Triángulo no muy virtuoso

A partir de la creación original de Martín Zimmerman, un estadounidense hijo de madre argentina que trabajó como gionista de algunos episodios de “Ozark”, se ha conformado un trío insólito entre Israel Adrián Caetano, Adrián Suar y Netflix, que ha tenido como resultado la serie “Puerta 7”.

Por J.C. Maraddón
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Que Israel Adrián Caetano es uno de los realizadores audiovisuales sobresalientes de su generación, no debería ser un tema de discusión a esta altura de su carrera. A lo largo de varios largometrajes y series para televisión o plataformas de streaming, ha demostrado que posee un estilo propio y que hay ciertas temáticas y ambientaciones para las que su muñeca cinematográfica resulta ideal. Ya desde la iniciática “Pizza, birra, faso”, en coautoría con Bruno Stagnaro, se reveló su talento para retratar personajes marginales que no sólo fuesen creíbles, sino que además protagonizasen historias que bien podrían ser material de las páginas de sucesos de los diarios.
Esa veta, de la que él fue uno de sus representantes más conspicuos en la Argentina, se ha transformado con el tiempo en una especie de subgénero industrial, que primero copó la pantalla chica con tiras semanales en la TV abierta y que desde hace unos años ha encontrado en Netflix el sitio para canalizar su expansión. Muchos de esos productos, algunos de los cuales gozaron de enorme predicamento, estuvieron bajo la responsabilidad de Caetano, quien así se fue volviendo un experto al que los productores sabían que podían recurrir en caso de encarar un proyecto acorde a sus intereses. Tal vez la biografía de Sandro, que Telefé emitió en trece episodios en marzo de 2018, haya sido una de las excepciones más notorias en su currículum. Por más que el ídolo musical fue en sus orígenes un muchacho de barrio, esa serie carecía del componente violento y callejero que suele ser el sello de este director, quien allí se las arregló para llevar a buen término su recorrido por la vida y obra de uno de los cantantes más admirados en la Argentina, que se obstinó en resguardar su privacidad ante los ojos del gran público.
Desde otra vereda, como responsable de la productora Pol-Ka y gerente de programación de Canal 13, Adrián Suar lleva 25 años aportando contenidos que son permeables al gusto popular y que en varios casos han sido premiados por el rating. Desde aquel “Poliladrón” que él mismo protagonizó a mediados de los noventa, ha desarrollado una cadena de producciones que han procurado dotar de un sabor local a formatos ya probados por la industria, como la comedia costumbrista y los relatos de acción y aventuras. Frente al desgarrado presente de la TV abierta, era razonable que Suar se acercara a la escudería de Netflix.
A partir de la creación original de Martín Zimmerman, un estadounidense hijo de madre argentina que trabajó como guionista en algunos capítulos de “Ozark”, se ha generado un triángulo insólito entre Caetano, Suar y Netflix, que ha tenido como resultado “Puerta 7”, una tira de ocho episodios disponible en esa plataforma desde la semana pasada. Con el foco puesto en las barras bravas, esta realización reúne a un elenco encabezado por Dolores Fonzi, Esteban Lamothe y Carlos Belloso, cuya despareja labor es un espejo del desafío que plantea balancear el aporte de las voluntades que han confluido en este flamante producto.
En “Puerta 7” se advierte la habilidad de Caetano para introducir al espectador en los submundos marginales, el pulso de Suar para acercarse a temáticas de la actualidad más urgente y la exigencia de Netflix para garantizar el disfrute de sus suscriptores. Sin embargo, la sumatoria de estos factores no se corresponde con las expectativas que genera y sitúa a la serie varios escalones por debajo de “Apache”, la todavía fresca biografía del mismo Israel Adrián Caetano sobre Carlos Tévez, que sin escaparle a los clichés ni a los golpes bajos, construía sobre el mismo terreno de “Puerta 7” una narración mucho más ajustada a sus pergaminos.