Tévez, populista otra vez

El delantero de Boca, el “jugador del pueblo”, se puso al servicio del presidente Alberto Fernández en tiempo de coronavirus, con declaraciones para la tribuna y conciencia de clase. Se distancia de Macri, a pesar de la sintonía. Un gesto que lo pone otra vez del lado de la gente.

Por Federico Jelic

El llamado “jugador del pueblo” volvió con esos pergaminos que se supo ganar legítimamente por sus orígenes, a pesar de que en medio tuvo algunas actitudes un poco distantes de aquel mote que lo hizo popular entre los sectores más desfavorecidos por el sistema. Así fue siempre Carlos Tévez en sus inicios, el que nunca se olvidaba de sus orígenes humildes en Fuerte Apache y que a la vez invitaba a sentirse representado como embajador de los pobres. Hábil declarante, sin muchos pelos en la lengua, esta vez aprovechó el contexto de coronavirus y pandemia para sacar a relucir su amor no impostado hacia quienes más lo necesitan.

El delantero de Boca Juniors, autor del gol que le dio el título en la Superliga pasada, incluso se metió en política, apoyando al actual presidente de los argentinos, Alberto Fernández, por las medidas llevadas a cabo durante el aislamiento sanitario. Ojo, que Tévez siempre tuvo llegada al poder, con línea directa y en sintonía con el ex mandatario Mauricio Macri y no solo cuando este estuvo en la conducción desde la Casa Rosada sino que también al frente de la entidad de la Ribera. Y ahora, con Fernández (Alberto).

¿Cambió de paladar y de ideología en estos tiempos? Según sus cercanos, nada que ver. No se trata de un flanco político partidario sino de apoyar en una circunstancia atípica, sin más banderas que las de la gente. Y de paso, tiró algunas frases que cayeron bien desde los lugares que piden esfuerzo de todos, aunque muchos de sus colegas lo miraron con desconfianza. Básicamente, dijo que “un futbolista con lo que gana puede estar seis meses sin jugar”, y por eso se pone a disposición del Estado para colaborar. Claro, su sueldo es el más oneroso del torneo y no todos los jugadores pueden darse ese lujo. Pero en este caso, eligió la demagogia y los vientos populistas que soplan de nuevo en Argentina para acomodarse otra vez en su papel de Robin Hood de la villa, como el jugador del pueblo que, supuestamente, nunca perdió.



Tévez, soldado del pueblo

Después de amasar una gran fortuna en Corinthians, Manchester United, Manchester City y Juventus, al menos Tévez sí tuvo algunos gestos humanitarios. Resignó dinero para retornar a Boca, aunque después cedió al no soportar la tentación de la exagerada suma de dinero que recibió, contrato mediante, del fútbol chino.

En ese lapso volvió a coquetear con Macri y, de hecho, juntos poseen un emprendimiento comercial con los parques eólicos, con inversiones de un bolsillo de primer mundo. Eso le valió críticas dentro de un contexto de recesión y una economía en crisis que él miró a la distancia, sin verse salpicado por nada.

Quizás sugestionado por el ambiente general, el delantero aprovechó la ocasión para mostrar su humanidad: “Cualquier futbolista puede vivir seis meses o un año, sea el sueldo mínimo. No estamos en comparación con la gente que vive el día a día, que tiene salir y traer para comer al otro día. Tenemos que estar, ayudar, salir, estar en los comedores… Es fácil hablar desde mi casa. La gente que está desesperada, que sabe que si sale de la casa la llevan presa, es lo más preocupante”, empezó declarando, exponiendo los valores naturales innatos que cosechó desde la pobreza.

“Me pongo a disposición de todos. Si hay que abrir el club, estar en una mesa para entregar mercadería… Hay que estar. Ayudar. Lo debemos hacer todos”, afirmó el “Apache” y aseguró que “los clubes también tienen que meterse con los jugadores”, esbozó como si fuera soldado o miembros de los Cascos Azules, comprometido con la causa mundial. Una confesión con reivindicación y conciencia de clase, que tan bien le sientan.

“En vez de ir entrenar por la mañana, que te están pagando un sueldo, tenemos que ir un comedor… Iría encantando. Sé que mi familia está bien. Estar con esa gente nos haría más fuertes. Ahí empieza el gran ejemplo. Uno puede hacer videos para que la gente se quede en casa, pero el gran ejemplo sería que todos salgamos y ayudemos a la gente que la está pasando mal. El mundo está dado vuelta”, explicó con dejos populistas o para la tribuna. Pero algunos colegas de categorías menores le cayeron a Tévez directo a la yugular, dando a entender que en el ascenso y en otros clubes, la realidad económica en los bolsillos de esos jugadores es opuesta a la del “jugador del pueblo”.

Prosiguió más adelante con elogios a las políticas llevadas adelante por Alberto Fernández y el Ejecutivo nacional. “Es un virus de mierda (sic). Estoy dispuesto a lo que sea para estar con la gente, ayudar y estar, que es lo más importante en este momento. Hacerse presente. Este virus demostró que todos somos iguales. Me pongo a disposición, se lo digo al presidente Fernández, si él quiere, estaré disponible”.

Regreso al pueblo

De “perder prestigio con la Selección” y “la selección está bien sin mí y yo bien sin la Selección” a “querer morir vistiendo la camiseta” albiceleste hubo algunos capítulos. Se distanció con Julio Grondona y el DT Alejandro Sabella por algunos desplantes y después rogó para ir a Brasil 2014 por todos los medios. En la previa al mundial de Rusia tuvo la misma actitud. Sin embargo, siempre contó Tévez con el amor del pueblo, de la gente que lo imitaba por ser un ejemplo, saliendo desde el barro y la villa para llegar a lo alto de Europa y el fútbol mundial. Nadie niega sus generosas intenciones, pero en este contexto es real que muchas de sus declaraciones puedan tomarse como aliciente político para su figura, sin necesidad de limpiar su imagen, porque rara vez recibió reprobaciones a pesar de tener un contrato equiparable con un equipo europeo. Le tiró un centro a Alberto Fernández y su gestión, y se puso al pie del cañón para ayudar cuando sea necesario, a la par de bomberos voluntarios. Valiosa postura, validando algunos antecedentes, aunque es legítima también la desconfianza en lo genuino de sus actos. Así lo supo construir siempre “el jugador del pueblo”, que esta vez quiere hacer gala de su mote en tiempo de coronavirus. Algún otro rédito no comercial le valdrá.