Cristina tiene razón

Por Gabriela Origlia

DYN07.JPG[dc]E[/dc]s cierto, la recaudación nacional aumenta sin tocar los impuestos. El motor es la inflación y la no actualización de los parámetros de liquidación de varios tributos, como Ganancias.
Envalentonada por la suba del 27% interanual de la recaudación de mayo –hubo una marca histórica de $77.755 millones-, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner afirmó que el alza se logró “sin aumentar impuestos”. No le tembló la voz ni se puso colorada al decirlo. Buscó no sólo diferenciarse de “otras jurisdicciones” (palo a gobernadores e intendentes que sí aumentaron tributos) sino también presentar los “méritos” de conseguir más ingresos por mayor actividad. Del “impuesto inflacionario” ni una palabra.
Los datos de Afip muestran que todos los impuestos vinculados al consumo mostraron subas en línea con la inflación (obviamente, con las mediciones no oficiales): entre enero y mayo el IVA acumuló un alza del 23,3% y el tributo que grava las operaciones bancarias, 26,1%. El último mes, Ganancias creció 41,8% ya que es el período de presentación de declaraciones juradas. De los $ 21.101.7 millones recaudados, el cinco por ciento correspondió a la retención del 20% a las compras con tarjeta de crédito en el exterior. Otro aporte fuerte vino por los derechos de importación, con un alza del 64,3% interanual. En mayo la compra afuera de maquinarias y aparatos mecánicos creció 187% y la de autos de alta gama (atada a aprovechar el blue), 45,7%. La importación de combustibles saltó muy fuerte.
Un informe de Nadín Argañaraz y Ariel Barraud del Iaraf le da la razón a la Presidenta pero no de la manera que a ella le gustaría. Es que destaca que mientras provincias y municipios subieron la presión impositiva cambiando bases imponibles y/o alícuotas, la Nación no siguió esa vía, sino que eligió el camino indirecto de no ajustar los parámetros de liquidación de los impuestos en consonancia con el crecimiento de los precios.
Un ejemplo claro de ese esquema son las distorsiones que provoca la inflación sobre el cálculo de Ganancias y que se traducen en un aumento en el número de contribuyentes y en una mayor tasa efectiva de aquellos que ya estaban alcanzados. Las claves son la insuficiente actualización de los mínimos no imponibles y deducciones, y la falta de ajuste de los topes de los tramos de escala sobre los cuales se aplica la tasa progresiva del impuesto, que no se modifican desde el 2001.
El trabajo señala el caso de un empleado cuyos ingresos anuales totales superaban en el 2001 en un 50% los mínimos, tributaba en ese entonces el 9% sobre ese excedente. Esa era la situación de un trabajador casado con dos hijos que ganaba aproximadamente $31.600 anuales y podía computar mínimos por $21.600, quedándole un excedente imponible de $10.000. La misma persona si este año continúa con ingresos superiores en un 50% a los mínimos, pagaría por ese excedente una alícuota efectiva de aproximadamente el 19%: más del doble que en 2001.
La tasa máxima de Ganancias en Argentina es del 35%; en el 2001 empezaban a pagar el impuesto quienes percibían ingresos 6,5 veces superiores a los mínimos vigentes entonces; hoy están alcanzados quienes tienen una remuneración 1,96 veces superior.
Para las empresas es más de lo mismo ya que por la emergencia económica –que continúa a pesar de la “década ganada”- está suspendido el mecanismo de ajuste por inflación y de las depreciaciones de activos fijos (que termina penalizando la inversión). En el caso de Bienes Personales, la Nación no modifica los parámetros desde 2007 pese al incremento de la valuación nominal de las propiedades y autos.
Los datos demuestran cómo es posible aumentar la recaudación sin modificar los impuestos. Es lo que la Nación viene haciendo y, además, la segmentación de los datos de Afip transparentan cuáles son las cargas que más aportan las que no están vinculadas en los últimos tiempos a la actividad económica, que sigue demorando en reaccionar.