500 + blanqueo, la receta

Por Gabriela Origlia

p15-1[dc]L[/dc]a semana que terminó tuvo, desde lo económico, dos ejes: el Congreso convirtió en ley el blanqueo de capitales y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dijo, después de decenas de meses, “inflación”. ¿Cambia algo? Desde el punto de vista del oficialismo, no. Es que, aunque las medidas salen porque hay necesidad de que ingresen dólares y porque los precios suben y las elecciones legislativas están cerca, el kirchnerismo niega las dos cosas y, sobretodo, descarta que quiera ganar tiempo para llegar bien parado al comicio.
Aunque el viceministro Axel Kicilloff hace un himno de su frase “estamos holgados de dólares”, lo cierto es que desde que se instrumentó el cepo en noviembre de 2011 se perdieron US$ 9 mil millones de reservas; en el último semestre el drenaje alcanza los US$600 millones mensuales. ¿Qué es lo que pasa? La cosecha fue buena y los precios internacionales también, son el déficit energético, el aumento de las importaciones (aún con las limitaciones vigentes) y el gasto en turismo los que explican que la salida sea mayor que la entrada. Así los soja-dólares no alcanzan para compensar.
Cada vez que a un kirchnerista se le consulta por los problemas que empieza a tener el modelo y por las alternativas de solución, invariablemente reclama mirar cómo le va al resto de la región. A esta altura el consejo no favorece, porque en la última década –salvo Venezuela- los vecinos multiplicaron por dos o tres sus reservas. Si Argentina hubiera seguido esa tendencia hoy tendría un piso de US$ 100 mil millones guardados en el Central.
¿Los actuales US$ 39.800 millones –el nivel más bajo en seis años- es una señal de crisis? No necesariamente. En los países avanzados a nadie se le ocurre preguntar si el dinero que circula tiene respaldo pero, con la experiencia como mochila, en Argentina la cifra hace ruidos.
No hay proyecciones de que el camino vaya a revertirse ya que la necesidad de comprar energía continuará (en el primer cuatrimestre la balanza arrojó un rojo de US$ 1.579 millones por el récord de importaciones y alcanzaría los US$ 7 mil millones en el año), los verdes fugados por turistas sumarían otros US$ 8 mil millones anuales y casi duplicaría el monto para el pago de la deuda previsto en el presupuesto (este año no hay vencimientos fuertes). Frente a este panorama el blanqueo no ayudaría ya que los más optimistas esperan que ingresen unos US$ 3 mil millones.
Por el lado de la inflación, ni el medalla de oro del optimismo puede creer que controlando el precio de 500 productos se pueda resolver el problema. La Presidenta eligió seguir reforzando los lazos de la Rosada con los intendentes y los encargó coordinar el “Mirar para cuidar”. Deberán elegir a los militantes que inspeccionen las góndolas acompañados de inspectores. Todos rendirán cuentas a Guillermo Moreno y el Secretario será quien sancionará al incumplidor. Como movida política, indiscutible. Como salida económica, ineficiente e insuficiente.
Todo el kirchnerismo rechaza en masa y califica de “ortodoxa” la idea de que emitir dinero al 35% anual ayude a aumentar los precios. No escuchan a los economistas heterodoxos que apuntan ese factor como una causa más. Todavía tienen carácter para insistir en que la inflación no es un problema y en que la decisión de la Presidenta de involucrar a los militantes es una manera de que el “pueblo se sume al debate”. Parece ser que sufrir el inconveniente en el bolsillo no es suficiente. Tampoco parecen ver que, más allá de los alimentos, hay incrementos en servicios (muchos autorizados por los gobiernos), medicamentos e indumentaria.
A esta altura, las señales indican que tanto el blanqueo como el “Mirar para cuidar” son claros intentos de recuperar la iniciativa política. Nada que decir sobre la legitimidad política de querer volver al centro de la escena, el problema está en suponer que los parches son suficientes para reencausar la economía.