La inviabilidad bonaerense y los escenarios del potencial default

El casi seguro default de la Provincia de Buenos Aires desnuda una serie de escenarios verosímiles alimentados por la falta de información, que maridan de manera única con la inviabilidad provincial.

Por Javier Boher
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defaultLa mayoría de los hogares argentinos está sufriendo el fin de mes, con una inflación mensual por restauración del IVA que ha impactado más de lo esperado en las finanzas domésticas. Pese a ello, los trabajadores siguen desempeñando sus tareas, mientras que los que están de vacaciones se las rebuscan para aprovecharlas al máximo. Como dice el dicho: al mal tiempo, buena cara.

El casi seguro default de la provincia de Buenos Aires (por una deuda tomada por Scioli con la aprobación de Kicillof, allá lejos y hace tiempo) abre una serie de interrogantes para el conjunto de los habitantes y de las provincias del país, que indirectamente ven sus posibilidades restringidas o condicionadas por lo que ocurra en la inviable provincia gobernada por el ex ministro de economía.

La decisión del gobierno bonaerense puede ser interpretada desde distintos lugares, aunque siempre con información insuficiente (porque se sabe que son reticentes a compartir datos que involucran a todos). Es una situación con demasiadas explicaciones posibles.



Primer escenario: El presidente quiere disciplinar a los más ideologizados de la coalición de gobierno. Niega asistencia a la provincia, presionando para que no se encierre en el discurso dogmático del cristianismo hormonal. Así supone que podrá evitar el desbande, con una nueva implementación de la clásica receta del látigo y la chequera.

Segundo escenario: No va a haber default. La idea es amenazar hasta el último para anunciar un rescate con quita. Suena mucho más probable si se agrega la posibilidad de algunos vivos de hacer negocios comprando barato ahora que el precio está por el piso, para vender al precio del rescate. Hacer negocios financieros aprovechando información y recursos del estado es más viejo que el celeste y blanco de la bandera.

Tercer escenario: no les importa el default, porque creen que la emisión no genera inflación. Kicillof tiene todo armado para lanzar patacones, la cuasimoneda bonaerense. Es opción usaron los gobiernos alrededor de la crisis de 2001 para esconder el elevado gasto que no lograban reducir. Así podría otorgar aumentos a docentes y empleados públicos aunque no tenga los recursos para pagarles.

Aunque todas suenan verosímiles, no todas pueden cumplirse, a la vez que las posibilidades de ocurrencia también son distintas para cada una. Lo que muchos temen que pase es lo descrito en el último escenario. El regreso de las cuasimonedas sería un terrible golpe para las expectativas de los argentinos (que según sondeos conocidos esta semana no aprueban la gestión del presidente, aunque todavía sean optimistas a futuro).

Patacones, lecop, lecor y demás son perverso mecanismo a través del cual los gobiernos transfieren su inoperancia e ineficiencia a sus empleados o proveedores, a los que obliga a recibir bonos para saldar la deuda con ellos. Además es emisión encubierta, que puede ayudar a manipular índices o indicadores económicos.

La economía argentina está en un estado delicado, principalmente por acción del gobierno anterior, pero también por fracasos acumulados a lo largo del tiempo, como por ejemplo dilapidar los enormes recursos generados por los commodities a lo largo del kirchnerato.

Ese tipo de recetas no contribuyen a resolver los problemas, sino a dinamitar una estructura fundamental en el sistema capitalista, el dinero, que es el medio para la materialización de los acuerdos de mercado por los cuales productores y consumidores definen el valor de lo que intercambian. En un contexto de alta inflación y recesión, sumar otro elemento distorsivo a los múltiples tipos de cambio existentes y a los precios regulados no parece ser el mecanismo más acertado para lograr previsibilidad entre los más vulnerables que se dice defender.

Aunque sean todas conjeturas, la falta de información al respecto alienta todo tipo de hipótesis respecto al futuro, lo que alimenta el temor de los ciudadanos de cara a lo que puede venir.

Si hay una certeza que se desprende de todo esto es que la provincia de Buenos Aires se ha vuelto más inviable que nunca, un intento fallido de estado independiente que pretende obrar según su propia lógica y sus propias reglas para condicionar al conjunto del país. Bajo la conducción de un personaje como su actual gobernador, la combinación es explosiva.