Paritarias, necesidad de dólares y recuperación del salario

Los ingresos reales de los trabajadores llevan dos años de caída. Se esperan negociaciones paritarias donde la clave pase por cómo minimizar y repartir las pérdidas y no de maximizar ganancias. Ganar competitividad es crucial para exportar más.

En unas semanas comienza el período fuerte de negociación de paritarias. Este año la clave parece delineada de arranque en materia de que se espera que todos cedan pero no en los mismos niveles; en 2019 los salarios formales perdieron 6,9% de poder de compra frente a la inflación. Para Ecolatina la distribución de las pérdidas no dejaría a nadie contento, pero tampoco a nadie “demasiado enojado”, de modo que parece ser la opción más redituable tanto en términos económicos como políticos. “Es probable que la conciliación de intereses sea el camino adoptado”, señala la consultora y enfatiza que el eje será cómo minimizar y repartir las pérdidas y no de maximizar ganancias.
Vincula el salario con la renegociación de la deuda; hay que pagar servicios de deuda en moneda extranjera con acreedores privados por US$21.000 millones, en un escenario donde las opciones de financiamiento escasean. Además, el salario real acumulará dos años de caídas significativas y la pobreza se acercará al 40%. Es decir, se reúnen dos urgencias “honrar los pasivos y mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores”.
Ecolatina admite que reconciliar ambos objetivos será complejo, e incluso podría resultar contradictorio. Sin acceso a los mercados de crédito, es fundamental obtener un superávit comercial de bienes y servicios récord, hacen falta los dólares netos, y genuinos que lleguen por esa vía. Y para lograrlo se requiere un tipo de cambio real competitivo. Este “dólar caro” apuntalaría las exportaciones, en especial aquellas vinculadas al sector industrial, a la par que desalentaría algunas importaciones.
Producto de la elevada inflación interna y la reciente depreciación de muchas monedas de la región (Brasil, Chile, Bolivia), la única forma de evitar un nuevo atraso cambiario es que, como mínimo, la depreciación nominal del tipo de cambio oficial acompañe al incremento de precios mes a mes. Dado que el dólar es uno de los principales determinantes de la inflación en nuestro país, esto eliminaría la posibilidad de desaceleración sensible de esa variable.
La recuperación del salario real no depende sólo de las paritarias, donde se negocian los salarios nominales -de los trabajadores formales-, sino también de la inflación. Por lo tanto, la mejora del poder de compra y el pago de servicios de deuda entrarían en conflicto el año próximo: alcanzar y sostener un tipo de cambio competitivo y estable, en el corto plazo, permitiría conseguir los dólares necesarios para honrar los compromisos asumidos, pero entraría en contradicción con una mejora de los ingresos reales.
En ese contexto, es claro que la economía debería generar incentivos a la inversión y a la productividad, “para hacer más compleja y diversificada su estructura productiva y de empleo”, apunta Jorge Vasconcelos del Ieral. Recuerda que hace décadas que el economista “nada ortodoxo” Albert Hirschman escribió que países como la Argentina necesitaban crear condiciones para la expansión de sectores con “exportabilidad”.
Al margen de la proporción que se destine al mercado internacional, lo relevante es que la producción de bienes y servicios exportables está asociada a activos y flujos que sirven de colateral para conseguir financiamiento internacional, siempre que el modo en que está organizado el mercado cambiario y el nivel del riesgo país no jueguen en contra. “Esa es la clave para atraer inversiones de cuantía”.
Así las retenciones son un arma de “triple filo”: tienen un fuerte sesgo antiexportador, eficacia recaudadora de corto plazo e introducen una cuña fiscal en detrimento de las provincias más dinámicas.
“Para resolver el conflicto entre exportar alimentos o energía y no castigar el consumo local, la primera opción siempre debería ser apostar por la abundancia de la oferta, por incentivar la producción. Al mismo tiempo, los subsidios focalizados a través de tarjetas y tarifas sociales lucen mucho más efectivos y con efectos menos distorsivos que aquellos instrumentos que segmentan mercados y definen varios precios para un mismo producto”, describe.