El Panal teme que AF pida neutralidad frente a retenciones

Los aranceles a los exportadores agropecuarios quedaron nuevamente en el núcleo de la tensión entre Córdoba y el gobierno nacional. Sin interlocutores y con los tiempos acelerados, preocupó el discurso de CFK sobre la iniquidad de fondos nacionales para el conurbano, base electoral de Alberto y Cristina.

Por Bettina Marengo
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Alberto Fernández comenzó a gobernar y se aceleraron los tiempos de las decisiones que involucran a Córdoba. Es la economía, dijeron los demócratas norteamericanos cuando le ganaron las elecciones a George Bush en 1992. Más allá de las diferencias políticas y de los enconos mutuos, que los hay y agravan el cuadro, las tensiones fuertes que se vienen entre el flamante presidente y el gobernador Juan Schiaretti serán por cuestiones de plata. Es la economía que permite hacer política y ganar o perder elecciones, se podría agregar.

El tema con mayúsculas tiene que ver con las retenciones a las exportaciones agropecuarias, que ya está puesto sobre la mesa por Alberto Fernández y su equipo. El fin de semana, el gobierno nacional eliminó el tope de cuatro pesos por dólares de retención, fijado por Mauricio Macri cuando la divisa estaba a mitad del actual valor, y modificó los derechos de exportación. El gobernador de Córdoba mostró anticipadamente su juego: hace rato que viene llamando a defender al campo y a la agroindustria como a una economía regional. “Córdoba progresa por el campo”, sostuvo como en 2008.

En ese escenario, albertismo y schiarettismo todavía no encuentran interlocutores válidos y reconocidos para sentarse a negociar temas finos, más allá del histórico dirigente peronista Jorge Montoya, que hace rato que viene trabajando políticamente en la mediación y que la semana pasada fue designado en una Secretaria de Estado (Integración Regional), directamente conectada con el jefe de El Panal.

En el medio, las palabras de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en La Matanza, durante la asunción del intendente o Fernando Espinoza, incrementaron la ansiedad del Centro Cívico. La expresidenta habló de las inequidades del reparto de recursos entre CABA y las ciudades del conurbano. “Allá (por Capital Federal) hasta los helechos tienen agua y en el conurbano chapotean en el barro”, ejemplificó. En este nuevo consenso que quiere construir nuestro presidente, debemos comenzar a discutir una distribución racional de la asignación de los recursos, más allá del color político de los distritos”, sintetizó Cristina. Las palabras fueron leídas en el entorno de Schiaretti como una defensa de los intereses del principal bastión electoral del PJ y del kirchnerismo, el conurbano, territorio no distrital artífice del triunfo en primera vuelta de la fórmula Fernández-Fernández, y donde hoy gobierna el cristinista Axel Kicillof. Y a la vez, como un conato de advertencia no sólo a CABA sino también a Córdoba y Santa Fe, distritos que son los grandes aportantes de divisas por las exportaciones del complejo agroindustrial.

En los corrillos del oficialismo provincial estiman que Alberto quiere gestos concretos de apoyo a Schiaretti, que no tuvo hasta ahora, más allá de la promesa de trabajar “codo a codo” con Nación”. Y que esas señales tengan que ver con un laissez faire o al menos neutralidad frente a la decisión de retocar las retenciones y la política arancelaria para sectores exportadores. Toda una prueba para el cordobés, a horas de que empiece a regir el cierre del registro de exportaciones anunciado para hoy por el Ministerio de Agricultura que conduce el formoseño Luis Basterra, y en el marco de la advertencia de los sojeros de salir a las rutas como en 2008.

No es una expresión de deseo en abstracto de la Casa Rosada: el flamante jefe de Estado sabe que Córdoba necesita de la Nación y conoce que los números de provincia son tan delicados como los nacionales (pero en última instancia el gobernador no tiene la maquinita de imprimir), con deuda en dolares y una recaudación provincial que lleva catorce meses de caída real. A esto se suma las necesidades de la Caja de Jubilaciones, cuya financiación está ligada al Pacto Fiscal del 2017 que ahora está en discusión.

El problema es que, además de los millones de dólares que Schiaretti no quiere que se vayan de Córdoba ni al a las arcas nacionales ni al “conurbano peronista”, las bases electores del PJ provincial están en o se representan a través de lo que simbólicamente se denomina “campo”, aunque la población rural sea mínima. Y su defensa ha dado pingües beneficios electorales al PJ cordobés y al oficialismo encabezado tanto por el actual gobernador como por el fallecido José Manuel de la Sota. Con tiempos acelerados por delante, sin margen para berrinches, será clave para Schiaretti cómo se manejan gobernadores del PJ no K aliados de Alberto, como el santafesino Omar Perotti, con quien el cordobés tiene una buena relación, y el entrerriano Gustavo Bordet. Ambos, a quienes el Presidente visitó estratégicamente en sus respectivas asunciones, también sentirán en sus provincias las presiones del “campo”.