Gobernadores reclaman fondos (y protagonismo en el reparto social)

Mandatarios provinciales e intendentes del conurbano bonaerense comparten no sólo el reclamo de fondos para sobrellevar la crisis desatada por la pandemia, sino también uno de mayor protagonismo en el reparto de ayuda social que baja de la Nación.

Por Felipe Osman

La vertiginosa propagación del Covid-19, lejos de circunscribir sus efectos a la salud, genera durísimas consecuencias en la economía que poco tardan en traducirse en problemas recaudatorios en cada una de las provincias. Y a esta caída en la recaudación de cada jurisdicción, hija del enfriamiento económico que generan ahora la cuarentena y días atrás las medidas de reclusión social, se suma la imperiosa necesidad de reforzar los sistemas sanitarios provinciales y de ofrecer asistencia social extraordinaria a los sectores más carenciados.
En suma, cada gobernador asiste a una caída drástica de los recursos de los que dispone y, en simultáneo, a un incremento no menor de necesidades a las que debe atender de manera inmediata e impostergable.
Ante esta compleja situación los mandatarios provinciales se unieron en un reclamo por más fondos al Gobierno Nacional, reclamo que fue puesto sobre la mesa durante la reunión de la semana pasada en Olivos entre Alberto Fernández y los gobernadores.
La Casa Rosada se comprometió entonces a buscar una solución que permita a los gobernadores de las provincias más complicadas por el parón económico cumplir con sus obligaciones más inmediatas -léase, el pago de salarios a los empleados estatales-, y los mandatarios advirtieron que, aunque esperarían la respuesta (que debería llegar en los próximos días), algunos de ellos ya analizan la emisión de cuasi moneda como único modo alternativo para no cortar la cadena de pago.
En resumen, los gobernadores advirtieron a la nación: si los recursos no llegan, si desde Casa Rosada no se resuelve imprimir moneda en la medida necesaria para financiar las contingencias generadas por el Coronavirus junto a las dificultades de una economía que ya se encontraba en crisis desde antes de la llegada de la pandemia, entonces serán las propias provincias las que empiecen a emitir bonos provinciales.
La “amenaza” es inteligente. La emisión de cuasi moneda por parte de las provincias evocaría claros recuerdos de la crisis de 2001 que Balcarce 50 quisiera evitar. Y más aún mientras siga pendiente la renegociación de la deuda.
Ahora bien, más allá de esta imperiosa necesidad de fondos de algunas provincias (entre las cuales Córdoba no estaría), que es sin lugar a duda el primer punto de tensión entre la Nación y los gobernadores, hay otro asunto -de momento secundario, pero no exento de cierta importancia- que inquieta a muchos mandatarios provinciales, y es el rol de los movimientos sociales en la entrega de asistencia social proveniente de la Nación.
Durante la primera etapa del kirchnerismo, con Néstor Kirchner al frente del Ejecutivo nacional, los fondos destinados por la Casa Rosada a asistencia social eran manejados, en buena medida, por los gobernadores, que podían construir políticamente a partir de este reparto. Este modelo empezó a cambiar durante el cristinismo, que dio paulatinamente más protagonismo a los movimientos sociales en la distribución de planes sociales. Con la llegada del macrismo al poder, los movimientos sociales ganaron mucho más terreno. La explicación es sencilla, Cambiemos carecía de otras vías para distribuir esos recursos en el territorio, y necesitaba hacerlo para contener una situación social que, de lo contrario, podría haber desbordado.
Con el regreso del peronismo al poder, muchos de los gobernadores esperaban que Alberto Fernández readecuara el sistema de reparto, retrotrayéndose al modelo otrora gerenciado por Néstor Kirchner. Pero tal cosa no sucedió, y hoy las emergencias que impone la agenda son otras. Así las cosas, algunas tensiones tendrán que esperar.