¿Cómo lo hubiesen manejado otros presidentes?

Entre tantos cruces por Whatsapp, el tema de cómo hubiesen lidiando con esta pandemia otros líderes ocupó rápidamente el centro de la escena. No está mal preguntárselo.

Por Javier Boher
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Preferiría que no me hable, amigo lector. Es más, ni me lea. Guarde distancia; vaya a su rincón. Le pido disculpas por mi humor, pero la cuarentena ya está haciendo mella en mi estado de ánimo general. No es fácil aislarse de los amigos y encerrarse con familia, hijos, mascotas, dibujitos animados, vecinos que ponen música al palo y noticieros que te hacen un Skype con una astróloga que le hace la carta astral al murciélago que hicieron sopa en China.

Con tantas horas de reposo forzado, una actividad fundamental es la visita telefónica, pero no como antaño -con teléfono a pulso y disco de marcado- sino en su mucho más contemporánea forma de «grupo x de WhatsApp», espacio virtual para compartir memes e historias entre los que estamos privados de nuestra libertad (y que ya casi estamos como para que la gente nos mande saludos por la Popular). Entre tantos debates de cuarentena salió el ejercicio de pensar esta situación en manos de distintos presidentes de la historia argentina, más entretenido que contar cuántos ladrillos tiene tu casa.

Sin ningún tipo de rigor histórico (y para pasar un rato sin querer despellejar al perro del vecino que le ladra a la ropa del tender) vamos a iniciar este periplo con nombres elegidos de modo absolutamente arbitrario.



Yrigoyen: a los radicales les encanta el peludo, aunque con los actuales estándares institucionalistas que manejan los correligionarios estaríamos hablando de un tipo con el pedigree como para fichar para el bando populista. Me lo imagino lidiando con la epidemia como con los anarquistas y los gobernadores opositores, interviniendo provincias o mandando a fusilar a la cámara de supermercadistas chinos.

No llore ni se enoje si es radical, porque así les fue a los muchachos del taller Vasena y a los peones de Santa Cruz. Así y todo -y para que no me odie tanto- quizás la manejaba como a la gripe española con la que le tocó lidiar.

Perón: El general hubiese creado la Confederación General del Coronavirus, para darle representación en la comunidad organizada a los intereses de los médicos e infectados por el bicho este. La comisión sindical del UTeICOVID (Unión de trabajadores e infectados por el COVID) hubiese inflado los presupuestos para mandar un retorno al partido, de paso pidiendo vacaciones extendidas y hora de refrigerio durante el brote.

Si usted es peronista no se enoje ni saque la carta «Ramón Carrillo», porque fue un gran sanitarista pero lo corrieron como a perro que se robó una milanesa de la mesada. Si él estaba, seguro lo controlaban (como hicieron con el movimiento obrero), pero como lo echaron, seguro todo terminaba siendo un brote mandado por la embajada yanqui, la previsible responsable del colapso local.

Menem: El Sultán de Anillaco dictaba la cuarentena y aprovechaba las rutas vacías para ir picando la Feshari hasta La Rioja, acompañado por alguna vedette a la que no le importase mucho el distanciamiento social.

Mientras, algunos amigos del poder diseñarían un esquema privatizado y flexible de seguros, que se vendiera como un triunfo del liberalismo (aunque al final lo terminara pagando el Estado para que ellos hicieran su fortuna recibiendo jugosos dividendos a través de sus testaferros).

Néstor: si o sí arreglaba con los gobernadores para esconder a los contagiados, negociaba con los laboratorios por la supuesta cura y negaba atención del PAMI a los jubilados para licuar parte del gasto previsional. No se enoje si es kirchnerista, amigo lector, porque con El Profe y el Gerente de las Sandalias les congelaron las jubilaciones a los viejos por el mismo motivo y sin mayor cargo de conciencia.

Ante la demanda de los medios, el nestornauta hubiese dicho que era todo mentira y que no paraban de inventar porque estaban nerviosos. Se hubiese hecho llevar bolsos con alcohol en gel hasta El Calafate.

Macri: Aunque Rubinstein sea epidemiólogo, poco hubiese podido hacer. Si cuando le rebajaron el ministerio a secretaría pataleó menos que Gaby Michelin cuando se golpea el dedito chico contra la pata de la cama, difícilmente hubiese podido controlar los focus group del hombre-niño Peña o el seminario de optimismo y oportunidades en la crisis dictado por Rozitchner.

Gatricio se hubiese ido al sur a esperar que resuelvan todo sus gerentes. Por las dudas Aranguren hubiese subido el gas.

Cristina: definitivamente hubiese sido la peor. Tras negar todo, habría propiciado algo al estilo de los abrazos de López Obrador. Hubiese convocado a la marcha del 24 de Marzo y a una choripaneada solidaria masiva para decirle NO al neoliberalismo extranjerizante del Coronavirus apátrida.

Se hubiesen apilado los muertos y los habrían anotado bajo otras figuras (tal como hicieron en La Plata). La culpa hubiese sido de Menem y los Militares.

Alberto: viene piloteando bien la cosa, sobre todo porque reaccionó a tiempo para no escuchar a Ginés, que sobró la situación más que aquella vez que Ramón Díaz le dijo a Bianchi que si ponía a Palermo, él convocaba al Enzo. Volvió el Titán y le clavó una pepa.

Pese a eso, hace dos semanas daba clases sin mayores preocupaciones, se le escapó la vice cuando ya había dictado la cuarentena y tuvo que esconder a todos sus funcionarios porque son más impresentables que banda tributo a Pocho la Pantera. Si hoy parece Churchill lidiando con los bombardeos alemanes es un poco porque los anteriores hubiesen sido peores, pero también por la pasión felatoria de muchos periodistas y tuiteros progres, que desean que sea su adorado líder.

Hasta acá llegamos, amigo lector. No se enoje por estas líneas y piense que son producto del estrés por la reclusión. Cuando todo pase nos vamos a sentir mejor para comer un asado con amigos, sin miedo a que ninguno lleve un perro o un murciélago que nos termine contagiando este bicho exótico. Se lo prometo.