La victoria que faltaba

Por Juan José Antonelli
@juanjoantonelli

p16-1[dc]C[/dc]arlos “Charly” Berlocq cumplió 30 años el 3 de febrero pasado. Nació en Chascomús, Buenos Aires, y a los 9 años ya era el 1 provincial en categoría pre-infantiles. En 1997, Guillermo Vilas lo galardonó con el premio “El Talento del Año”. En mayo de 1999, con 16 años, viajó a jugar a Europa por primera vez. Su carrera escaló según los manuales. En 2001, empezó a competir en el circuito profesional.
Siempre en franco ascenso, Berlocq terminó 2001 en el puesto 661 del ranking ATP. Junto a David Nalbandian, José Acasusso y Guillermo Coria, integró la avanzada argentina que oxigenó al tenis del nuevo siglo, después de los 90´, tristes y decadentes. Sin embargo, sufrió el eclipse de formar parte de una camada de brillantes jugadores que emergió por encima de su propio talento.
Berlocq no se achicó y la peleó desde el ostracismo. Cuando todas las fotos mostraban al “Rey David” y al “Mago” Coria mezclados en la elite del circuito, Charly no paraba de jugar Challengers en Puebla, Bogotá, Santiago, La Paz y Cochabamba. El 2005 fue su gran año, ganó tres torneos (uno en Argentina y dos en Italia) lo que le permitió escalar hasta el puesto 79 del mundo.
Entre 2006 y 2011 se dedicó a laburar del tenis. Jugando y jugando en todas partes del mundo. Pero tuvo un drástico freno en su carrera, en julio de 2008. Mientras jugaba un Challenger en Finlandia, una lesión en su muñeca derecha lo alejó 6 meses del circuito. Volvió en enero de 2009 y dos meses después, en Iquique, otra vez la muñeca lo mandó a quirófano. 8 meses más afuera de la competencia. Retrocedió del puesto 180 del mundo al 717.
No se amilanó. La volvió a pelear desde abajo. Esta vez con más fuerza y empeño. Volvió a jugar en agosto de 2009, en Trani (Italia), un pequeño puerto sobre el mar Adriático. No paró de jugar hasta este domingo, cuando consiguió el triunfo más importante en su carrera.

El sabor de la primera vez
Se sabe que la Copa Davis es el sueño que aún no pudo cristalizar el tenis argentino. Y Francia se ocupó de demoler ese anhelo en 5 oportunidades: Venció a la Argentina y lo dejó afuera de la Copa en 1952, 1955, 1960, 1982 y 2010. Y la historia los volvió a cruzar este fin de semana, en Parque Roca, Buenos Aires, por los cuartos de final de la edición 2013. Otra vez, con los franceses como favoritos.
La Argentina, sin Del Potro, corría desde atrás en el duelo ante Francia, que llegó al país con todos sus mosqueteros: el 8 del mundo, el temible, Jo-Wilfried Tsonga; Richard Gasquet, talentoso 9 del planeta; Gilles Simón, 13; y dos especialistas en jugar dobles, Michael Llodrá y Julien Benneteau.
Martín Jaite, el capitán argentino, decidió apostar por los mismos nombres que derrotaron a Alemania, en febrero: Juan “Pico” Mónaco a cargo del single 1; “Charly” Berlocq en el 2; y David Nalbandián más Horacio Zeballos en dobles. Una jugada austera y previsible que se apoyaba en una superficie más lenta que de costumbre (producto del agua vertida para que el polvo de ladrillo se consolide y humedezca), en el fervor del público y en la estirpe copera local consolidada en los últimos años (3 finales y otras 3 semifinales en los últimos 8 años).
La serie arrancó el jueves, en el sorteo. El capitán galo, Arnaud Clément, decidió bajar de la competencia a Gasquet por problemas físicos. Lo reemplazó Simón, 13 del mundo, un jugador de altibajos, que llegó a 6 del mundo en 2009 pero que siempre insinuó más de lo que concretó. Y con una mochila pesada: cuando debió jugar partidos definitorios los perdió (3) con récord adverso en singles (8 derrotas y 4 victorias).

La victoria soñada
La serie comenzó con el previsible triunfo del poderoso Tsonga ante Berlocq aunque el oriundo de Chascomús lo llevó a jugar un quinto set. Al final, fue 4/6 6/2 6/3 5/7 y 6/2 para el francés, enojado con la cancha, con el público y con Berlocq que lo hizo jugar más de lo previsto.
En el segundo punto de la serie, Mónaco venció a Simón y sus dudas por 7/6 6/2 y 6/4. El 1 a 1 del primer día no estuvo nada mal para las expectativas del equipo argentino. Así, el dobles de sábado se transformaba en clave, como (casi) siempre. Y ahí si, la Argentina dio el golpe: Nalbandian y Zeballos dieron la nota al vencer a Llodrá- Benneteau y la historia se tiñó de celeste y blanco (3/6 7/6 7/5 y 6/3 el resultado final).
Para dimensionar el triunfo en dobles vale repasar el historial de la dupla francesa: Llodrá ganó en su carrera 25 títulos en dobles con diferentes parejas, entre ellos 3 Grand Slam: Australia en 2003 y 2004 (con Fabrice Santoro) y Wimbledon 2007 (con Clément). Benneateau ganó otros 6 torneos en la especialidad incluido un Master Series.
Ese fue el punto que abrió la serie. Con Tsonga intratable y en un escalón por encima del resto, sus dos puntos previsiblemente en singles se inclinaron para el lado francés. Por eso, la Argentina debió pelear por los otros tres juegos restantes (la Davis se juega al mejor de 5). Y los 4 jugadores del equipo se encargaron de sumar sin Tsonga enfrente: Mónaco ganó el viernes, Nalbandian y Zeballos el sábado y Berlocq el domingo para el 3 a 2 final.
República Checa (último campeón) los espera en septiembre, otra vez en semifinales. El año pasado, los checos vencieron a la Argentina en Buenos Aires, también en semis. Ahora, la serie se traslada a Praga, con Tomas Berdych (6 del mundo) como estandarte.
Después de mucho tiempo, el equipo nacional apuesta a la conformación del equipo con un líder (Nalbandián) que optó por el bajo perfil y se adaptó a jugar solo dobles, más otros tres laburantes del circuito que le ponen el hombro a cada serie desde la humildad y el sacrificio. No es poco para un juego acostumbrado a remarla desde lo individual.