Si la inactividad se prolonga, el PBI podría caer hasta 7%

El Instituto de Finanzas Internacional proyecta que habrá recesión en todos los países, liderados por Argentina. En octubre, estimaban que el país iba a sufrir una contracción de 1,6% y ahora la baja es calculada en 3,1%. Es una previsión un poco más benévola que algunas de las estimaciones de consultoras locales, que estiran ese número hasta 4% y 7%.

Por Gabriela Origlia

El antecedente de una crisis mundial económica es la de 2008/9 y los analistas entienden que la actividad podría perder por el Convid-19 porcentajes similares a los de entonces. Para la Argentina el cálculo es similar con un agravante: el país está peor hoy. En aquellos años el gasto público nacional subió tres puntos del PIB pero había superávit primario que, en el 2009, se transformó en déficit. Ahora se profundizará el rojo fiscal porque no hay otra salida. La propia Unión Europea levantó los cepos para que se pueda avanzar en ese sentido.

El economista del Ieral Jorge Vasconcelos es ilustrativo cuando plantea que este año tendrá tres trimestres para varios sectores de la economía, lo que implica suprimir un cuarto del período. En esa línea insiste en que se deben preservar lo más posible todas las actividades intensivas en empleo, poner todo el esfuerzo en ese segmento.

Por su puesto, la envergadura de la caída tendrá que ver con la extensión de la cuarentena más profunda. Un escenario optimista es que en mayo se recupere la normalidad de la actividad sin olvidar que viene de casi dos años de recesión. Si se extendiera hasta casi final del año la decisión de tener una economía frenada priorizando la salud hay consultoras como FMyA que ya proyectan una baja del PBI que podría rondar el siete por ciento.



El problema de Argentina obviamente es que con rojo fiscal, inflación alta y sin fuentes de financiamiento tiene poco margen para tomar decisiones que contrarresten los efectos de la crisis. Todas las medidas anunciadas que implican un costo fiscal se financiarán con emisión. No hay otra posibilidad. Sí debería acompañarse con ahorrar en lo que se pueda para equilibrar lo más posible.

Ecolatina, por caso, indica que la dinámica del comercio exterior se está resintiendo. Si bien Argentina es uno de los países con menor apertura comercial del mundo, parte relevante de su producción tiene como destino China, Estados Unidos y Europa (explican cerca del 30% de nuestras exportaciones) y el shock de demanda que están teniendo estos países definitivamente afectará el volumen de nuestras ventas. Al mismo tiempo, el precio de los commodities cayó en las últimas semanas y no queda claro si se recuperará en el corto plazo.

Además, el flujo de turismo receptivo se verá afectado por el temor a la pandemia y el cierre parcial de fronteras. Estos efectos apuntan en la misma dirección, el ingreso de divisas comerciales se resentirá en un contexto de escasez de reservas internacionales. Las importaciones también se verán afectadas (menor actividad interna y menores precios internacionales), pero el efecto no compensaría la merma en exportaciones.

“El menor saldo de divisas pondría en una disyuntiva al equipo económico. O impone restricciones cuantitativas a las importaciones con el fin de preservar el superávit comercial para hacer frente a sus compromisos financieros, o acepta perderlo parcialmente y no resentir tanto el nivel de actividad. Es probable que se elija un mix, lo cual afectará tanto la negociación de la deuda como a la actividad económica local”, indica la consultora que pasó de una estimación de caída del Producto del 1,3% al 2% con posibilidad de una nueva revisión.

Por ejemplo en junio y julio de 2009, tanto los hoteles como los restaurantes sufrieron una merma en su actividad que superó el 8% mensual en términos desestacionalizados. Si bien el efecto es difícil de aislar, parte relevante de esta contracción respondió al avance de la gripe A.

Para Ecolatina la caída en los precios internacionales y las depreciaciones de los principales socios comerciales ayudarán a reducir la inflación local siempre que no se produzca un nuevo salto del dólar oficial (lo cual ocurriría en un escenario de default). Pese a que el desplome en el precio del petróleo paraliza la actividad local en el sector, ayudará a contener los aumentos en tarifas y combustibles. En este marco nuestra proyección de inflación para el año pasa de 37,5% a 35%.