“Teddy” refiere su paso por Córdoba (Segunda Parte)

Theodore Roosevelt hace apreciaciones, en una nota periodística para la revista neoyorquina The Outlook, sobre su visita a La Docta en 1913. El expresidente se refiere a algunas instituciones educativas y hasta se permite un alegato sobre la propiedad privada de la tierra, factor del desarrollo argentino.

Por Víctor Ramés
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En el artículo no muy extenso donde narra su visita a la ciudad de Córdoba, titulado “Una vieja ciudad universitaria”, el expresidente norteamericano se detiene en aspectos de la educación que pudo palpar durante su breve estadía. Si bien considera que Universidad de Córdoba, más antigua que la de Harvard, atravesó durante el período colonial un período retrógrado debido a su contexto religioso, pondera su situación actual (1913). También tiene palabras elogiosas para la Escuela Normal de Niñas (funcionaba en la actual Escuela Alberdi, de Humberto Primo y General Paz) y para la Escuela Nacional de Agricultura, ubicada en el predio que hoy ocupa la Ciudad Universitaria.

“Actualmente hay en Latinoamérica buenas universidades, muchas buenas escuelas de aprendizaje avanzadas en su tipo y alineadas con el conocimiento y las necesidades del mundo moderno.

“Mientras me hallaba en Córdoba visité dos de las instituciones modernas, una es una escuela normal para niñas, en las que más de mil jóvenes se preparan para ser maestras, y la otra un colegio de agricultura. Estos colegios de agricultura están esparcidos por todo el país. Son de un tipo admirable; y, de paso, están ubicados en suelos hermosos. Me dijeron que las mismas dificultades que se encuentran entre los estudiantes argentinos son las que hay en nuestros colegios agrícolas, es decir: que los estudiantes son llevados de sus granjas en el campo, se les imparte un entrenamiento y luego, en lugar de ir de vuelta a las granjas, entran al servicio del estado o se mudan a residir en la ciudad. Naturalmente, mis indagaciones no me permiten dar un juicio definitivo sobre este asunto. Pero lo averiguado lleva provisoriamente a esa conclusión. En este colegio particular, por ejemplo, al tener a los estudiantes reunidos, tomé a una docena de ellos al azar e indagué sobre sus ancestros, la ocupación de sus padres y sus intenciones al dejar el colegio. La mayoría eran hijos de argentinos, uno era hijo de un inglés, otro de un francés y dos italianos. La mayoría de ellos eran hijos de rancheros, dos o tres eran hijos de citadinos. Uno planeaba ser veterinario, otro se proponía trabajar al servicio del gobierno, y todos los demás pensaban volver a las granjas, en el campo, entre ellos varios a las granjas de sus padres, y otros se proponían adquirir sus propias granjas tan pronto como pudieran. Mis indagaciones en varios otros colegios de agricultura rindieron una información similar. En cuanto a los hombres que examiné personalmente, estos colegios cumplían la finalidad para la que fueron creados.”



El político estadounidense dedica unas líneas a la ciudad, y pasa a considerar la política municipal sobre viviendas y propiedad de terrenos para trabajadores.

“En Córdoba hay un bello sistema de parques. Es una ciudad atractiva en todo sentido. Me interesé por el descubrimiento incidental de un asunto que compete a nuestros propios estudiantes de desarrollo social. La municipalidad ha iniciado recientemente el negocio de proveer casas para los trabajadores que deseen adquirirlas. La municipalidad compra tierras y construye las casas. Entonces las vende a los ocupantes mediante un plan de pago que contempla un ocho por ciento anual del precio de compra. En quince años la casa y el terreno se convierten en propiedad suya. Se está haciendo un esfuerzo para aplicar el mismo sistema a las tierras de cultivo, con el propósito de alentar a los inmigrantes a establecerse y convertirse en dueños y patrones del suelo. El objetivo es que en cada partido el gobierno adquiera arriba de cinco mil acres y venda la tierra en pequeños lotes, en términos similares a aquellos mencionados para colonos inmigrantes que viven y aran la tierra.”

La reflexión final de “Teddy” trasciende a Córdoba. Considera la mentalidad argentina sobre la propiedad de la tierra y se permite una comparación con lo que considera un “socialismo avanzado” de los pueblo originarios, rasgo para él naturalmente negativo.

“Se hará visible por lo dicho arriba que los argentinos tienen conciencia de la necesidad de contar con pequeños propietarios de tierras, y que no adhieren a ninguna de las teorías que pretenden abolir la propiedad de la tierra. Esto puede deberse al hecho de que parte del problema de la nación es civilizar al indio en el norte del país; y la peor obstrucción para esto es el hecho de que los indios practican las teorías de cierto socialismo avanzado. Los indios del Chaco, en la práctica, carecen de propiedad personal. El resultado es que permanecen al nivel de la pereza, del ocio y la incompetencia. En la práctica resulta imposible elevarlos hasta el punto de permitirles tener propiedad personal, la que no se condice con el ocio ni con la desidia. Entre estos indios el socialismo aplicado simplemente significó que cualquier propiedad obtenida se comparte con los miembros menos productivos de la tribu. El resultado ha sido el rechazo de los ahorrativos y de quienes aspiran a acumular bienes para sus hermanos menos favorecidos, lo cual ha estancado toda su vida social. En la Argentina actual y durante el pasado inmediato, se ha probado por experiencia concreta que el único camino para llegar al mejoramiento de las condiciones sociales e industriales es darle al hombre medio la oportunidad de obtener propiedad, si cuenta con la energía necesaria y capacidad de industria y de ahorro. Y esto implica que no solo debe ser protegido contra el más poderoso que podría explotarlo, sino también contra el más pequeño que es vago, que no ahorra o es vicioso. En la práctica, la posesión de propiedad y la oportunidad de obtenerla como resultado de su esfuerzo honesto e inteligente, ofrece el mayor incentivo para el crecimiento del bienestar y de la civilización. Los derechos humanos deben ser reconocidos por encima de los derechos de propiedad, que representan un medio y no un fin; pero también se debe reconocer que el derecho de propiedad, si se usa adecuadamente, representa uno de los medios indispensable para asegurar los derechos humanos.”