La crisis se gestiona con técnicos y se domina con líderes

La situación deja a la vista que, mientras los técnicos analizan variables para minimizar los impactos negativos de la crisis, la clave también está en los líderes que deben conducirlos.

Por Javier Bohe
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Argentina agoniza tan lentamente que es casi imposible darse cuenta de que se está muriendo. Para mejor, muchos incluso celebran aquellos males que la aquejan y que progresivamente le van quitando la vida, como los adictos que dicen sentir placer en aquello que los está matando.

La bomba que está armando el gobierno no parece haber sido advertida aún por sus integrantes, presos de una ilusión de un apoyo masivo y popular a su gestión de la crisis. Es el típico punto débil de los vanidosos -la confianza en las loas y adulaciones- lo que lo conduce al abismo.

La impericia de sus cuadros políticos (sin formación profesional vinculada a los puestos que ocupan) se hace cada vez más evidente, respondiendo a la presión popular pero sin mostrar ningún tipo de iniciativa más allá de reforzar el poder de policía de un Estado al que hasta hace menos de seis meses consideraban un nido de represores. El poder (o el temor a la falta del mismo) cambian las perspectivas de los actores.



En un momento de delirio colectivo, el autoconvencimiento de que Alberto Fernández es una corporación de Winston Churchill los va obnubilando, impidiéndoles pensar críticamente la gravedad de las decisiones que se toman, celebrando como victorias los manotazos que van tomando mientras la epidemia de extiende. Si se asemeja a algún Churchill, probablemente sea al que condujo a los ingleses al desastre de Galípoli.

En ese universo de malas decisiones de gestión, de desconexión de las demandas reales de los sectores productivos y de negación para aceptar -y subsanar- sus errores, el presidente decide elogiar efusivamente al dirigente político con peor imagen del país, Hugo Moyano.

Lo delicado de la situación -que evidencia el enorme poder del líder gremial- puede resumirse de mejor manera en la forma en la que la definió Jorge Fernández Díaz en su programa: mientras el presidente le dice miserable a Paolo Rocca, no se anima a llamar del mismo modo al dirigente sindical, todo un indicador del lugar en el que reside el poder real en la Argentina

Esa mafia sindical, una de las patas de la Comunidad Organizada que pensó Juan Domingo Perón, es la garantía de gobierno para una coalición panjusticialista que se tambalea por su inoperancia. Las desconfianzas y tironeos internos se van comiendo el cemento que los unió en un frente electoral, y es sólo ese poder paraestatal de los sólidos gremios peronistas lo que le permite mantenerse unido.

Ante una crisis que sigue avanzando -aunque no sea fácil verla- no es aventurado arriesgar que el presidente está muy condicionado para lo que viene. Las ilusiones sobre un posible giro hacia el mercado se van desvaneciendo ante decisiones como la de elogiar a Moyano, así como también lo hace la buena impresión que generó hace poco más de quince días, cuando anunció la primera temporada de la cuarentena (la del romance).

En el horizonte a futuro no son pocos los que piensan en lo que nos espera a los argentinos, siendo la deficiente gestión económica de la crisis y la radicalización de los irracionales cuadros kirchneristas lo que más alerta a empresarios y opositores.

Quien ha demostrado un gran timing para gestionar la crisis es el líder del peronismo cordobés, Juan Schiaretti, quien en el fondo es resistido por los más tradicionales amantes del carisma delasotista, detractores de la frialdad de los técnicos que gestionan ciertas áreas clave del gobierno provincial.

La celeridad para recortar salarios o coordinar acciones en las áreas más afectadas por la cuarentena lo vuelven a posicionar como un actor de gran proyección nacional para gestionar lo que venga después de la cuarentena, cuando haya que administrar malaria. Schiaretti es de los pocos dirigentes peronistas que ha dado muestras de poder gestionar con escasez de recursos y descontento social a lo largo de sus distintos períodos de gobierno.

Si bien se pueden mencionar algunos excesos de las fuerzas de seguridad a la hora de imponer la cuarentena (con los que deberá lidiar el poder judicial, liberando o condenando a los acusados según lo que dictan la ley y las evidencias) los cuadros técnicos  parecen estar dando muestras de mayor capacidad que la que exhiben sus contrapartes a nivel nacional.

Aunque todavía no hay anuncios sobre gestos destacables para los sectores productivos de la provincia (los más preocupados en un distrito económicamente muy activo), la eficiencia y capacidad que ha exhibido el gobierno para enfrentar políticamente esta crisis seguramente los llevará a hacer anuncios que efectivamente lleven alivio a los productores en el mismo momento en el que pueda generar el mayor rédito para su gestión. Como siempre repite  mi madre: no sólo se trata de ser bueno, sino también de parecerlo.

La forma en la que se están conduciendo los distintos niveles de gobierno demuestran las diferencias en la capacidad técnica de cada uno, pero lo que realmente marca la diferencia y hace que unos se destaquen frente a otros que se estancan, es la calidad de los liderazgos que mandan adentro de cada espacio.