¿Fin para el romance entre De la Sota y Macri?

Por Pablo Esteban Dávila

p3KD9L6702José Manuel de la Sota parece decidido a clarificar el alcance del armado nacional que lo tiene de protagonista. Ayer, en declaraciones a la radio “La Red”, fue claro en dejar de lado a Mauricio Macri como parte de la gran entente del peronismo opositor, al afirmar que no se siente identificado ni ideológica ni políticamente con Cristina Fernández o el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Por si no quedasen dudas, cuando el periodista le preguntó a quién votaría si las elecciones fueran hoy y con aquellos como únicos candidatos, el Gobernador respondió con un lacónico “votaría en blanco”.
En rigor, la disyuntiva planteada en el reportaje no le dejaba grandes alternativas. Un candidato presidencial como lo es él no puede optar por nadie que no sea por sí mismo, independientemente de lo que digan las encuestas de opinión. Responder por Cristina o por Mauricio, en tal contexto, es cometer suicidio político, una opción de la que De la Sota se ha mantenido bien alejado a lo largo de su extensa carrera.
Visto de tal modo, podría pensarse que sus declaraciones fueron fatalmente condicionadas por un periodista en búsqueda del paso en falso y que, por lo tanto, no deberían ser tomadas literalmente ni por el macrismo ni por los demás integrantes del peronismo disidente. No obstante, esta visión optimista se queda sin mayores argumentos cuando se analizan los últimos pasos del gobernador en relación a su “amigo” Mauricio.
Al menos en los últimos dos meses, De la Sota ha hecho ingentes esfuerzos para mostrarse como un peronista cabal, una representación que, en su visión, lo aleja del embrollo izquierdista con el que se reviste el kirchnerismo. En el mismo reportaje dejó algunas pistas que entiende por peronismo genuino, si tal cosa existiera: “(…) es una gran fuerza de centro transformadora que apuntala el trabajo, la productividad y que después del regreso de (Juan) Perón sumó algo que nos faltaba: el respeto a las libertades públicas y la tolerancia del que piensa distinto”. Sus razones tácticas para definirse de este modo tan razonable no son ningún misterio: al igual que otros en el pasado reciente, considera que el peronismo verdadero está esperando un liderazgo vigoroso para volver por sus fueros y dejar en soledad a los impostores que ocupan la Casa Rosada. Bajo este criterio, una asociación política entusiasta, militante, con el Jefe de Gobierno porteño debilitaría la imagen que de él quiere que se tenga; al menos en sus fundamentos teóricos, la lejanía tiene fundamentos prácticos.
Hay otro dato que puede cotejarse fácilmente. En los borradores que circulan en los mentideros políticos, la lista de Diputados Nacionales de Unión por Córdoba no tiene ningún espacio reservado para el PRO, pese a muchos rumores en tal sentido. Aunque Héctor Baldassi y Javier Pretto no descartan – siempre por lo bajo – ser convocados a algún tipo de negociación con el justicialismo local, de momento no se ha producido ninguna llamada. El silencio en la línea es sugerente, toda vez que faltan escasos quince días para presentar alianzas electorales ante la Justicia Federal.
¿Sucedió algo en el medio que haya desgastado la relación entre el Gobernador y Macri? Aparentemente no o, mejor dicho, nada que pudiera haber hecho torcer el rumbo de decisiones previas de De la Sota. Es posible que la cortesía y el afecto que ambos se prodigaron públicamente hayan sido interpretados erróneamente como el minué previo de una apuesta electoral de largo plazo pero, tal vez, esto nunca haya estado en los planes del cordobés. También es probable que las inexplicables reacciones del macrismo al momento de tomar nota de la fotografía de Hugo Moyano, Roberto Lavagna, Francisco de Narváez y el propio De la Sota en el locro del 1° de mayo hayan impactado negativamente en las expectativas que se tenían de Macri pues, para un político que se tutea en portugués con Lula Da Silva o que recibe premios en Holanda por el manejo sustentable de uno de sus ministerios, que le manden a decir que “es lo viejo” bajo ninguna circunstancia puede caerle simpático.
Puede que también De la Sota haya decidido forzar a Macri (como, con matices, a Scioli y a Massa) a ingresar en el mundo de las definiciones, un espacio simbólico que, con los antecedentes a la vista, al porteño parece disgustarle. Aunque quizá no del todo: con la candidatura de Baldassi, Macri tuvo en Córdoba un gesto de audacia que no se verificó, hasta ahora, en la Capital Federal, en donde continúa la exasperante indefinición sobre quién será el candidato a Senador del PRO. El gobernador, que se encuentra en un armado complicado en todo el país – incluyendo a la Ciudad de Buenos Aires – se encontró de repente con que uno de los socios potenciales decidió cortarse solo en su propia provincia sin que aún se haya despejado la incógnita porteña, un gesto que puede haber entendido como un cierto desapego macrista por la sociedad que insinuaba formarse.
Un De la Sota cada vez más jugado y comprometido con un merchandising de peronista neoclásico contrasta cada vez con más nitidez con un Macri aún sumido en sus tribulaciones, una pesadumbre que lo acompaña desde hace ya mucho tiempo y que, al parecer, el gobernador no está dispuesto a consentirle con el arte oriental de la paciencia.