El ministro de educación, con matemática a marzo

El tuit del ministro Trotta deja en evidencia la larga brecha entre el dicho y el hecho en lo referido a educación. El problema no es el error, sino el no reconocerlo.

Por Javier Boher
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Juan Estrasnoy es el nombre de uno de los personajes que Diego Capusotto desarrolló en la cuarta temporada de su programa “Peter Capusotto y sus videos”, donde intercalaba sketches humorísticos con videos de rock. Estrasnoy es el recordado funcionario del Ministerio de Educación que se enojaba por las malas prácticas del habla.

Si el personaje (que estallaba de ira y se ponía violento con los jóvenes cuando desplegaban los modismos del conurbano rockero) fuese real, sería hilarante ver su reacción a algunos de los errores del último mes, menos graves que la actitud de los responsables ante los mismos.

La referencia del presidente Fernández a que el macrismo había permitido el regreso de enfermedades como la viruela pasó desapercibido por varios, salvo quizás para los epidemiólogos que saben que dicha enfermedad fue erradicada mediante la vacunación hace alrededor de 40 años. Menudo error que el equivalente a Estrasnoy en el área de ciencias naturales hubiese contestado con un coscorrón.



Un poco después fue el turno de Axel Kicillof, actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, que en un intento por acercarse a los sectores populares pronunció un fatídico “haiga” que se viralizó rápidamente. Algunos dirán que lo hizo con sorna, como puede ocurrir más de una vez en cualquier charla informal, aunque quizás podría haber sido más cuidadoso para evitar el ataque encarnizado de las redes. Esto sí caería bajo la jurisdicción del personaje de Capusotto, responsable de velar por las formas correctas del lenguaje.

Otra tarea del mencionado responsable del área de lengua (y suponemos, de literatura) sería reaccionar a la mención que hizo el presidente a las novelas de Borges, esas magníficas e inexistentes piezas literarias de un tipo que se dedicó a escribir cuentos. Peor que no leer a Borges es querer hacerle creer al resto que sí lo hiciste.

Finalmente, el departamento de matemática debería caerle con todo el peso de la burocracia a los docentes responsables de enseñarla en las aulas. Los históricos y alarmantes bajos puntajes en el área quedaron en evidencia con la trivia que tuiteó el mismísimo ministro. Habría que ver si el Estrasnoy matemático le pegaría a la máxima autoridad en la jerarquía a la que pertenece.

En la imagen compartida por el titular de educación (esas típicas placas que reemplazan números por íconos, sólo superadas en chatura por las que se preguntan sobre cuál sería el primer tanque en llenarse) había una operación en la que el ministro resolvió una potencia de manera equivocada. Hasta allí, nada muy grave. Pero… como dice el dicho, errar es humano; insistir es de brutos.

Ante la corrección que recibió por parte de algunos tuiteros, en lugar de reconocer el error y disculparse (algo absolutamente normal en cualquier persona) hizo una interpretación caprichosa de la imagen, todo para evitar reconocer la pifia, como si de eso dependiera toda su gestión. No sorprende a nadie ver a referentes del kirchnerismo tratando de negar lo que los números dictan.

Apenas una hora antes de tuitear el terrible error (que seguramente partió de alguno de sus subalternos) había subido una foto controlando los precios acordados por el gobierno, lo que deja algunas dudas en el aire: ¿un ministro no está para cosas más importantes? ¿no es más barato enviar pasantes, o beneficiarios de planes sociales? ¿sabrá calcular el precio por kilo o por unidad para saber efectivamente cuál conviene, o sólo revisa lo que le pasan en la lista?.

Para ser un movimiento político que se jacta de su intelectualidad, de su amor por la ciencia y su búsqueda del conocimiento, son demasiados errores en un mes. Lo peor, sin embargo, es negar el error en lugar de reconocerlo y enmendarlo.

Como docente siempre les repito a los alumnos el significado detrás de la famosa “sólo sé que no sé nada”, frase de Sócrates relatada por Platón (porque aunque Menem las haya leído, no existen obras escritas por el primero). Allí el filósofo deja en claro que, mientras más se sabe o se aprende, más se es consciente de todo lo que falta, porque el conocimiento es inagotable. Como contraparte, sólo los que saben poco creen saberlo todo, incurriendo a la larga en la soberbia del ignorante.

La respuesta del ministro -no la que haría enojar al Estrasnoy matemático, sino la que formuló ante las críticas- deja más o menos claro cómo se posiciona el responsable de hacer que los chicos entiendan el valor de la reflexión, el reconocimiento de los errores y la duda para la construcción del conocimiento ante todos estos fenómenos. Esa respuesta lo mandó a marzo.