La industria, la gran perdedora de la última década

Un informe privado indica que el deterioro de la competitividad, que necesita ser revertido para que el sector vuelva a crecer. Hay una pérdida de market share de las exportaciones industriales, que pasaron de 0,15% de las exportaciones mundiales (excluido Mercosur) en 2009 a 0,10% en 2018.

Ayer el INDEC difundió que la capacidad industrial ocupada en diciembre fue de 56.9%, aunque levemente por encima de noviembre sigue muy baja. Desde 2011, cuando la economía entró en “estanflación”, fue el sector industrial el que llevó la peor parte. Entre 2011 y 2019, el valor agregado de la industria manufacturera cayó nada menos que un 18,6% (tercer trimestre de cada año); 16,5 puntos porcentuales más que el PIB, 13,2 puntos más que Construcciones y 10,7 puntos más que Minas y Canteras. La brecha con el sector de Agricultura y Ganadería fue de 25,4 puntos, ya que este último registró una variación positiva de 6,8% en el período
Los datos se desprenden de un trabajo de los economistas del Ieral Jorge Vasconcelos y Marcos O`Connor. Entre 2012 y 2019, en cada uno de los años la performance de Industria Manufacturera fue peor que la del promedio de la economía. Los tres años en los que la caída del sector registró la mayor brecha con la variación del PIB fueron el 2014 (-4,7% vs. -2,4%), el 2016 (-6,1% vs. -2,3%) y el caso más extremo fue el del año pasado, cuando la Industria Manufacturera cayó un 7,6% (tres primeros trimestres) versus una merma del PIB de 2,5%.
No hay dudas que este ensanchamiento de la brecha a 5,1 puntos porcentuales se explica en buena medida por la contracción crediticia que experimentó la economía Argentina desde los últimos meses de 2018.
A lo largo del período, hay etapas con y sin control de cambios, con mayores o menores restricciones al comercio exterior, con y sin metas de inflación. Por lo que es difícil encontrar una explicación al fenómeno de contracción industrial considerando sólo los instrumentos de política económica.
La industria tiene en común con Agro e Hidrocarburos el hecho que produce bienes que son comercializables internacionalmente y están expuestos a la competencia global. Sin embargo, el retorno de la inversión en la industria es más lento (lleva más tiempo) que el que se deriva de invertir en una cosecha o en un pozo “no convencional” de gas o petróleo.
Además, parte de las eventuales ventajas competitivas en agroindustria e hidrocarburos se apoyan en la disponibilidad de recursos naturales, mientras que las chances de la industria propiamente dicha descansan en “todo lo demás” en materia de recursos productivos. Por ende, las elevadas tasas de riesgo país y los problemas de falta de horizonte de las políticas económicas tienden a afectar más a las inversiones y al crecimiento potencial del sector industrial.
A esto se suman otros elementos, con incidencia específica sobre el sector manufacturero, el “factor China” y el “factor Brasil”. La irrupción de la competitividad de China y Asia en general, fenómeno que se empieza a expresar con fuerza desde la primera década del siglo XXI. Aunque existan mecanismos de protección (aranceles, trabas aduaneras, etcétera), las inversiones en la industria local probablemente se han pasado a evaluar “como si” la economía fuera más abierta.
Esto es porque las diferencias para competir de igual a igual pueden llegar a ser tan significativas que para un número importante de proyectos ya no se puede contar con la exportación como mercado, mientras que la facturación en el mercado interno ha pasado a depender de barreras cada vez más elevadas.
Las tribulaciones de la economía de Brasil (que en muchos casos se explican por haber adoptado políticas semejantes a las que llevó a cabo la Argentina) han tenido gran incidencia en el período analizado. Obsérvese que las exportaciones totales de Argentina a Brasil (incluye todos los productos) pasaron de US$ 16.905 millones en 2011 a US$ 10.552 millones en 2019, una caída del 37,6%.
El trabajo señala que pese a la profunda recesión de Brasil (años 2015/16) y, a posteriori, a similar fenómeno en el país, la industria en promedio (hay excepciones, por supuesto) no ha podido compensar en forma perceptible la merma en la facturación local con exportaciones a terceros mercados. Desde 2009 está cayendo en forma tendencial el market share de la industria local en las exportaciones mundiales de MOI, neteadas del Mercosur.
En 2009, la participación fue de 0,15% de las exportaciones mundiales (sin Mercosur), para descender a 0,10% en 2018. Un dato llamativo es que, cuando ocurrió la crisis de 2001/02 (en la que también tuvo participación Brasil) el market share de las exportaciones industriales de la Argentina subió de 0,14% (1998) a 0,18% (2002%). Es decir, en aquella crisis, la industria, por su competitividad, pudo jugar un rol anticíclico, fenómeno que brilla por su ausencia en esta oportunidad.
La dificultad para aumentar el market share en el contexto recesivo de Brasil y la Argentina abre un serio interrogante acerca del potencial de al menos parte de la capacidad ociosa que hoy detenta la industria. Si a esto se agrega la hipótesis de que un buen número de proyectos de inversión en el sector se evalúan “como si” la economía fuera más abierta de lo que surge de los indicadores tradicionales, entonces no caben dudas que se necesita un replanteo integral de políticas.