El Panal minimiza poder de daño de Caserio (igual, alista tropa)

Desde el Centro Cívico relativizan el armado provincial que encara el senador nacional en la antesala a la interna partidaria. Confían en que no habrá ruptura en el PJ. Pero por las dudas, pasan lista entre los propios.

Por Yanina Soria
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La avanzada que encabeza el senador Carlos Caserio junto a un grupo de dirigentes de Hacemos por Córdoba para construir un espacio interno propio en el PJ Córdoba, no figuraba en el radar político del gobernador Juan Schiaretti. Menos, en un año no electoral y después de haber quedado legitimado como líder indiscutido del movimiento tras las elecciones del 12 de mayo. Si bien en el Panal sabían que el proceso de renovación dirigencial que culminará en cuatro años cuando el hoy mandamás provincial no pueda repetir en la gobernación, abriría una puerta a las pujas internas, al parecer los tiempos se aceleraron. El tablero de reposicionamientos está en pleno movimiento.

Aunque por ahora no de manera formal, el sector del peronismo local que apoya al proyecto político del presidente Alberto Fernández, decidió correrse de las filas del schiarettismo para iniciar un camino propio, pero sin salirse de las márgenes partidarias. Por eso, tal como adelantó Alfil en su edición del viernes pasado, la idea del caserismo es expandirse y tener representatividad sobre toda la mancha provincial marcando diferencias con Schiaretti respecto a su posicionamiento nacional.

Esta línea interna promete lanzarse en una especie de plenario provincial, será una demostración de fuerza a la que pretenden llegar con el mayor volumen político posible. Por eso, los principales referentes de este sector tejen nuevos vínculos y esperan sumar nuevos adeptos. Mientras tanto, desde el Panal se muestran serenos y confiados. Dicen que la sangre no llegará al río y que el PJ Córdoba no se partirá. Limitan las acciones de Caserio a una jugada política para negociar luego –aseguran- lugares en la nueva nómina de autoridades del PJ y en el eventual armado electoral para el ´21. Minimizar el poder de daño del actual senador es parte de la contraofensiva que se escuchará desde la mesa chica del schiarettismo.



Desde esa teoría, Caserio y quienes lo acompañen no podrían ganar jamás una interna partidaria frente a la estructura con la que cuenta el oficialismo en Córdoba, ni tampoco sobrevivir a una contienda electoral general fuera de Hacemos por Córdoba y con identificación K. Quienes saben interpretar el pensamiento político del gobernador Juan Schiaretti, repiten que en Córdoba no hay lugar para triunfos en las urnas de espacios plenamente identificados con el kirchnerismo. En esa senda, explican también por qué el gobernador ordenó la prescindencia en las nacionales del año pasado y porqué será difícil que se declare alguna vez, parte del Frente de Todos.

Sin embargo, la realidad es que éstas primeras fichas que Caserio movió provocaron, por lo menos, luces de alerta en la conducción del peronismo cordobés. Es que la convicción de que, en realidad, se trata de una puesta en escena no disminuye los riesgos ni la posibilidad de que, efectivamente, pueda haber cimbronazos dentro de la fuerza política que gobierna la Provincia, la Municipalidad de Córdoba, y la mayoría de las comunas y municipios del interior. Y como nadie sabe con certeza cuál será el destino final de este nuevo frente político que se engendra, las directivas bajadas desde el Panal son las de poner paños de agua fría y, por las dudas, pasar lista entre los propios. Evitar nuevas fugas hacia ese sector, es el objetivo.

Aunque pocos crean (o elijan creer) que esta cruzada interna está destinada a naufragar antes de nacer, la realidad es que en Hacemos por Córdoba buscarán los medios para evitar fracturas y éxodos internos. Eso demandará la plena atención y acción de los caciques del PJ en el interior provincial pero también reforzar las fronteras internas del PJ capitalino, donde Caserio busca desembarcar. Como se sabe, la ciudad de Córdoba tiene el padrón electoral más importante de la provincia, un terreno que Schiaretti y los suyos no están dispuestos a ceder.