El error de tomar medidas para un país que no está

Cuarenta por ciento de pobreza; mitad de la fuerza laboral en negro; millones de personas viviendo en áreas rurales sin comunicación; cientos de cajeros de bancos sin la posibilidad de depositar cheques; una infraestructura de conectividad que flaquea ante el mayor uso. Ese es el país que hay que gestionar. No se hace con pedidos de bajar de la web, trabajar a distancia y pagar sin tocar el dinero.

Por Gabriela Origlia

La pandemia del Covid-19, como toda peste, es disruptiva. Tomó al mundo por sorpresa. Claro que aunque ningún país estaba preparado para esta crisis algunos arrancan de una mejor posición que otra y la referencia no es sólo al sistema de salud –un ítem crucial, obviamente, para la emergencia- sino al contexto general que se requiere para tomar medidas como las que se vienen decidiendo en la Argentina.

Evite tocar el dinero, use tarjeta de débito, compre en su comercio de cercanía, haga home office (teletrabajo), curse a distancia. Son sólo algunas de las frases que se repiten hasta el cansancio desde despachos e incluso desde los medios de comunicación. A eso se le suma la tendencia de tratar al que sale de su casa como si tuviera vocación suicida y, a la vez, aniquiladora. Un desaprensivo que no escucha las advertencias.

Cuarenta por ciento de pobreza; mitad de la fuerza laboral en negro; millones de personas viviendo en áreas rurales donde el desarrollo es una palabra que figura en el diccionario y no en la vida diaria; cientos de cajeros de bancos sin la posibilidad de depositar cheques; una infraestructura de conectividad que está a la altura de todo el resto de los servicios de la Argentina (si hay sobrecarga, flaquea) y disponibilidad de computadoras personales que no es en todas las familias de una por miembro.

Siete millones de personas sin acceso al agua potable; 300.000 hogares que no tienen baño y el 41% de la población urbana no tiene cloacas. Pueblos y villas de emergencias urbanas donde el médico va una vez cada tanto.

Ese país es pre Covid-19. No nació con la pandemia; lleva décadas existiendo ante la mirada y la inacción de quienes están en el poder, en todos sus niveles. Preparar el sistema de salud para la emergencia, achatar la curva para que la demanda no llegue toda junta. Es lo mismo que escuchamos con menos dramatismo pero igual necesidad cada invierno cuando hay un alza en los casos de enfermedades respiratorias. El país tiene gente desnutrida y con males asociados a esa carencia pero no hay un censo diario de quienes mueren por esas causas.

El viernes, cuando los bancos amanecieron con filas eternas de jubilados y beneficiarios de planes sociales intentando cobrar,  el vicepresidente del Banco Nación, Matías Tombolini, aseguró que “esta crisis no vino con un CD de instrucciones”. Claramente no. Pero el sentido común y la lógica deben estar presentes en las decisiones que se toman. Estaba cantado que la gente se agolparía a cobrar primero porque tiene emergencias y segundo, porque nadie sabe en esta película, qué y cómo sigue. Y otra vez, que se fijen en la web…. Y otra vez: no todos tienen, no todos saben. Basta con pensar que ni al propio Gobierno le funcionó la página para la autorización única de circulación.

No se trata de manual de instrucciones para el Covid-19. Se trata de un manual de instrucciones para manejarse en el país real, en el que no termina a 50 cuadras del Obelisco y ni siquiera en el siempre inquietante y preocupante conurbano bonaerense. Córdoba tiene un conurbano igualmente preocupante y Rosario. Y cada rincón de la geografía debe preocupar con Covid-19 y sin virus. Ese es el CD de instrucciones de las democracias modernas. Que se lea y no se cumpla es otra historia.

Que la Argentina no tiene la conducta cívica de los suecos se sabe desde que los españoles e italianos vinieron a hacer patria a estas tierras. El desafío es gestionar la crisis con la base que hay; no habrá una reconversión cultural en medio de la pandemia. Es más fácil culpar a los que viajaron y llegaron al país en vez de admitir que los controles a los ingresos llegaron tarde y desordenados; es como culpar a la persona picada por el mosquito de contagiar a otros de dengue.

Todos tenemos responsabilidades pero el Estado tiene más. Ahora y cuando el Covid-19 sea una historia para recordar. Entonces segura y lamentablemente, habrá más pobres, más informales, más desempleados. Habrá que tomar medidas para ese país no para el querríamos que esté.