Primera semana y ya aceleraron a fondo

Una semana de gobierno y ya quedó en evidencia que volvieron a terminar lo que habían empezado. Sin embargo, no todo parece tan armónico: hay algunos que están esperando a que lo choquen pronto.

Por Javier Boher
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Ya está, amigo lector. Se terminó la espera, esos nervios de no saber cómo iba a ser la cosa. Al final el sol sale y se pone como todos los días, aunque sí se nota un poco más de fervor compañero de parte de los que se pasaron cuatro años algo cabizbajos y despotricando contra la gatiarquía. Después del resultado de octubre se sabía que esto iba a pasar.
La verdad que hasta ahora no han decepcionado ni un ápice. Más o menos se ha ido dando todo lo que esperábamos de parte de los que se fueron en 2015, que si volvieron mejores fue solo porque ahora saben de qué manera no perder el tiempo para ponerse al día con el enchastre que estaban haciendo cuando se fueron. Son como los bebés chiquitos, que registran que están perfumados y listos para salir a pasear para volver a hacerse encima y retrasar de nuevo la partida.
Ojo, que no todo fueron pálidas. Ya sabemos que el discurso del Profesor Beto fue antigrieta, esperanzador y positivo. El tema es que si el que te propone casamiento sigue compartiendo casa con los solteros caravaneros, difícilmente le creas que quiere sentar cabeza. Esto es como la magia, que uno quiere creer pero sabe que atrás de todo al final hay un engaño.
Si repasamos un poco la primer semana de gobierno es fácil darse cuenta como viene la mano. A los gobernadores les agradecieron el apoyo y les dieron solo una palmada en la espalda, con la Aforada de Recoleta casi prendiéndose un pucho después de la atención que les dispensó. Manotearon menos cargos en el gobierno que caramelos un manco abajo de la piñata.
Ya desde la Asunción volvió parte de la liturgia peronista, pero no la de los compañeros con panza esférica de asado sindical, sino la nueva era de igualdad sexual y whipala de pueblo originario. Sigo sin entender mucho como un delegado de los cañeros tucumanos va a encajar en un proyecto político con el progre vegano de Palermo, pero en principio todos están adentro, repitiendo que no entendemos el sentimiento. Ni saliendo por sorteo les iba a dar tan dispareja la selección.
Algo de esto ya habíamos hablado, amigo lector. Como habitantes de provincia agroindustrial los cordobeses tenemos más o menos claro cómo funciona la cosa con el campo. Parece que el gabinete unitario del Profe Beto y los golden boys de La Cámpora no se han dado cuenta cómo está el humor del gringaje y salieron a meter mano en la caja con más desesperación que Pandora: suba de retenciones agrícolas, por las dudas y antes de sentarse a tomar ni un mate.
Es notable la distorsión que tiene esta gente respecto al funcionamiento de la economía argentina. Parece que se han quedado con lo que han leído en algún manual de historia Kapelusz de mediados de los 90’s, con esa idea nac&pop de que el campo son veinte familias oligárquicas que sólo hablan en inglés mientras toman té y juegan Bridge en el Jockey Club. Son los Amish de la política y la historia, viviendo como si fuese la década del 20 del siglo pasado, sin entender que la soja ingresa más divisas que la minería, el petróleo y la industria automotriz juntas. Pero la industria y ñañañaña.
La suba de retenciones le ha dado de lleno al núcleo duro macrista, que viene agitado y movilizado desde antes de la elecciones, en las que el Gato manejó un tractor, habló desde la caja de una camioneta al mejor “peronian style” y se tomó alguna gaseosa en un bar de pueblo. Claramente los muchachos de La Cámpora se han tomado esto en un tono personal, olvidándose aquello de que el que se enoja, pierde.
Salieron con los tapones de punta contra el campo y ahí los están esperando con menos ganas de correrse que automovilista sordo cuando viene la ambulancia. Encima la justicia salió a reflotar una causa contra dirigentes rurales que estuvo parada once años. Yo tenía un compañero muy chupamedias que le llevaba una manzana a la profe todos los días, pero lo del poder judicial ya es un récord de genuflexión: quieren ser como el verdugo de Robespierre, quedar bien con el que da la orden, aunque después lo terminen ejecutando.
Yo de estas cosas no entiendo mucho, amigo lector, porque el dialecto con el que se maneja la tribu justicialista me es algo ajeno. Algunas veces desde las ramas de mi árbol tengo problemas para decodificar su diálogo, pero pareciera que el peronismo ortodoxo que se ha alineado con el profesor les ha dejado vía libre a los muchachos de hombros vírgenes de La Cámpora.
Qué quiere que le diga: me da toda la impresión de que los intendentes, los gobernadores y todos los que más o menos saben de esto les han dado el volante de todo lo que tiene caja para que conduzcan como les plazca. Esos zorros del peronismo están convencidos de que en la primer curva los entusiastas chicos de country, remera del Che y vacaciones en Macchu Picchu van a pasar de largo y se van a quedar fuera de carrera.
Por último, le repito lo que ya le he dicho otras veces: sin plata no hay forma de gobernar este loquero. ¿Cuanto puede durar esto de doble indemnización, créditos a tasa negativa para desendeudar y baja de tarifas en una economía inflacionaria que no se puede financiar?. Deje que los teóricos que compraron ese verso del “vivir con lo nuestro” sigan con su experimento, pero prepárese como si ya hubiese fracasado. Si les va bien, mejor para todos. Si no, mejor estar bien parados.