perón quien intentó una rectificación durante el Segundo Plan Quinquenal. Pero fue el gobierno de Carlos Menem, con la gestión de Domingo Cavallo en el ministerio de economía durante los odiados años noventa, la que rectificó el rumbo a través de las privatizaciones, la apertura económica, la desregulación, la creación y el impulso del Mercosur, la apertura a la inversión externa. Aunque la casi totalidad de los peronistas de esos años adhirieron a la política económica de Menem-Cavallo (incluidos Néstor y Cristina Kirchner), hoy nadie la reivindica excepto, en soledad, el propio Cavallo.
Los peronistas no K consideran, y seguramente tienen razón, que defender hoy la política de los noventa es “piantavotos” pues perciben que ella ha quedado estigmatizada por el estallido del 2001 y que, en consecuencia, mentarla sería contraproducente en materia electoral. Por eso, muchos peronistas opositores votaron a favor de la estatización de Aerolíneas Argentinas, de la AFJP, de YPF. Temen que si no defienden el mayor protagonismo del estado serán acusados de “entreguistas” o, mucho peor, de menemistas. A esta adhesión hacia políticas sustanciales del gobierno nacional se han sumado no pocos radicales y todo el espectro socialista. En esto, “peronistas somos todos”.
Son los aspectos políticos del actual gobierno los que causan mayor rechazo. Es amplio el espectro que cuestiona los avances sobre la justicia, los intentos de reforma de la constitución, los ataques a la prensa y el estilo entre autoritario y patotero con el que Cristina ejerce el poder. Aquí el rechazo es mayor. Sin embargo, tampoco en estos aspectos tan irritantes el actual gobierno se diferencia demasiado del modo en que Perón ejerció el poder durante sus dos primeras presidencias. Pero ningún peronista osaría cuestionar ni siquiera algún aspecto parcial de aquellos años primeros del peronismo, que se tienen por ejemplares y gloriosos.

Kirchnerismo y peronismo
Estas coincidencias para nada azarosas entre el kirchnerismo y el peronismo de Perón sumado a la reticencia de los peronistas opositores en realizar una crítica frontal a los aspectos estatistas y populistas de la política económica en curso nos llevan a otro debate. Para decirlo de un modo claro: si el “modelo” de Cristina entra en crisis, ¿ella no abarcará al peronismo como un todo, incluidas sus diversas variantes?
Nos referimos a sus aspectos sustanciales y sobre todo de índole económica: avance del estado sobre la actividad privada, empresas públicas, subsidios, relación con la inversión externa, presión tributaria, emisión monetaria, inflación. La política hacia el campo puede dejarse a un lado aunque, claro está, no será fácil reducir el nivel de las retenciones sin algunos traumas.
Para decirlo de otro modo: la crisis que llegará, ¿será sólo del kirchnerismo o del peronismo en su conjunto? En cualquier caso, una parte importante de la oposición (radicales, socialistas) no estará en condiciones de usufructuar esa crisis en propio beneficio pues ellos han acompañado aspectos decisivos de las políticas oficiales.
Quedan a un lado los espectros representados por Mauricio Macri y Elisa Carrió, cuya distancia con el gobierno es bien marcada y se remonta a muchos años. En ambos casos, la fragilidad de sus propuestas parece ser el principal obstáculo para proponerse como opción. A Macri parece costarle comprender que la política consiste en algo más que la exhibición de una buena administración. Carrió, por su parte, se consume en denuncias de corrupción que la colocan más en el lugar de una fiscal que el de potencial gobernante.
Es este panorama de aridez el que favorece que el peronismo se suceda a sí mismo, con una infinita capacidad de adaptación de discursos y políticas a los cambiantes escenarios que presenta el país, por novedosos que fueren.