A los líderes populistas se los combate, no se los invita

Cuatro días que deberían haber sido de distensión pero en los que se amontonaron las noticias sobre un populismo más fuerte que colonia de abuela.

Por Javier Boher
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¡Qué pedazo de fin de semana largo, amigo lector! Lástima que la gente anda peor que sartén vieja, sin un mango. Llegar a fin de mes está más difícil que jugar al truco con cartas de UNO. Por eso hubo feriado pero poco carnaval para festejar. Por suerte ya vuelven las aventuras de Zamba y las ficciones de Andrea Del Boca para que nos alimenten el alma.

Con la malaria que hay no sé si hubo festejos de carnaval, aunque a los murgueros les encante creer que saltando como si caminaran sobre brasas la vida es mejor. Dos días con la cara pintada no te van a dar de comer, amigo, aunque le digas a los que no bailan que son unos amargos.

Este fin de semana pasó de todo, así que vamos a ver si hacemos una pasadita por los datos de color que llenaron las redes. Vamos a dejar a la inquisición progresista para otro momento, porque la semana es muy corta como para arrancarla con un debate que plantea un puñado de gente que sufrió la pérdida de un familiar y todo el coro que armó un negocio alrededor. Son como los anticuarios, que no venden nada nuevo, dicen proteger la memoria, hacen negocio gracias a que hay gente que se murió y ganan una torta de plata con eso. Quedará para otro día.



En el repaso por los temas livianos del finde XXL no podemos dejar de hablar de la propuesta del gobierno santafesino para luchar contra la ola de homicidios: BOLEADORAS. Todos le tienen miedo al coronavirus, pero la epidemia nuestra es la estupidez sin límites. Cualquier tipo al que más o menos le guste el fútbol sabe que la policía santafesina ha sido más severa con los hinchas cordobeses que lo que van a ser jugando a Patoruzú con los narcos.

Parece que lo importante es cuidarles los ligamentos para que después puedan jugar al fútbol con los amigos en lugar de freírlos con el magiclick con anabólicos que son las taser. Se entiende el miedo al gatillo fácil a los delincuentes, pero esto hace fácil que los delincuentes te gatillen sin miedo.

Visitando al Papa

Como nunca defrauda, el P.O.Pe. Pancho salió a desplegar su sensatez característica para que los devotos de felar sendos cirios y falos eclesiásticos se sientan contenidos por el pastor de los católicos del mundo.

Criticó a las ideologías, que básicamente vinieron a reemplazar a las teologías con algo más de racionalidad que decir que una paloma embarazó a una mujer (y después se asustan de una sopa de murciélago). Dice que le recuerdan a la década del ‘30, apenas unos años después de que el Vaticano hiciera las paces con la Italia de Mussolini.

Ojo, que también dijo que le tiene miedo a los líderes populistas. Te conocemos, picarón, sabemos que no querés competencia. Se parece a los empresarios argentinos, que quieren ganar a costa de no competir contra nadie. El criollaje siempre tira.

En política nacional hay fascinación por esos líderes. Parece que nadie se quiere olvidar de ellos, sino todo lo contrario. Sin ir más lejos, ayer hubo más recordatorios por el aniversario del natalicio del Nestornauta que por el de San Martín. Si siguen con ese relato, en cualquier momento salen los cuadros de Néstor con patillas liberando a Chile y Perú de los buitres. Delirantes.

Cómo será la cosa que cuando empezaba esta seguidilla de días libres se armó una polémica por un cuadro de Rosas que el Mini Sandro gobernador de Buenos Aires colgó en su oficina. Es increíble: el tipo descolgó un cuadro de Rosas para colgar otro exactamente igual, lo que indica que los bonaerenses no deberían de ilusionarse con que el chiquitín haga algo distinto a lo que ha hecho en su carrera, pese a que todas las veces erró peor que Tristán tratando de embocar el corchito en Sábado Bus.

No hay dudas de que Rosas es el típico líder populista, al que el revisionismo peronista rescató para tratar de bancar el relato cuando a Juan Domingo lo mandaron al exilio. Con un año que pinta más duro que el ascenso de Belgrano, Kicillof quiere algo de épica para el bicentenario de la provincia. Nada que no hayamos visto antes.

Yo sé que no le importa, pero le doy mi opinión de Rosas: fue un dictador que tuvo la suma del poder público, que censuró a la prensa y persiguió y asesinó a opositores. No quería una constitución (básicamente un contrato que le dijera qué podía hacer y qué no), bloqueó al interior y su desarrollo e hizo que los federales pasaran a ser los malos. Así es lógico que los que ganan elecciones por el conurbano lo amen.

Le diría que lo único bueno que hizo (y no vengan con “pritigió i li niciín di lis intirisis ixtrinjiris” porque bastante bien le fue a su negocio) fue ayudar al consenso liberal que promovió la Generación del ‘37 -por haberlo sufrido- y que impuso la Generación del ‘80 -que los entendió-. Esa es la garantía contra los liderazgos populistas, Pancho, no reivindicarlos o sentarlos a la mesa cada vez que se puede.