Hacer pie en Capital, objetivo de Caserio (rescató a Heredia)

El senador sumó al ex ministro delasotista como su alfil en la ciudad de Córdoba, con la intención de ampliar su área de influencia, hasta ahora más centrada en el interior. Todos quieren la unidad, pero se preparan para la guerra.

Por Bettina Marengo
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Uno de los objetivos políticos de Alberto Fernández en Córdoba es la unidad del peronismo y el fin de la grieta entre el PJ Córdoba y el albertismo, cristinismo y/o kirchnerismo. Las elecciones municipales de Río Cuarto son un primer ensayo de unidad en ese sentido. El candidato peronista, Juan Llamosas, pertenece al oficialismo provincial y responde al gobernador Juan Schiaretti, pero cuenta con el respaldo del gobierno nacional, que no presentó lista propia para el 29 de marzo.

Hasta ahora, a nivel provincial hay señales concretas de acercamiento institucional y de gestión entre la Provincia y el gobierno de Alberto Fernández, y notoria buena onda entre los ministros de uno y otro lado que se visitan regularmente, pero entre los número uno, el clima político sigue frío. Tampoco llegó plata, pese a que la Nación ha reconocido deudas con la Caja de Jubilaciones y por obras viales. Como este diario afirmó hace semanas, es posible que las reuniones bilatareles entre ministros sigan, pero eso no significa que deriven en lo inmediato en una foto entre Alberto F y Schiaretti.

Mientras tanto, y sin garantías de acuerdo, el albertismo cordobés se mueve. Carlos Caserio, el senador nacional que es hoy la principal referencia del jefe de Estado en la provincia, intenta hacer pie en la Capital, donde el peronismo llegó al gobierno luego de 46 años, si es que no se cuenta la experiencia en 1999 con el socio liberal-menemista Germán Kammerath. Se trata de un distrito históricamente difícil para el peronismo, cuya jefe política es hoy la diputada nacional Alejandra Vigo, esposa y mano derecha de Schiaretti.



Parte del trabajo de conquistar la Capital para el albertismo recae en Dante Heredia, un veterano dirigente de la populosa seccional 10°que era soldado del fallecido exgobernador José Manuel de la Sota. De la mano de Caserio, Heredia dejó el ostracismo político para ejercer funciones de administrador del PAMI Córdoba, secundando a otro caserista, el intendente de La  Cumbre en uso de licencia, Rubén Ovelar.

Con De la Sota, Heredia fue el presidente del PJ capitalino y llegó a ser designado como Ministro de Transporte de la Provincia. Una de sus primeras mentoras fue Olga Riutort, que en sus tiempos de jefa del PJ Capital y secretaria general de la Gobernación lo ubicó como viceministro de Desarrollo Social de la Provincia, detrás de Herman Olivero. Cuando De la Sota y Riutort se divorciaron, Heredia no rompió con el entonces mandatario. Actualmente, la exsecretaria general de la Gobernación se muestra cerca del Frente de Todos (el año pasado participó en eventos de campaña junto al entonces candidato AF) pero con perfil ultra bajo.

Fue una cámara oculta del periodista y exconcejal Tomás Méndez en contra de quien era el principal alfil de Heredia, Ramón Sánchez, lo que lo sacó de circulación política en 2013. La investigación también involucró a otros de sus hombres, Martín Araoz, ambos funcionarios de Caminos de la Sierras. Sánchez falleció hace un tiempo y Aráoz hoy se desempeña como funcionario municipal bajo el ala de Miguel Siciliano.

Desde entonces, la influencia de Heredia en la Capital se fue desgranando, aunque no tuvo condena judicial. Como dato, cabe resaltar que Méndez hoy tiene una excelente relación con Alberto Fernández y con Caserio, y estuvo a punto de ser candidato a diputado del Frente de Todos en 2019.

Más allá de los antecedentes de Heredia en la Capital, la complejidad del distrito convierte en una empresa difícil el objetivo de Caserio de hacer pie en la ciudad. En el peronismo capitalino manda políticamente Vigo e institucionalmente el intendente Martín Llaryora; ambos son los  ojos de Schiaretti en la ciudad y territorialmente cuentan con el despliegue de las organizaciones sociales. Por fuera del viguismo, también trabaja la legisladora provincial Natalia de la Sota, hija del desaparecido exmandatario, quien “comparte” su construcción con otro delasotista, el viceintendente Daniel Passerini.

Por las dudas

Hasta ahora y durante la reciente campaña electoral, la división política del trabajo en el Frente de Todos establecía que Caserio se recostaba en el interior, a partir de su influencia en el departamento de Punilla y de su relación como presidente del PJ Córdoba con los jefes peronistas de toda la provincia. De hecho, varios de ellos hoy ocupan cargos en el gobierno nacional.

El kirchnerismo se mantenía en Capital, con el trabajo territorial de La Cámpora, de otras organizaciones K y también con la inserción universitaria de la ex Unidad Ciudadana.

Ahora, Caserio busca liderar el peronismo albertista de Córdoba con todos los sectores adentro, un lugar a construir y que podría disputarle el intendente de Villa María en uso de licencia y actual viceministro de Obras Publicas, Martín Gill, quien viene trabajando con los intendentes del interior.

La división territorial anterior quedó en desuso. Ensanchar bases políticas para estar en condiciones de dar peleas en 2021 y 2023 es el objetivo. El senador ya dijo que si no hay acuerdo entre Alberto Fernández y Schiaretti y el PJ Córdoba no se suma al PJ nacional, como sucede en el resto de las provincias, su espacio podría tomar decisiones al margen del oficialismo provincial o impulsar un llamado a internas.

Tanto a nivel nacional como a nivel provincial, los peronismos están entrando en fecha de definiciones partidarias, que serán clave para los nuevos escenarios políticos. Todos quieren la unidad, como se dijo arriba. Pero se preparan para la guerra.