Eterna y vieja juventud

Por J.C. Maraddón
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cuarteto cedronCuando el Cuarteto Cedrón empezó a trajinar tangos, allá por 1963, al mundo le faltaban todavía muchas vueltas para llegar hasta donde estamos hoy. Jorge Masetti aún andaba por el monte salteño tras un sueño guevarista que pronto adquiriría ribetes de pesadilla. La flamante viuda Jacqueline Kennedy brindaba su testimonio sobre el asesinato del presidente estadounidense ante la Comisión Warren. E Independiente, el club de Avellaneda que hace pocos días se vio condenado a descender de categoría por primera vez en su historia, se coronaba campeón del fútbol argentino, un logro que al año siguiente lo llevaría a obtener su primera Copa Libertadores de América.
Los Beatles publicaban su disco long play inicial, “Please, Please Me”, en cuya portada aparecían los cuatro flequilludos asomados a la baranda de una escaleras del patio de las oficinas del sello EMI en la ciudad de Londres. El impacto de esas canciones fue formidable. Y la fotografía, tomada por Angus McBean, se transformó en un fetiche para la banda, a tal punto que la reprodujeron en 1969, en el mismo lugar y con el mismo fotógrafo, para usarla en un disco que nunca salió, aunque posteriormente fue recuperada para un álbum recopilatorio.
Los Rolling Stones publicarían en ese mismo 1963 su disco simple debut, que incluía en su cara A el tema “Come On”, compuesto por Chuck Berry. Con esta elección, el grupo rendía tributo al músico afroamericano que más los había influenciado; sus riffs de guitarra pueden hallarse como referencia en casi toda la discografía de los Stones, incluyendo los últimos álbumes. Pero en aquel entonces, el planeta caía rendido a los pies de estos muchachitos blancos que querían ser negros; y sonaban como tales.
En la Argentina, el folklore se aprestaba a vivir épocas gloriosas con el surgimiento, desde Mendoza, de un movimiento renovador denominado “Nuevo cancionero”. Firmado entre otros por Armando Tejada Gómez y Mercedes Sosa, el manifiesto que dieron a conocer proponía rechazar “todo regionalismo cerrado” y promover “la participación de la música típica popular y popular nativa en las demás artes populares”. Consignas sumamente atrevidas para un tiempo en el que apegarse a la tradición era la única garantía de éxito para cualquier folklorista.
Mientras tanto, en el otro rincón, un cantante solista lanzaba su primer sencillo, luego de separarse de la formación que lo había amparado en sus comienzos, Los de Fuego. Roberto Sánchez, inmortalizado como Sandro, publicaba un 33 rpm que tenía “¿A esto le llamas amor?”, de Paul Anka, en su cara principal, en tanto que del otro lado aparecía “Eres el demonio disfrazado”, de Elvis Presley. Salió bajo el sello CBS y no alcanzó gran repercusión, sobre todo si lo comparamos con lo que sobrevendría después, cuando el intérprete sacara chapa de ídolo en su país y en todo el continente.
Otra compañía discográfica, la RCA Víctor, había tenido la gran idea de apañar un ciclo televisivo en el Canal 13, donde las figuras de la llamada “nueva ola” brillaban a más no poder. En su segunda temporada, “El club del clan” disputaba el podio del rating con “Viendo a Biondi”, gracias a la popularidad de artistas como Raúl Lavié, Chico Novarro, Palito Ortega, Jolly Land o Violeta Rivas.
Era ese 1963 el mismo en que el Tata (Juan Carlos) Cedrón empezó a ensayar junto a una formación de trío que poco después se convertiría en cuarteto. La idea era apelar a los instrumentos clásicos de la milonga (guitarra, violín, bandoneón y contrabajo), pero con un repertorio que rescatase la mejor poesía tanguera y que llevase al dos por cuatro las obras de vates como Raúl González Tuñón o Juan Gelman.
Más allá de militar dentro de un género tradicional (al cual le aportaron una renovación conceptual considerable), estos músicos porteños respiraban el espíritu de una época propicia para los cambios. Por eso, a lo largo del último medio siglo han edificado una obra que encaja sin forzarla dentro de los parámetros de aquel momento, cuando todo parecía florecer… como los naranjos de Homero y Virgilio Expósito.
En tanto el Cuarteto Cedrón empieza a celebrar su cincuentenario con una gira nacional y el lanzamiento de un CD grabado en vivo en París en 1988, nosotros aprovechamos la efeméride para remontarnos hacia atrás unos 50 años. Y para encontrarnos allí, con la esperanzas intactas. Y ese perfume a novedad que ahora se obstina en escasear.