NeoCámpora y operativo clamor: por una Cristina eterna

En los últimos días se empezaron a acumular las señales que indican que aquellos temores de una estrategia de dos pasos para que Cristina tome el poder van adquiriendo visos de realidad.

Por Javier Boher
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No importa qué tan difícil sea un rompecabezas, siempre se empieza con una pieza. Mientras exploramos entre las que tenemos sobre la mesa, vamos encontrando cuáles son las que encajan y cuáles no. Algunas veces calzan más o menos bien, hasta que encontramos cuál es la que verdaderamente va allí, y así vamos lentamente conociendo la imagen que empieza a formarse.

El rompecabezas político del país de la cuarentena eterna va empezando a armarse. Pese a que en las primeras semanas no estaban todas las fichas a la vista, de a poco fueron empezando a revelarse con su verdadera cara. Así todo fue queriendo un sentido que no tenía hace tan sólo un mes atrás.

1- La omnipresencia presidencial



En los primeros días al inicio de la versión local de la pandemia se empezó a ver que algunos funcionarios dejaban expuesto a Alberto Fernández. Poco a poco el presidente fue concentrando toda la comunicación en su figura: no debían quedar dudas de quién está al mando.

Esa movida (necesaria en tiempos de crisis) ha convertido al presidente en el líder en esta cruzada, quien se puede llevar todos los laureles del triunfo. La mayoría de nosotros creyó ver la oportunidad de Fernández de despegarse de la sombra de su vicepresidenta. Eso -claro está- si fuese su decisión arrebatarle el liderazgo.

2- El silencio vicepresidencial

Mucho se ha hablado de lo poco que ha hablado la expresidenta, líder natural del panperonismo. Ha evitado expresarse (al menos de modo no verbal) lo que se interpretó como un gesto de apoyo o de grandeza. Por supuesto que habló de otras formas, como por ejemplo yendo y viniendo de Cuba sin respetar la cuarentena.

Ella sabe -y muy bien- que si el triunfo puede ser capitalizado por el presidente omnipresente, la responsabilidad por el fracaso también se dirigirá al mismo destinatario.

3- Los errores inentendibles

El episodio del viernes, con toda la población de riesgo amontonada en las puertas de los bancos, fue el primer error facturado por la totalidad del arco político. Lo que muchos interpretamos como un acto de extrema irresponsabilidad o ignorancia es una pieza que, cuando sola, no indicaba más que eso.

La compra el ministerio de desarrollo social conocida el lunes (o la compra de ayer del PAMI, ambas con sobreprecio) volvió a mostrar lo mismo, funcionarios obrando de modo torpe, burdo o poco profesional, con el agravante de haber ocurrido apenas un par de horas después de que el presidente la hubiese emprendido contra los almaceneros.

Todo tuvo sentido un rato más tarde, cuando Fernández defendió al ministro Arroyo y la emprendió contra los empresarios que obran cartelizando la oferta. Allí las piezas empezaron a encajar un poco mejor, dando algo más de forma a lo que se estaba viendo.

Los indicios de una embestida contra las empresas (con argumentos tomados del mismo accionar del gobierno), la explosiva emisión monetaria, la potencial emisión de cuasimonedas (con provincias emitiendo bonos para pago a proveedores), el virtual default, el incremento de la asistencia pública, la desmovilización de la fuerza laboral, los políticos presos que siguen saliendo en libertad, los motines y revueltas en las cárceles, los funcionarios que siguen dando titulares a los diarios… todo parece indicar que la crisis del coronavirus les vino como anillo al dedo.

Con un Alberto puesto en el centro de la escena, quizás la idea sea que toda la responsabilidad por la destrucción de la economía y el desastre en la gestión de la crisis sea asumida por el NeoCámpora, el que asumió sabiendo que sus días estaban contados por voluntad propia, poniendo a disposición del partido su nombre y su cargo.

Adiós a los sueños del neomenemismo y la apertura económica: todo parece señalar en el sentido de la radicalización kirchnerista, un estado policial y “solidario” en el que el poder burocrático se entrometa en la vida y decisiones de una sociedad que ve con buenos ojos al Estado que te cuida. Los pocos que no acuerdan con ello están en soledad ante una máquina muy perversa, porque si la jugada no prospera otro puede capitalizar ese empujón autoritario.

Difícilmente Alberto pase a la historia de modo deshonroso: el aparato de propaganda peronista se encargará de preservarlo, como hizo con el indigno dentista de San Andrés de Giles que renunció por Perón. Esas muestras de lealtad se pagan tan bien en el justicialismo que la rama joven del kirchnerismo adoptó como nombre el apellido de un personaje cuya única virtud fue la sumisión al colectivo, acaso lo que pretenden de la mayoría de la gente: que pida por una Cristina eterna que tome el poder y ponga orden.