Pida por los jubilados en el brindis navideño

Entre los muchos ajustes, jubilados y productores se llevan la peor parte. Sin embargo, los primeros tienen más para enojarse, porque los políticos dejaron intactos los privilegios de los que gozan.

Por Javier Boher
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¡Jo, jo, jo, qué semanita que tuvimos, amigo lector! La verdad que los muchachos se pusieron creativos y se comportaron como los padres: en silencio, y sin que nadie se dé cuenta, pedazo de regalo se mandaron. A juzgar por la cara de la mayoría, los sorprendieron con un maraño que no esperaban recibir.

Estoy seguro que un lector tan informado de las vicisitudes de la política como usted no se habrá pasado por alto el detalle del tratamiento exprés que le dedicaron nuestros legisladores, esos seres de luz que definen el reglamento con el que se va a dirigir el partido que venimos perdiendo por goleada.

La cosa fue más o menos así: se presenta el martes, se trata en comisión de diputados el miércoles (se histeriquean un rato con el quórum), el jueves empieza a tratarlo diputados, lo aprueban el viernes tempranito, llega al senado y lo tratan sobre tablas (sin pasar por comisión) para aprobarlo el sábado a la madrugada.



A esta altura de la vida, con hijos chicos y matrimonio recién empezando, nos cuesta organizar un asado de seis amigos en menos tiempo que el que necesitaron estos cosos para reunir alrededor de 150 voluntades. Al final era como decía el general: “la organización vence al tiempo”, aunque esta vez haya sido para ganarle la carrerita de terminar todo antes del fin de semana para disfrutar del sol en la pileta.

Lo que hay que reconocerles (además de que consiguieron los números con los poncho yeré del Geronte de las Sandalias) fue que lograron imponer el nombre que les quedaba cómodo. No sé usted, pero les envidio esa capacidad nominativa que tienen: “Ley de solidaridad social y reactivación productiva” suena mucho mejor que “ajuste por congelamiento de jubilaciones e impuestazo sobre los sectores productivos y los pequeños lujos del laburante que trata de olvidarse del quilombazo económico viendo series en Netflix”.

Es una cosa medio rara, porque aunque ganaron la parte de ponerle el nombre, pese a que metieron más emergencias que los sensores de los aviones de película cuando se van a pique, la gente solo se acuerda de que mandaron las jubilaciones del medio al freezer y clavaron una devaluta de incógnito manoseando al dólar con impuestos.

Dicho sea de paso, ahora hay dólar soja, dólar industria, dólar tarjeta, dólar turista, dólar streaming y como quince tipos de dólar en total. Es muy curioso eso de querer desalentar el uso de la moneda extranjera y multiplicar las denominaciones de la misma. Si no fuese irritante y engorroso sería gracioso.

La otra es el tema de las jubilaciones. Cuando hace dos años Gatricio alentó el tratamiento de la reforma jubilatoria salieron los muchachos de la izquierda llorando ajuste y le tiraron tantas piedras que parecía que habían armado las escolleras de la Bristol en la puerta del congreso. Ahora parece que la nafta está muy cara para mover los bondis hasta la plaza, es un quilombo.

Es interesante que los que cobran las jubilaciones de mitad de tabla tienen que ser solidarios con los de abajo, mientras los diputados, senadores, jueces, fiscales y demás tipos que han vivido siempre de la nuestra pueden seguir recibiendo los aumentos como corresponde. Es lógico, si en definitiva le van a meter impuesto a los autos de lujo en los que andan Oyarbide, Zaffaroni y el resto de los muchachos, suena lógico que no puedan ajustarlos dos veces.

Al respecto le puedo decir que la cosa es tan ridícula que el argumento es que la clase política no se ajusta porque “no es la que hace el esfuerzo” a la vez que “no es un elemento productivo del país”, tal como dijo el Garrochista de Punilla, Carlos Caserio, que salió a defender el privilegio que quiere tener cuando salga del aguantadero que funciona en el Senado. Gracias, estimado, es lindo saber que va a defender a Córdoba, a sus jubilados, a sus productores y a todos sus ciudadanos con ese empeño y transparencia (especialmente esta última, por la honestidad con la que habló ante las cámaras).

Ya le digo, amigo lector: yo no puedo meter a todos en la misma bolsa. Mientras unos votaron para quedar fuera del alcance de la ley, otros propusieron que sea igual para todos. No le voy a decir quiénes, porque usted sabrá. Solo digo que después la gente se enoja, prende fuego todo (como en Chile) y pierde el foco de quiénes fueron los que votaron por sus privilegios y quiénes por meterle la mano a los que vienen desde el macrismo más golpeados que lata de oferta en el supermercado.

Esperemos que el Chapito Guzmán esté en lo cierto, que todos los estudios que lo avalan sirvan para algo más que para excitar al progresismo académico conicetero y que El Profesor esté encabezando el inicio de la recuperación. No por él ni por su gabinete, sino por los pobres viejos a los que congelaron y mandaron de vuelta a tribunales para reclamar por lo suyo. De última los jóvenes tenemos tiempo para volver a ver al dólar en libertad. Muchos jubilados ya no van a tener tiempo de ganarle el juicio al Estado para volver a tener una jubilación acorde a sus aportes. Pida por ellos en el brindis navideño.