El sí de Blanca Rossi al PJ

BlancaPor Pablo Esteban Dávila

Ayer se confirmó que la popular locutora de Cadena 3, Blanquita Rossi, integrará la lista de diputados nacionales del delasotismo acompañando al ex gobernador Juan Schiaretti (más información en página 4). El suyo es un nombre bien conocido dentro de la opinión pública y, de cierta forma, relanza la novedad justicialista frente al golpe de efecto propinado por el PRO con el ex árbitro Héctor Baldassi semanas atrás.
Desde hacía algunos días se especulaba con que Blanquita desembarcaría en política. Actualmente jubilada, la ex partenaire de Mario Pereyra en el programa “Juntos” fue tentada casi al mismo tiempo tanto por Mauricio Macri como por José Manuel de la Sota, una coincidencia que postergó por algún tiempo su decisión. Tras algunas cavilaciones, finalmente se inclinó por la oferta del gobernador que, entre otros beneficios, le asegura una banca en el Congreso frente a la incertidumbre que podría haberle deparado la lista del PRO.
Es una verdad de Perogrullo explicar esta incorporación por la popularidad ganada tras 25 años en el programa radial más escuchado del país. Esto es tan obvio que no merece profundizar en el comentario, excepto para recordar que uno de los aspectos más costosos en una democracia de masas es contar con candidatos ampliamente conocidos por la opinión pública y que, en lo posible, mantengan una alta imagen positiva.
Es un dato dado que los políticos conocidos suelen no reunir el segundo requisito en tanto que otros, perfectamente capaces y honorables, muchas veces no son identificados por el gran público. Construir un candidato cuesta mucho tiempo y dinero, un activo que, en el caso de las personas que han devenido famosas por fuera de la arena política, se encuentra sumamente cotizado por estas épocas. Rossi encaja perfectamente en esta categoría.
Sin embargo, y más allá de lo intuitivo que se imagina el potencial éxito de su postulación, no debe soslayarse de donde proviene la flamante candidata, esto es, de Cadena 3. Por lejos, esta radio es hoy el medio más influyente de Córdoba. Con altas mediciones nacionales de audiencia y una pauta publicitaria que no depende en absoluto de los humores de ningún presidente o gobernador, hace rato que Cadena 3 es líder por preferencia del público. Su programación es una muestra acabada de que es posible ser popular sin militar en la grosería, o que pueden bajarse ideas políticas sin caer en lugares comunes ni perder la distancia frente a los hechos. Pertenecer – o haber pertenecido – a este medio deja una marca de prestigio que no es posible encontrar en otros ejemplos. Nunca como en este caso la sentencia de Marshall McLuhan: “el medio es el mensaje” se verifica con tanta exactitud.
Por cierto, Blanquita Rossi no es una novedad en esto de los “préstamos” de Cadena 3 al mundo político. El actual legislador peronista y ex Intendente de La Calera, Juan Domingo “Cacho” Echepare, fue un movilero muy conocido de la emisora. El pintoresco locutor – periodista Arturo Miguel Heredia, hoy retirado, fue Diputado Nacional también por el PJ en 2005, aquella vez acompañando a Eduardo Accastello. Olga Rista, otra de las reporteras de la empresa, devino en concejal en 2007 acompañando a Ramón Javier Mestre, y actualmente ocupa una banca en la unicameral. Allá lejos y hace tiempo, el propio Mario Pereyra fue propuesto por la Juventud de la UCEDE para ocupar el cargo de Defensor del Pueblo, un honor que declinó al aire rápida y cortésmente.
Es un hecho que Cadena 3 es una cantera mediática para los grandes partidos políticos, y lo es más allá de las innegables cualidades personales de sus integrantes. Esta es una diferencia importante respecto de otros antecedentes de periodistas o locutores devenidos en políticos. En los ’80 y primeros años de los ’90, todo el mundo conocía a Jorge Nilo Neder, un razonable legislador radical. Neder provenía del periodismo deportivo, en donde había adquirido fama, pero su pertenencia a los SRT no había sido más importante que su trayectoria personal para su proyección política. Algo similar sucedió con Víctor Brizuela cuando fue incorporado por Eduardo Angeloz como Subsecretario de Deportes en 1991. Por entonces, su programa radial ya era una marca registrada, más importante que la señal de la emisora por la que se transmitía. En aquél año, “Sucesos Deportivos” se encontraba en el dial de LV2 (hoy casi extinta) y, cuando dos años después se concretó su pase a LV3, los destinos de una gran empresa terminaron confluyendo naturalmente con los de un gran periodista. No obstante, Víctor fue funcionario antes del fenómeno de Cadena 3, un mérito que sólo a él pudo serle atribuido.
Algo parecido sucedió, aunque a una escala menor, con Guillermo Rodríguez, el recordado conductor del micro televisivo “Tres a las nueve”, originariamente emitido por Canal 12 y que en tres minutos intentaba abordar el cotilleo de la política local. Rodríguez fue electo legislador provincial por el partido de Carlos Rossi en las elecciones de 1999, cuando el ex Secretario de Asuntos Vecinales de Rubén Martí decidió tentar suerte por su cuenta y negar su vital apoyo a Mario Negri, entonces candidato a Intendente por el radicalismo. Aquél periodista era bastante conocido – de eso no había dudas – pero su notoriedad tampoco devenía de su pertenencia a determinado medio de comunicación social. Es fácil advertir que, en los casos de Neder, Brizuela o Rodríguez, las señales que los pusieron en el aire fueron apenas un soporte tecnológico de su propia popularidad personal, pero de ninguna manera las que les dieron fama y reconocimiento, como sí ocurre ahora con la radio que estelarizan Rony Vargas y Mario Pereyra.
El “Sí” de Blanquita no sólo pone en evidencia la singularidad del fenómeno de Cadena 3 sino que, además, muestra una vez más las barreras difuminadas que existen entre el oficio de periodista (o de locutor “comprometido”) y el arte de la política. En cierta forma, un periodista es un voyeur del fenómeno político, alguien que mira pero que no participa. Esta conducta es generalmente practicada con estudiado decoro, puesto que opera como la coartada central de uno de los grandes dogmas del periodismo moderno, la “objetividad” informativa. Pero algunas veces, y de tanto mirar, el periodista se tienta de romper con aquél principio, especialmente cuando la oferta deviene de un partido que ofrece todas las de ganar. Por el contrario, muchos empresarios respetados que también son tentados, periódicamente, a participar en listas de candidatos, prefieren no involucrarse; a diferencia de los hombres y mujeres de la prensa, a ellos lo público les desconcierta, les saca de sus zonas de confort.
Blanquita es una nueva muestra de hasta dónde llega la influencia de Cadena 3 en la provincia de Córdoba. No es difícil inferir que, con el tiempo, habrá otros casos similares. Muchos dirigentes están pensando a quienes podrán ofrecer un lugar en el 2015.