Nepotismo del bueno

Con algunos nombramientos, el kirchnerismo dejó en claro que el nepotismo solo existe cuando se denuncia desde la oposición. Si no, bien podría ser una verdad peronista de gestión.

Por Javier Boher
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No hay dudas de que una cosa es la política en el poder y otra cosa es la política en la oposición. La diferencia no solo radica en la posibilidad de definir un rumbo de gestión (responsabilidad que recae en el oficialismo, limitado por el control de la oposición) sino también en la cantidad de vacantes que hay para cubrir.
Argentina es uno de los países en los que cada cambio de gobierno significa que un par de centenares de funcionarios deben ser designados en los cargos. Esa situación contrasta fuertemente con los casos de países con estructuras burocráticas profesionalizados, en donde los cargos políticos operan casi como enlace entre quién manda y una administración pública bastante independiente.
Esa gran cantidad de vacantes que se genera cada cuatro u ocho años debe ser ocupada por personas de confianza, especialmente en tiempos de polarización extrema, en los que los rivales son enemigos y las objeciones al rumbo son traiciones imperdonables.
En ese plano de la cuestión, es difícil concebir personas más leales que los parientes, aquellos con los que hemos compartido una vida, conociendo a fondo hasta qué punto son capaces de acompañarnos. Hermanos, primos, tíos, todos son una referencia de confianza cuando hace falta pisar sobre seguro.
Cuando entre diciembre de 2017 y enero de 2018 explotó el caso de la familia Triaca ocupando diversos espacios en la función pública, la reacción del gobierno macrista fue la sanción de un decreto para limitar la práctica de nombrar parientes en el estado.
Así fue como Triaca, Bullrich, Aguad, Santos, Dietrich, Peña y varios más tuvieron que ver partir a aquellos a los que les habían conseguido un carguito pagado con los impuestos de todos. Una reacción, pero acertada, a una situación que había despertado indignación en una oposición que reclamaba más profesionalidad al plantel de funcionarios del macrismo.
Tal medida fue criticada por algunos, que entendían que allí radicaba una demagogia estúpida, que podía privar al sector público de cuadros capaces y formados. El problema de situar varas tan altas es que después es muy difícil mantenerlas: queda muy mal bajarlas para poder superarlas cuando la conveniencia nos empuja a hacerlo.
A su llegada al gobierno, Alberto Fernández se preocupó por eliminar el decreto antinepotismo sancionado por Macri. Los mismos que se quejaban hace dos años, hoy se encargaron de hacerse los zonzos para ubicar a los parientes. Otra vez el doble estándar de parte de los guardianes de la moral.
Ayer se conoció el nombramiento de Ángel Francisco Mercado (sobrino nieto de armando Mercado, fallecido exmarido de la gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner) y de Raúl Alberto Garré (hermano de la exministra de Seguridad, Nilda Garré) como directores del Banco Central de la República Argentina (aquel en el que en su momento fue nombrada la joven hija de Agustín Rossi).
Gerónimo Javier Ustarroz, primo del ministro del interior Wado De Pedro, fue elegido como representante del poder ejecutivo nacional en el Consejo de la Magistratura.
Luana Volnovich, la actual pareja de Máximo Kirchner, fue bendecida con la conducción dell PAMI. Desde allí, de paso nombró a su hermano, Guido, en el directorio. Quizás en su familia hay muchos jubilados y quieren tratarlos bien.
Malena Galmarini fue nombrada en AySA, algo que seguramente obedece a todo lo que como politóloga debe saber sobre agua y saneamiento, y no al hecho de ser la esposa de Sergio Massa.
Felipe Solá nombró a su cuñado en la cancillería, quizás para que lo ayude con el tema de los idiomas, ya que él no maneja ninguno más allá de un deficiente español. Agustín Rossi metió a su primo en el Ministerio de Defensa, probablemente para no levantar la perdiz si aparece aquel misil que se le perdió en su gestión anterior.
También está el primo del cuervo Larroque, que es diputado, en el Instituto Nacional de Seguridad Social para Jubilados y Pensionados. Gustavo Beliz -secretario de asuntos estratégicos- tiene al primo como secretario de medios, tal vez para que consiga que se pasen las series en idioma original, así no extraña los casi quince años que pasó viviendo en Estado Unidos.
El Jefe de Gabinete Santiago Cafiero tiene a un primo Francisco en el Ministerio de Defensa y a su tío Mario en el INAES. Es lógico, porque son como 100 los sucesores del abuelo Antonio, que les inculcó el amor por la función (y la retribución) pública.
No hay dudas de que la demagogia antinepotista de Macri fue mala, pero el nepotismo en obras de los que ayer lo criticaban es mucho peor, porque deja en evidencia la incapacidad de mantener viva una promesa. Pese a todo, no parecen acusar recibo.
Así, «que los parientes sean ungidos, antes de nombrar a cualquiera; tengan unión verdadera, cuando tiempo de gestionar sea; porque si entre ellos se pelean, ganan elecciones los contreras» podría ser una buena reinterpretación justicialista del consejo que Martín Fierro le dió a sus hijos, una especie de anexo a las veinte verdades peronistas.