Scottistas copan gabinete de Tamarit

Por Gabriel Osman
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DPP_0022[dc]E[/dc]l de Carolina Scotto y Francisco Tamarit debe haber sido un divorcio modelo. Al margen de detalles que, por otra parte, no deben ser materia periodística, el ensamble entre la profesora de filosofía y el físico parece impecable, aun luego de la pérdida de perfección que supone la bifurcación de sus historias personales. Incluso, contabilizando cierto distanciamiento político en 2012, cuando los sectores K más radicalizados de scottismo iniciaron una casa de brujas que pudo conjurar a tiempo el hoy rector.
No hay nada más que mirar la composición del gabinete de Tamarit para darse cuenta que la de Scotto es una voz que sigue teniendo peso en la UNC. Salvo que, la otra alternativa, que las dos gestiones sean una sola. Hay una tercera, meno cómoda para Tamarit, tal vez también más remota, pero que debe señalarse: la ex seguirá reteniendo poder en la UNC hasta que el Congreso, eventualmente, la reclame a su seno para acompañar a los K desde una banca.
Tamarit ha sido seguramente un buen esposo y, luego, también un buen ex esposo. Por eso, debe colegirse que el hoy rector ha de desear con mucho fervor que Scotto llegue nomás a una banca en la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación. Será un salto de calidad en la carera política que ha emprendido su vieja compañera de ruta. Adicionalmente, serán muchos los quehaceres para la experta en Filosofía del Lenguaje que la harán replegar, al menos por los próximos cuatro años, de los avatares políticos universitarios.
Tal vez sea comprensible que Tamarit desee de buena fe este doblete: que Scotto gane y se vaya a Buenos Aires y que, obvio, no se quede en Córdoba. Porque el gabinete que ayer asumió funciones en el Pabellón Argentina es de una clara ascendencia scottista. Repasemos. De las seis secretarías, dos estarán ocupadas por otros dos miembros del gabinete de Scotto (Jorge Obeide, en el mismo cargo de Administración y Planeamiento; y Ana Alderette, promovida desde la menos trascendente Asuntos Estudiantiles a la expectable Académica y Posgrado). Además, hay una tercera cartera que cuenta otro scottista, Alberto León, un kirchnerista duro, que asumió antes que todos la Secretaría General, el segundo cargo en importancia en la UNC, antes que el de vicerrector inclusive.
No nos imaginamos a Tamarit resignándose a ser un carbónico de Scotto. Tampoco es imaginable la repetición de ciclos fiscales tan pacíficos, como los que le tocaron vivir a la ex rectora. El rector tiene, adicionalmente, perceptividad política como para anticiparse a cierres de ciclos que muchos vislumbran. Por eso, las diferencias pueden ser hasta oportunas.