Una balada furiosa

“End Of The Century”, el disco de los Ramones aparecido hace 40 años, no sólo representó un quiebre en la carrera de una banda que hasta ese momento jamás se había salido de su senda, sino que además, con el single “Baby, I Love You”, marcó el fin de la primavera del punk.

Por J.C. Maraddón
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En su declamado propósito de retornar a las raíces, el movimiento punk renegó a mediados de la década del setenta de esa evolución que había convertido al rock en un género grandilocuente y pretencioso. En la dirección contraria a bandas experimentales como Pink Floyd, Yes, Genesis o Emerson, Lake & Palmer, ellos rescataban la furia primigenia del rocanrol, sobre todo de la generación maldita encarnada por Eddie Cochran y Gene Vincent. Apoyándose en la simpleza y contundencia de esos antecesores, se lanzaron a conquistar el gusto de los más jóvenes, que rápidamente los adoptaron como ídolos con los cuales valía la pena identificarse.
Al abjurar del supuesto progreso que elevó a ese rock elemental hasta las cumbres de la alta cultura, el punk se detenía en una vertiente que, según ellos, era la única que había mantenido encendida la llama que alumbró los orígenes del género. En su purismo, los referentes de la punkitud se solidarizaban con la música de garaje estadounidense, que desde un espacio subterráneo había aportado un sonido chirriante y desaforado, justo en el momento en que las armonías vocales y las cadencias melodiosas triunfaban a través de grupos ingleses como los Beatles o los Kinks.
Ese mismo tono discordante es el que caracterizaría después a The Stooges, MC5 y New York Dolls, formaciones que son consideradas como protopunks, ya que tuvieron su apogeo entre finales de los años sesenta y principios del decenio siguiente. Si se sigue el recorrido de ese reguero de pólvora, al que también hizo su aporte la Velvet Underground, se llega en 1974 al debut en el CBGB neoyorquino de The Ramones, la primera banda netamente punk, cuyo estilo seco y monocorde se convirtió en su sello distintivo. Un año después, la movida se encarnizaba en las Islas Británicas, donde iba a alcanzar un desarrollo fenomenal.
Más allá de que el punk inglés fuese elaborando su propio ideario de nihilismo libertario, con una estética proclive al reciclaje y un mensaje apocalíptico, The Ramones continuaron aferrados a su flequillo característico, sus zapatillas de lona y sus camperas de jean. En cuanto a sus canciones, que casi siempre arrancaban con la voz marcando cuatro y un riff desenfrenado, se mantuvieron fieles a las temáticas adolescentes aun cuando sus miembros ya fuesen adultos. Estribillos tribuneros y ritmo apto para el pogo completaban una fórmula que se repitió a lo largo de sus primeros cuatro álbumes.
Pero hacia 1979, con el punk en franca declinación, el grupo resolvió dar un viraje y se contactó con el productor Phil Spector, el creador de la llamada “pared de sonido” que había tenido su máxima expresión en el disco “Let It Be” de los Beatles. Admirador confeso de ese invento de Spector, el cantante Joey Ramone le propuso hacerse cargo de la grabación del siguiente álbum del grupo, una decisión que culminó en un tortuoso proceso no exento de polémica. Coherente con su currículum, Phil Spector aplicó a los Ramones un procedimiento heterodoxo que desorientó a muchos de sus fans, aunque generó interés en otros públicos.
El resultado de esas sesiones fue “End Of The Century”, un disco aparecido hace 40 años que representó un quiebre en la carrera de una banda que hasta ese momento jamás se había salido de su senda. Y es que al escuchar “Baby, I Love You”, el single más difundido, una balada con arreglos de cuerdas que tenía a Phil Spector entre sus autores y que había sido cantada por las Ronnettes en 1963, quedaba claro que la breve primavera del punk había llegado a su fin. Y que el pop había sobrevivido una vez más.