Córdoba, 1916: percepciones y fotografías Segunda Parte

El viaje y la visita del viajero estadounidense Henry Stephens a Córdoba quedaron registrados en un capítulo de libro, cuya lectura permite a lectores y lectoras empaparse de aquella ciudad en la segunda década del siglo XX, y apreciar algunas fotos que retratan a esta capital.

Por Víctor Ramés
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Plaza San Martín en 1916, vista desde la esquina sureste.

En el libro Journeys and Experiences in Argentina, Paraguay, and Chile Henry Stephens recoge información sobre diversos aspectos de la urbe, de la vida social y de la industria. Al caracterizar este último rubro, el visitante se interesa por los establecimientos cerveceros que constituían “la industria principal de Córdoba, debido en gran medida a la notable pureza del agua, que procede de pozos artesianos”. Esta producción local era iniciativa de capitalistas extranjeros:

“El señor Nicolás J. Oderigo, gerente del banco de la Nación Argentina me dio una carta de introducción para Mr. C. Davis, presidente de la compañía cervecera Río Segundo, a quien visité junto al señor Stange, un empleado del banco de Oderigo, quien amablemente lo envió a que me acompañara. La planta principal del gran establecimiento cervecero está en la ciudad de Río Segundo. Es una cervecería independiente que no tiene sociedad con la de Quilmes, como generalmente se supone. Mr. Davis me recibió cortésmente y luego de mostrarme el establecimiento nos invitó a Stange y a mí a su casa, donde nos recibió para cenar.”

El viajero amplia lo que pudo recoger sobre la producción cervecera en Córdoba:



“El maestro cervecero de Río Segundo me dijo que su elaboración no era una industria redituable en la Argentina ya que la compañía Quilmes pertenecía a un trust cuyos miembros eran partidarios del elenco político en el poder; tenían el capital y los medios para poner a las cerveceras más chicas contra la pared, mediante una estricta legislación e impuestos usurarios. La cervecería Río Segundo es más pequeña que las grandes cervecerías de Detroit, sin embargo, paga impuestos más elevados que los que pagan cerveceras como Anheuser-Busch, o Pabst, o Schlitz.”

A juicio de Stephens, la mejor cerveza de la ciudad es la de la Cervecería Córdoba. “Amber es el nombre de la cerveza rubia y Muenchen el de la negra.”

Luego el viajero pasa a referirse a la topografía de la ciudad, algunos de cuyos sitios destacan y contribuyen a reflejar las fotografías del libro. Comienza por describir los barrios hacia los que se extendió Córdoba.

“El crecimiento de Córdoba ha sido tal que ya no queda lugar para nuevas edificaciones en el área central, de modo que los nuevos residentes que quieren construirse una casa por su cuenta deben hacerlo en las planicies altas de los alrededores. Diversos suburbios se han extendido y llevan los nombres de Alta Córdoba, Alberdi y Nueva Córdoba. Alta Córdoba se puede comparar con la estación de Alto de La Paz, en Bolivia, aunque aquella es una ciudad más grande. Aquí se encuentran los talleres de la estación de trenes y el Mercado del Norte. Una avenida ancha y elegante baja con grandes curvas de Alta Córdoba, desde una barranca junto a la sierra, pasa bajo un puente ferroviario de piedra y llega hasta el río con el bellamente sombreado parque Las Heras. Luego cruza el río Primero sobre un nuevo puente de piedra llamado Centenario, que empalma con la Avenida General Paz. Aquí es donde empieza propiamente la ciudad, en el suelo del valle, que tiene veintiún cuadras de ancho por treinta y una de largo, sin incluir San Vicente hacia el este y Villa Páez hacia el oeste de la ciudad original.”

A continuación, el autor norteamericano describe zonas más próximas de la vieja capital:

“La Plaza San Martín es el centro de Córdoba y constituye el núcleo de la vida de la ciudad. Desde ella corren hacia el este y el oeste y hacia el norte y el sur calles rectas que son las que concentran mayor movimiento. Sobre la plaza están la Catedral, dos de los bancos más importantes y los mejores hoteles. La distribución de los negocios en esta zona se parece a la de Tucumán. La calle más importante es la aristocrática, magnífica y bella Avenida General Paz, que comienza en la plaza del mismo nombre luego del puente Centenario y continúa hacia el sur diez cuadras hasta la plaza Vélez Sarsfield. Esta calle es la más bonita de Argentina. De la plaza Vélez Sarsfield continúa hacia los altos, más allá de la ciudad misma, con el nombre de avenida Vélez Sarsfield.”

Stephens prosigue su descripción y encara a través de “la Nueva Córdoba”, por la actual Avenida Hipólito Yrigoyen. Allí tomará nota del Palacio Ferreyra, ciñéndose al juicio que le transmite el conductor del coche sobre su propietario, Martín Ferreyra.

“Desde la plaza Vélez Sarsfield, la nueva Avenida Argentina, destinada a volverse la calle residencial más exclusiva de la ciudad, si se considera el precio alto de los terrenos, asciende hasta las plazas Centenario y Dean Funes, en el ingreso del parque Sarmiento, sitio de recreación.

“A la mitad de la Avenida Argentina, sobre la mano izquierda se levanta una magnífica e imponente mansión, la del señor Martín Ferreyra. Es un punto de referencia de la ciudad y ningún otro edificio es tan grande. Le ha costado hasta ahora a su dueño tres millones de pesos y todavía no está terminada.

–¿Cómo hizo su dinero el señor Ferreyra? –le pregunté al chofer.

–Su padre dejó una gran fortuna para varias generaciones. Martín Ferreyra fue nombrado administrador de las propiedades de su padre y engañó a los otros herederos sobre lo que les correspondía –me respondió.”