Mundo bizarro

Por más que proclame aspiraciones de figuración dentro del cine de culto, el filme “Horse Girl”, un estreno reciente de Netflix, bien podría haber integrado aquellos dobles programas del Cervantes, que combinaban una película de karate con otra de algún género inclasificable.

Por J.C. Maraddón
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Hasta la década del ochenta se prolongó en las salas de cine la oferta de los dobles programas, que brindaban la posibilidad de ver dos películas consecutivas, sentados en la misma butaca y pagando una sola entrada. Durante décadas fue esa una práctica habitual, porque la ceremonia de ir al cinematógrafo era toda una salida familiar, en pareja o con amigos, que transcurría dentro de esas catedrales donde miles de personas compartían al unísono el espacio de entretenimiento. Los complejos multisala, nacidos al amparo de la competencia contra el VHS, cambiaron de una vez y para siempre muchas de aquellas costumbres.
Recintos legendarios, como el Cervantes, colgaban en sus marquesinas los afiches de esos dos filmes que se proyectaban uno tras otro, aunque no resultara imprescindible que coincidieran en el género o en alguna otra particularidad. Si así fuera, se aclaraba que era un doble programa de acción, de terror o de artes marciales, pero si no estaba explicitado, la combinación de largometrajes podía más caprichosa de lo imaginable. Sólo mencionar el ejemplo de una correlación entre una película de karate y “Blade Runner”, basta para comprender lo arbitraria que podía llegar a ser la programación de esas carteleras de hace cuarenta años.
Pero lo normal era que hubiese un título destinado a un nicho muy concreto de espectadores, como lo eran los fanáticos de las artes marciales o del western o de las aventuras, y a continuación siguiera una producción bizarra, de esas inclasificables que la distribuidora debía hacer circular bajo presión y que los programadores estaban obligados a proyectar para, a cambio, garantizarse que iban a recibir copias de los tanques de taquilla. Así, pagar un ticket para ver dos filmes podía convertirse en una experiencia no demasiado gratificante, salvo que se tomara con humor lo que estaba aconteciendo en la pantalla.
Después, a partir de los noventa, ese cine Clase B empezó a ser considerado de culto y muchos de sus directores fueron reivindicados con el mismo entusiasmo con que antes sus obras habían sido condenadas al cesto de basura. El fenómeno no sólo afectó a productos del pasado, sino que ese revival agitó el panorama de las novedades, donde comenzaron a abundar producciones desopilantes que retomaban el delirio de los clásicos del género y, mediante algunas vueltas de tuerca, lo ajustaban al paladar de los consumidores de finales de siglo, no exentos de una cuota de esnobismo.
Lejos, muy lejos de los antiquísimos dobles programas, el streaming se nutre en la actualidad de una oferta de películas que, sin embargo, tiene algunos puntos de contacto con la del pasado. Entre otras cosas, porque existe una demanda constante de los usuarios de las plataformas, que debe ser satisfecha de forma ingente, y no siempre se está en condiciones de garantizar que todos los filmes disponibles estén a la altura de “El irlandés” o “Historia de un matrimonio”. Y es en esa circunstancia que se pueden filtrar allí películas cuyo valor artístico es dudoso, pese a lo recomendadas y premiadas que vengan.
“Horse Girl”, un estreno reciente de Netflix, bien podría haber integrado esos dobles programas del Cervantes. Una chica cuya excesiva ingenuidad se vuelve sospechosa (rol desempeñado por la actriz, guionista y productora Alison Brie), ingresa en una espiral de locura en la que el director Jeff Baena nos busca introducir, para convencernos de que ella está más cuerda de lo que parece. Con aspiraciones de figuración dentro del cine de culto, el filme apenas si queda a las puertas de ser una historia bizarra, muy por debajo de piezas maestras de este estilo, como la siempre recordada “Donnie Darko”.