Sobre barcos, gestas y pesadillas

Ir tras las huellas de la épica cinematográfica puede deparar una aventura y esta, a su vez, trocarse en algún tipo de pesadilla. Es lo que están viviendo seis cordobeses y cordobesas, miembros de un equipo de filmación que realizaba el largometraje Crónica bárbara, en Iquitos, Perú, donde transcurren la cuarentena y aspiran a ser repatriados.

Por Gabriel Abalos
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En lancha por el Amazonas, durante el rodaje.

Ir tras las huellas de la épica cinematográfica puede deparar una aventura y esta, a su vez, trocarse en algún tipo de pesadilla. Es lo que están viviendo seis cordobeses y cordobesas, miembros de un equipo de filmación que realizaba el largometraje Crónica bárbara, en Iquitos, Perú, donde transcurren la cuarentena y aspiran a ser repatriados.

Seis cineastas de Córdoba integrantes de un equipo de rodaje se encuentran varados en Perú por causa de la pandemia y en condiciones muy adversas. Son parte de un equipo de producción audiovisual que se encontraba rodando el filme Crónica bárbara, dirigida por Hugo Emmanuel Figueroa, una historia de amor y de aventura con ribetes fantásticos. El argumento del largometraje hace un apuesta a la épica, ya que sus personajes se ven imantados por la búsqueda del barco de FItzcarraldo. Como se sabe, es el personaje de un clásico del cine de Werner Herzog, con Klaus Kinksi en el rol del aventurero adinerado que se propone construir una ópera en medio de la selva amazónica. También es, más acá del mito herzogiano, el apellido de Carlos Fermín Fitzcarrald López, comerciante cauchero y explorador del siglo XIX que se hizo construir una mansión desmesurada junto al Ucayalli selvático. Por su parte, el equipo de filmación cordobés que decidió ir a filmar en los mismos escenarios donde Herzog rodó FItzcarraldo, afrontó el proyecto con la modesta dosis de aventura necesaria para trasladarse a otro país e internarse en la zona dominada por Iquitos, la metrópoli más grande de la Amazonía peruana. Su objetivo: dar vida a una historia que protagonizan una joven cineasta y un maduro escritor, ambos cordobeses, que son conducidos por separado a la selva. Él va en busca del barco de Fitzcarraldo. El verdadero Fitzcarrald, descubridor del itsmo en la selva que lleva hasta hoy su nombre, poseía una lancha a vapor llamada “Contamana”, que planeó desarmar para atravesar el itsmo y armarla de nuevo tras el cruce.

Escena de filmación en Iquitos.

Lo cierto es que el equipo de este largometraje de la productora cordobesa Tándem Cooperativa de Trabajo Audiovisual, había comenzado la preproducción a principios de marzo, en las locaciones de Iquitos donde se desarrolla el segundo de los cuatro grandes bloques que conforman la totalidad del guion, en parte ya rodado en la provincia de Córdoba. Son de la partida la actriz cordobesa Constanza Gatica, junto al reducido equipo de rodaje conformado por Hugo Emmanuel Figueroa, Fernando Cattaneo, Santiago Ponti, Pablo Picco y la productora María Gabriela Vera.



“El cronograma de trabajo y plan de rodaje inicialmente lo planificamos en diferentes locaciones de Perú, durante unos 45 días. En primera instancia comenzamos a filmar en Iquitos y alrededores, luego emprenderíamos un viaje en barco hacia Pucallpa durante 7 días, es una de las locaciones principales. Y de ahí hacia la zona de Satipo y en la selva central que es más en el centro de Perú, en una comunidad nativa Ashaninka en San Miguel Centro de Marankiari.” Esto relata la productora María Gabriela Vera, de la cooperativa audiovisual Tándem. Sin embargo, por el coronavirus debieron suspender las grabaciones e iniciar el aislamiento obligatorio el 16 de marzo.

“Esa semana, cuando se declaró la emergencia, terminamos de grabar en locaciones que habíamos planificado rodar en interiores, ya que de esa manera solo teníamos contacto con los actores, y no nos poníamos en riesgo ni nosotros ni a los demás, pero desde el 16 de marzo ya no pudimos salir a la calle con los equipos, ni siquiera para trasladarnos hacia otro lugar.” Aun así, en el aislamiento, no decayó el entusiasmo que traían: “Entendiendo que la ficción es un dispositivo desde el que proliferan infinita cantidad de historias, decidimos aprovechar el hotel, con el consentimiento de sus dueños, para filmar un episodio inexistente en el guion, que se fue construyendo momento a momento durante los febriles días de la cuarentena”. Pero también esa alternativa se agotó y el rodaje se detuvo.

María Gabriela Vera informó ayer: “Estamos todos bien, obviamente sin salir del hotel. Sus dueños están cuidando de nosotros. y estamos en contacto permanente con Cancillería y Embajada Argentina. Pero no tenemos ninguna respuesta en concreto, están trabajando, pero nuestra salida de la isla depende de habilitaciones por parte del gobierno de Perú”.

Los y las cineastas de Córdoba aspiran a ser repatriados, pues se hayan expuestos “no solo a la pandemia del COVID-19, sino también a enfermedades como la malaria y el dengue, y si algo nos sucede no tenemos acceso a cobertura médica de ningún tipo, en este país no somos prioridad tal como nos han dejado en claro las fuerzas armadas peruanas por el solo hecho de ser extranjeros”.

Entretanto, los gastos se triplicaron en la nueva situación, viéndose obligados a usar dinero del presupuesto reservado para el proyecto. Debido a esta compleja circunstancia, en un comunicado reciente concluyen con el siguiente pedido de ayuda: “No tenemos respuestas claras desde nuestra embajada, tampoco estamos pudiendo acceder al apoyo económico desde la cancillería argentina. Nos hemos contactado con muchísimos funcionarios en Perú y Argentina y está siendo imposible la gestión para salir de la isla. La cuarentena en esta zona se va a extender y un vuelo privado gestionado por embajadas de otros países nos cuesta alrededor de 10.000 dólares. Si querés y tenés la posibilidad de ayudarnos a salir de aquí y volver a Argentina, podés colaborar con un aporte al CBU N° 0340341708341011083009.”