No se justifica

Más allá de los loables objetivos que se puedan haber propuesto, tanto los videos de famosos cantando difundidos en el extranjero como los promovidos a nivel nacional y local han sufrido el escarnio de una burla generalizada, en vez de cosechar las adhesiones que buscaban.

Por J.C. Maraddón

Una vez que el autor compone una canción, de a poco empieza a perder su poder sobre ella, porque al ser interpretada comienza un proceso de sucesivos cambios sobre el original, que no dejan de ser naturales al tratarse de réplicas. Sin que el responsable de haberla creado resigne el derecho de su autoría, esa pieza va sufriendo mutaciones constantes, sobre todo si se transforma en un éxito y es el mismo público el que se identifica tanto con ella que la adopta como propia y le otorga un sentido a su mensaje, acorde a las vivencias personales de cada uno.

No importa, llegada esa instancia, lo que quería decir el compositor, sino cómo interpreta el oyente lo que está escuchando. Tampoco resulta significativa la emoción que se buscó despertar, porque cada individuo va a decodificar eso según su estado de ánimo. Más allá de que sean productos industrializados cuya distribución se realiza a través de circuitos comerciales, no pierden su esencia artística y, por eso mismo, conservan la propiedad de prestarse a una valoración subjetiva, sobre la que es muy difícil intervenir de manera externa. Cada cual lo entenderá a su manera y en esa variedad se centra su riqueza.

Tal vez el síntoma más notorio de que un hit ha sido internalizado por la gente se patentice en su utilización en concentraciones masivas, como pueden ser los actos sociales y políticos. O cuando la tribuna de fútbol le modifica algunas palabras para alentar al club de sus amores, mediante el trabajo de uno o varios autores anónimos que reescriben ese texto y, casi sin querer, lo inmortalizan en la memoria colectiva. Un procedimiento mágico al que solo se somete un puñado de obras de la más insólita procedencia, y cuyos resultados suelen ser por lo menos desopilantes.



Sin embargo, hay adaptaciones que pueden ser traumáticas, si no se aborda la tarea con suficiente esmero y respeto. Por ejemplo, traspasar un tema de un género a otro es una operación muy delicada, que corre el riesgo de derrapar si no es asumida por manos expertas. Iguales (o mayores) precauciones deben tomarse cuando se traduce la letra a otro idioma, porque al buen tino de mantener la significación de los versos originales, hay que sumarle la correcta acentuación de acuerdo a cómo tiene que ser entonada, para que el intérprete no se vea obligado a forzar la vocalización.

Iniciativas que se pretenden solidarias, han inundado las redes con las imágenes de famosos en sus casas, cantando canciones que sabemos todos pero con sus estrofas alteradas, para que quede claro que están haciendo alusión a la pandemia del coronavirus. Más allá de los loables objetivos que se puedan haber propuesto, tanto los videos difundidos en el extranjero como los promovidos a nivel nacional y local han sufrido el escarnio de una burla generalizada, en vez de cosechar las adhesiones que buscaban. Es obvio que algo falló en el proceso de elaboración de esos contenidos para que, en vez de emocionar, desataran repudio.

Y es que, por lo que se ha visto y oído, no se trata solamente de armar una lista de celebridades, borronear una métrica parecida a la original y poner por debajo una pista de karaoke. Las saludables intenciones requieren, además, de cuidados básicos para ser llevadas a cabo, algo que en la urgencia por subir todo a la web de inmediato pareciera haber quedado desatendido. Sabemos que las actuales circunstancias impiden contar con los recursos de grabación que se emplean en épocas más normales, pero eso no significa que todo sea bienvenido o que el objetivo supremo justifique cualquier cosa.