¡Estalló la temporada de homicidios en Rosario!

El Ministro de Seguridad de la provincia de Santa Fe pretende atribuir a cuestiones ajenas a la gestión la ola de violencia que vive la ciudad santafesina.

Por Javier Boher
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Para los cordobeses el verano es tiempo de festivales. Tenemos la doma en Jesús María, el de folklore en Cosquín, el de Peñas en Villa María y el de la Avicultura o el Cosquín Rock en Santa María de Punilla, sólo por mencionar algunos. Para la gente de Santa Fe, aparentemente el verano es temporada de homicidios.
En medio de una ola de violencia que lleva 40 muertos violentos en la zona de Rosario en lo que va del año, el Ministro de Seguridad de la provincia de Santa Fe, Marcelo Saín, dijo que es algo estacional. 40 personas asesinadas, dividido 52 días transcurridos, igual a 0,77 personas muertas por día. Un homicidio cada 31 horas, más frecuente que la recolección de residuos en los barrios periféricos de Córdoba. Eso sería lo normal para esta época del año.
Para peor, en esa ola de violencia homicida la igualdad parece ser la premisa: ha habido muertos cubriendo un amplio espectro de sexo y edad, incluida una beba de un año y medio que sufrió las consecuencias del ajuste de cuentas hacia su padre y abuelo. Ha habido desmembrados, ametrallados, torturados: el departamento Rosario se parece más a una región mexicana antes que a una de Argentina.
La frase de Saín es de una gravedad inusitada, ya que pretende justificar el caos y la anarquía que reinan en su jurisdicción en cuestiones ajenas a su trabajo, como si un deportista mal entrenado explicara la falta de victorias por la posición del sol de verano o como si un alumno que estudió poco dijera que en febrero es temporada de bochazos.
Es verdad que las fiestas de fin de año, reyes, carnaval o el inicio de clases hacen gastar mucha plata, situación que se torna inaguantable si además se suman la humedad, el calor, los mosquitos y la cadencia de Leo Mattioli propias de la región, pero jamás podrían explicar lo que se explica por las internas del narcotráfico: la explicación más simple suele ser la más probable.
La situación es tan extrema que la morgue rosarina está al borde del colapso, saturada de cadáveres por muertes violentas. El secretario debería saber que eso tal vez no sea porque pican los mosquitos, sino porque pican cerca las balas, habitualmente más letales que la mordida de un insecto.
La situación se explica por múltiples factores, que parte desde dos elementos generalmente presentes en toda la geografía nacional: la corrupción de los funcionarios y el financiamiento de la política a través de actividades ilegales.
En ese sentido, el narcotráfico es uno de los peores: tiene numerosos recursos económicos para coimear funcionarios y ganarle el territorio a los partidos políticos, que deben recurrir a los vendedores de drogas para llegar a donde solían llegar los punteros.
En ese contexto de deterioro de los sistemas políticos a manos de los narcos se inscribe, además, un cambio de gobierno en la provincia, que tras doce años de gestión socialista volvió a ser controlada por el peronismo. En ese cambio es entendible que caigan los “contratos”, viéndose los recién llegados en la obligación de renegociar los acuerdos con los dueños del territorio.
Rosario está estratégicamente ubicada. Aquello que le permite ser la vía de salida de la producción del interior del país es lo mismo que la condena a ser la puerta de entrada de numerosos productos ilegales. El descontrol de las vías navegables en el país tiene un lógico impacto negativo en la zona, que se convirtió en la cabecera del negocio narco en el interior del país.
Finalmente, la “tendencia Frederic” de creer que los policías son siempre los malos y que todo se debe a la falta de oportunidades para la gente. Lo primero es lo que impide que las fuerzas de seguridad se jueguen el cuero contra los que indefectiblemente serán presentados como víctimas desde el discurso oficial.
Lo segundo es una sobresimplificación de la situación, en donde se subestima el negocio millonario que hay detrás. No son los libros gratis, la tarjeta alimentar ni las netbooks los que van a hacer recapacitar a los bandidos: son los policías y demás fuerzas de seguridad a las que se destrata con el discurso de adolescente tirapiedras que romantiza la barbarie villera por sobre el orden público.
El mal enfoque de los responsables de resolver el problema, la ubicación estratégica de Rosario, un Estado grande, ineficiente y corrupto, y un negocio millonario apañado por políticos, custodiado por barras bravas y usufructuado por inescrupulosos son las verdaderas causas tras la ola de violencia, no el horóscopo, las energías cósmicas ni la época del años. Esas son simplemente excusas.