El casting socialdemócrata

Por Jorge Asis
para JorgeAsisDigital.com

Tío Plinio querido,
p9bLa centro-izquierda brinda, con el ejemplo, la gran sorpresa. Trátase del progresismo tenue. El casting de la socialdemocracia furtiva. El radicalismo con lifting. O del frepasismo insistente (que confronta con el “frepasismo tardío” de La Doctora).
Muestran, sin embargo, atisbos admirables de lucidez. Son radicales diversificados que se apresuran para presentar sus nuevos compañeros de vals. Para la elección interna que tal vez, tío Plinio querido, no se hará nunca. Pero el amague, al menos, vale. Aunque las Primarias Abiertas y Obligatorias, las PASO, se sumerjan debajo de la lona.
La señora Elisa Carrió es la Empresaria en Demoliciones (que no sabe qué hacer con los escombros que produce). Emerge, acaso, como el cuadro político-cultural más traicionable. Si la votaran, con sus familias, todos aquellos que supieron utilizarla para capturar una banca, Carrió tendría más suerte electoral. Permita omitir la sucesión interminable de medialuneros que mojaron, en la taza de café de Carrió, la medialuna, y partieron. “Es una jefa ideal para abandonarla”, confirma la Garganta.
Mientras prepara las bases de la próxima demolición, Carrió primerea, de nuevo, a sus pares menores. Para presentar, en sociedad, a su nuevo compañero de vals. Es Fernando -Pino- Solanas. Trátase del Dirigente Universitario que participó -como otro “paquete”, Francisco De Narváez, el Caudillo Popular- de todas las elecciones posibles de la última década.
Desde aquella componenda inicial con Chacho Álvarez, El Justamente Olvidado, que supo enseñar, al semejante, el arte de politiquear desde la televisión. Solanas prosiguió con la prédica inalterable de celebratorias antiguallas.
Ideas que despiertan, además de indiferencia colectiva, determinados entusiasmos que fueron, alguna vez, juveniles. A los efectos de favorecer un nacionalismo emocional, que hubiera fascinado al inolvidable Cacho El Kadri. El Productor -entre otras hazañas relativamente cuestionables- de El Exilio de Gardel.
Pero conmueve también, tío Plinio querido, el trayecto acelerado hacia el progresismo que encaró Adolfo Prat Gay, El Financista Melancólico. Con la nueva compañera de vals que hubiera deparado lícitas algarabías a la señora Amalia Fortabat. Y alguna mueca tiernamente burlona en Inés.
Como indica el tango Margot: “Vos rodaste por tu culpa y no fue inocentemente”. Por lo tanto no parece justo culpar, o responsabilizar, de la evolución ideológica de Prat Gay, a la señora Victoria Donda, la Transgresora del Barrio.
Trátase de la dama que alcanzó una merecida popularidad a través de las oxigenantes muestras de desparpajo natural. Transgresiones barriales que generan un aceptable encanto entre el contexto de una estética achatada. Y tan, tío Plinio querido, abrumadoramente aburrida.
Con decirle que Victoria parece haberlo rejuvenecido, incluso, al hierático Humberto Tumini, El Pelado como Gorriarán. Aunque tampoco hay que hacerla responsable, a La Transgresora, por la imposibilidad de modificar la vibrante solemnidad de Gil Lavedra. Trátase del legislador que mira, habla, sonríe y -acaso- ama, como un eterno juez.
El Portal lo tenía en carpeta a Prat Gay. Pero no para ocupar una banca elemental en el Senado. Como trascendió, se lo barajaba para colaborar con el Papa Francisco. En la cruzada por impulsar la Peste de Transparencia. La innovadora “epidemia de honestidad” que invariablemente se viene.
Francisco, según nuestras fuentes, aún lo quiere tener al progresista oxigenado. Para manejar las finanzas (lavadoras) del Vaticano.
Aunque la máxima sorpresa, del casting socialdemócrata, la brinda, en realidad, Martín Lousteau, El Personaje de Wilde. Una combinación de Sir Alfred Douglas, de “De Profundis”, con Dorian Grey, del librito homónimo.
El que fue ministro cristinista irritaba, en exceso, tío Plinio querido, a El Furia. Al que le disgustaban, en principio, “los chicos lindos”. Lousteau fue sustancial para que el cristinismo se estrellara entre los muros de “la crisis del campo”. No fue ningún mérito menor. Y hasta hace dos días, Gabriela Michetti, La Princesa de Laprida, le enviaba dulces mensajes de aprobación electoral.
Pero el Personaje de Wilde pasó desde el ostracismo cristinista a enredarse, sin mayor convicción, con el macricaputismo. Para rebelarse, de pronto, como un severo exponente del radicalismo diversificado. Un “socialdemócrata moderno” que complementa al otro insigne inmortal.
Trátase de uno de nuestros máximos héroes. Un crédito del Portal, Rodolfo Terragno, El Intelectual de Alfonsín. El prócer de Billiken que volvía del “exilio”, en los ochenta, cargado de palabras difíciles, que había estratégicamente hilvanado en un libro. “La Argentina del Siglo XXI” (texto que impactaba a los que no conocían “El mundo tras la hora del petróleo”).
Para simplificar, aquellas palabras difíciles de Terragno sólo fueron tomadas en serio por tres personas. Suele divertirle al Intelectual que se lo recuerden. Primero, Alfonsín. Al verlo tan inteligente, porque no le entendía un c…, lo hizo inmediatamente ministro.
Segundo, fue la popular señora Satragno, Pinky. Fue la exclusiva, Pinky, acaso la única terragnista de la historia. Pero el caso más preocupante fue el tercero. El estudioso Isidoro Gilbert. Lo tomó tan en serio Gilbert que hasta compuso un libro para demoler las ideas de Terragno. “La ilusión del progreso apolítico”.
Si se lo trata con buena aspectación, el casting socialdemócrata del centro-izquierda se pone más apasionante, tío Plinio querido, que cualquier presidencial.
Dígale a tía Edelma que, para “limpiar la casa” de las malas ondas que se le introducen en las paredes, pruebe, al menos una vez, con el incienso de Júpiter. Y que con los salmos bíblicos puede reforzar, aparte -dígale- las vibraciones positivas que emanan de la fumigación.