Cristina tiene razón: el lawfare existe

Tras las revelaciones de un periodista respecto a la relación de las prisiones preventivas y la tapa de un diario, la ex presidenta volvió a señalar la existencia del lawfare en la política argentina.

Por Javier Boher
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Para algunos factores de poder este país es una montaña rusa en la que, pese a que en los viajes dan vueltas, sienten náuseas, se marean o quedan cabeza para abajo, finalmente el carro termina volviendo al punto de partida. No importa qué tan grande hayan sido las sacudidas, finalmente vuelven a la tranquilidad del punto de partida.
En las últimas semanas el Poder Judicial ha estado bajo observación permanente. A su larga tradición de hacer mal las cosas le sumaron la presión política para lograr una renovación muy grande de los nombres, reafirmado por otros medios en el discurso que el presidente pronunció el domingo, cuando habló de la reforma judicial.
Los jueces, fiscales y demás funcionarios han sabido ganarse el rechazo del grueso de la población por un accionar dudoso, complaciente la mayoría de las veces del poder de turno y protector de privilegios que los convierten en personajes aislados de la realidad social.
En medio de las distintas movidas que los han afectado, un conocido y prestigioso periodista de La Nación, con un asombroso parecido físico a Michel Foucault, deslizó que el festival de prisiones preventivas comenzó cuando se ordenó la detención de Ricardo Jaime para forzar con un hecho trascendente un cambio en la tapa del tradicional matutino.
El diario había preparado una portada que dejaba en evidencia la inacción de los jueces federales, que con su omisión de justicia permitían que la impunidad del kirchnerato se mantuviera durante doce años. Rápido de reflejos, el juez liberó el desprolijo pedido de prisión preventiva que funcionó para cambiar el título principal.
Esa anécdota relatada por el calvo periodista en el monólogo de apertura de su programa fue tomado por la vicepresidenta como la confirmación del tan mencionado lawfare, la guerra judicial como arma política. Según la ex mandataria, esa premura por evitar la tapa (y la decisión del diario de removerla) deja en claro que las preventivas fueron caprichosas, apañadas por los grandes medios de comunicación (“fierros mediáticos”, como dijera alguna vez).
Aunque el periodista luego corrigió a Cristina Kirchner -porque las notas sobre el tema salieron, pero fueron desplazadas de la tapa del domingo ante la primera detención por la corrupción K- el mensaje de la vicepresidenta es suficiente para que prenda en el conjunto de seguidores que sólo necesita confirmar el relato de boca de su lideresa.
Mientras la economía no arranca, la política se radicaliza, pero además lo hace de la peor manera, recurriendo al engaño, la mentira y la manipulación de la información. Si bien es cierto que las prisiones preventivas fueron un mamarracho jurídico usado para crear una sensación de accionar de la justicia, atribuir motivaciones políticas opositoras al Poder Judicial es exagerado.
Gran parte del Poder Judicial se alineó con el gobierno kirchnerista en su fase anterior, y el festival de preventivas fue un mero mecanismo de supervivencia durante los cuatro años de gobierno macrista. La apuesta del Poder Judicial fue por el regreso del kirchnerismo, como quedó particularmente en evidencia con el vacío de poder que todavía sufre el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Carlos Rosenkrantz.
Lo que plantea la ex presidenta en su argumento respecto al lawfare es que bajo los doce años de kirchnerato no hubo corrupción, sino una persecución por parte de los poderes oscuros hacia sus prístinos funcionarios, una guerra mediático-judicial para encarcelar a inocentes idealistas que vinieron a subvertir el orden establecido.
Aunque cuesta verlo si no se está dispuesto a aceptarlo, Cristina le reclama al Poder Judicial por su deslealtad. Ella entiende, por su formación política primigenia en las filas de la izquierda popular, que hay bandos que se deben respetar, por existir cuestiones ideológicas que van más allá de la política dura de la acumulación de poder.
Pese a que el papel de víctima que interpreta Cristina Kirchner es consumido por sus seguidores como una verdad inobjetable, la realidad demuestra que pretende avanzar sobre la justicia para cobrarse la impertinencia de haber jugado al pragmatismo.
La vicepresidenta le pide a los jueces y a los fiscales que se alineen a postulados políticos que siempre identifican a los buenos con los propios y a los malos con los otros. Les pide, ni más ni menos, que practiquen el lawfare, forzando la culpabilidad de personas a priori inocentes, por el único hecho de no someterse a los lineamientos dogmáticos que propone desde su posición de poder.