Batman forever

Por Luis E. Altamira
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BatmanA mediados de la década del ´60, la cadena norteamericana ABC compró los derechos televisivos de Batman a la revista de historietas DC Comics, y acordó con la 20th Century Fox la producción de la serie homónima, cuyo primer episodio se emitió en 1966 y el último (de un total de ciento veinte) en 1968 (aquí se pasaron por canal 12, a partir de 1967, 1968).La misma trata de las aventuras del Hombre Murciélago y de su ladero, Robin, en la lucha contra el crimen freak (en realidad, los no enmascarados Bruno Díaz (el atildado y contenido millonario filántropo, que vive en una mansión distante unos catorce kilómetros de Ciudad Gótica) y Ricardo Tapia (el joven pupilo del primero).
Es importante aclarar que los nombres españoles que ambos protagonistas recibieron en el doblaje al castellano realizado en México, son los mismos que la Editorial Novaro les dio en los años ´50, al traducir los originales de la DC Comic (en los que figuran como Bruce Wayne y Dick Grayson). Los episodios comienzan invariablemente con alguna acción a la manera de una instalación criminal, con la que alguno de esos imaginativos sicópatas – archienemigos de Ciudad Gótica, anuncian su decisión de interrumpir la renovada calma de la metrópolis.
El rey Boris (vaya a saber de qué país) es recibido calurosamente en el aeropuerto de Gotham City. Una candorosa niña le entrega un ramo de rosas (y desaparece rauda de escena). De las flores, no tardan en dispararse unos fuegos artificiales, tras los cuáles cae del techo, pendiendo de un verde paracaídas infantil, un cartel que reza: “¿En qué se parece una persona a un trozo de madera?” (obviamente, estamos ante la presencia de El Acertijo).
En el cuartel central de policía, el Comisionado Fierro (Gordon en la versión original), le dice al Jefe O´Hara: “Solo un hombre puede dar con la clave de El Acertijo: Batman, nuestro buen amigo”. Y entonces nos da la filípica: “Hace tiempo que dejé de investigar quién era, ya que le debo demasiado para eso. Todos les debemos muchas cosas”. Acto seguido, se dirige al transparente e iluminado teléfono rojo que emplea para recurrir al Hombre Murciélago.
Entonces, interviene el narrador: “Mientras tanto, en la lujosa mansión Díaz, elegante y cómodo hogar de Bruno Díaz y su joven entenado, Ricardo Tapia…”, el canoso y longilíneo Alfred, fiel mayordomo (único sabedor de la verdadera identidad del Dúo Dinámico), atiende la llamada. Segundos después, ingresa al enorme salón dónde su patrón termina de ganarle al Joven Maravilla una partida de ajedrez y dice: “Disculpen la interrupción, señores. Es el batifono”. Sin trepidar, Bruno y Ricardo salen disparados hacia la biblioteca.“Tengo problemas con El Acertijo”, le comunica el Comisionado Fierro. Díaz corta. Tapia, indignado con la celeridad del Mal para rehacerse, exclama: “¿Otra vez?”. Bruno, sin perder el tiempo en reflexiones que los retrasen, ordena: “¡A los batitubos!”.
El fenomenal éxito de la serie (que no poco debió a la simpatía que los villanos supieron despertar en el público (léase El Guasón, El Pingüino La Gatúbela, además del aludido Acertijo (los episodios solían terminar con el narrador anunciando: “La próxima semana Batman se enfrenta nuevamente a El Guasón”))), llevó a muchos famosos a participar en la segunda temporada, en episodios en los que hicieron de ellos mismos o de algún personaje con el que se los pudiera identificar (es el caso de Bruce Lee, que interpretó a Kato (originariamente, el sirviente del Inspector Jacques Clouseau (Chief Inspector…))).
No tardaron en aparecer cartas con los motivos y los personajes de la serie, batimovilcitos de colección, libros para colorear y otros productos marketineros. En 1968, sobre el fin de la tercera temporada, ya en la declinación de la popularidad, la ABC pensó en recortar el presupuesto eliminando a Robin y al Jefe O´Hara. Adam Wolf, el actor que personificó a Batman, se opuso a la idea, tras lo cual la cadena televisiva puso fin a la serie.