Rumores: ¿combustible de la paranoia o estrategia del gobierno?

Las últimas 48 horas han sido un infierno de rumores, que se multiplican ante la falta de información oficial creíble en boca de las máximas autoridades. ¿A quién le sirve que ocurran?.

Por Javier Boher
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Las últimas 48 horas han sido un infierno de rumores, que se multiplican ante la falta de información oficial creíble en boca de las máximas autoridades. ¿A quién le sirve que ocurran?.

El coronavirus nos ha puesto a prueba. Ciudadanos, políticos, periodistas; todos encontramos en este virus extremo un desafío inédito, que ha eclipsado al resto de los temas hasta convertirse en hegemónico.

Antenoche se intensificó la paranoia, producto de noticias o mensajes que llegaban desde provincias en las que se imponían cuarentenas más fuertes, o donde los controles policiales en la ruta se endurecían.



Las medidas de cara al fin de semana largo -con cancelación de reservas y cierre de shoppings o áreas de entretenimiento- pusieron en alerta a los que hasta ahora se habían mostrado menos preocupados: “parece que la cosa viene en serio”.

Ayer a la mañana empezaron a circular rumores sobre nuevos cortes de ruta, cuarentenas extendidas o totales y supuestas reducciones de la jornada de trabajo. Ante la falta de certezas desde las fuentes oficiales, el poco confiable -pero siempre disponible- rumor salió a la cancha a jugar su partido.

Comunicación de crisis

El fin de semana el politólogo Mario Riorda -especialista en comunicación de crisis-deslizó algunos consejos para que el gobierno maneje la situación. Centralizar la información, crear cuentas específicas para informar sobre el tema, evitar el uso del condicional o el potencial en boca de figuras de autoridad o adoptar un lenguaje claro y preciso para evitar confusiones, son algunas de las ideas vinculadas a su propuesta.

Poco de esto se ha visto en estos días. Las declaraciones informales del presidente a los medios de comunicación (como si aún ejerciera como armador político en las sombras y no como comandante en jefe a pesar de que dos poderes del estado se han declarado en cuarentena), los supuestos hackeos al Boletín Oficial o las versiones en off que al rato se comprobaban falsas, como si estuviesen conjeturando como librepensadores en lugar de mostrarse como una pieza más en la verticalidad de la administración pública.

Hay rumores, rumores, rumores

Ayer por la mañana se alcanzó el pico de ansiedad, producto de una vieja forma de preparar a las masas para lo que todavía está por venir. Desde muy temprano las  huestes kirchneristas empezaron a militar el hashtag #EstadoDeSitio, dando entidad al pedido del uso de una herramienta excepcional para un tiempo que también lo es.

Multiplicaron ejemplos de conocidos o vecinos violando la cuarentena -exponiendo la irresponsabilidad de hacerlo- y lograron que progresivamente la gente se fuera haciendo la idea de que iba a ver retenes militares en las rutas o de que iba a tener que volver temprano a su casa por la imposición del toque de queda.

El falso decreto que circuló por las redes (usando otra vez la excusa del hackeo, que ya la otra vez se probó falsa por los certificados usados para firmar las publicaciones) hablaba de durísimas condiciones que muy probablemente después se mostrarán exageradas.

Parece ser como el viejo truco de Goebbels -el propagandista nazi- que lanzaba el rumor de que se recortarían las raciones en mayor proporción a la que luego se anunciaba, generando en la gente la la idea de que no había sido tan grave (en lugar de que se detuvieran a pensar en el hecho de que a partir de ese momento recibirían menos comida).

Finalmente, la burda acción de Juan Grabois -que motivó su detención- fue lo que terminó de confirmar que se está militando un endurecimiento de la cuarentena a través de lograr un mayor apoyo popular para una medida tan drástica.

El falso boletín, los rumores de las redes, el operativo clamor para el estado de sitio o Grabois rompiendo la cuarentena parecen haber dado resultado para que gente de todo el espectro político acepte las condiciones de un aislamiento social prolongado, reforzado por las fuerzas armadas o de seguridad.

Todos nos encontramos en aguas pantanosas, sin saber realmente qué está pasando, cómo se maneja la información o cómo se espera que siga -y termine- todo esto. En ese contexto los rumores se han convertido en un recurso usado tanto en contra del gobierno como a favor de (cuando no desde) el Estado.

Este fin de semana extra largo demostrará cuánto de cierto había en todo lo que circuló por redes y medios durante las últimas 48 horas. Ahí podremos dar por tierra -o podremos darle mucha más fuerza- a los rumores que alentaron la paranoia colectiva desde el miércoles a la noche.