La elección soñada podría convertirse en pesadilla

La hegemonía del peronismo todavía se vive con la euforia y el amor de los recién casados. La convivencia y la falta de oposición pueden alentar la ruptura de los ambiciosos.

Por Javier Boher
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La política es un arte complejo que tiene algunas reglas más o menos claras con las que se puede empezar a jugar. Dentro de estas se encuentran algunas como la retribución por los favores recibidos, premiar la lealtad y militancia (en los distintos niveles) y ejercer el poder para que no se vuelva en contra.
Esas tres reglas son las que se van a empezar a poner a prueba en esta nueva faceta hegemónica del peronismo cordobés, que tras haber arrasado en las elecciones del mayo pasado no sólo se hizo con un enorme poder en los distintos niveles, sino que además lo puede ejercer frente a una oposición partida.
Las veleidades de los dirigentes opositores provinciales ha dejado en evidencia que sirven para volar bajo, sin más ambiciones que acomodarse en la poltrona. La multiplicidad de facciones en una oposición minoritaria no presenta ninguna amenaza de control para el gobierno: los legisladores que decidan ocupar ese rol quedarán gritando en solitario, casi como objetores de conciencia que puedan señalar al resto si se cumplen sus profecías.
La amplia mayoría que consiguió Hacemos por Córdoba en la Legislatura seguramente tendrá el efecto de reducir aún más el debate dentro de la cámara. A modo de broma, alguien decía que hicieron el nuevo edificio al lado del Panal para que el cadete de la escribanía (por esa definición que suele usar la oposición cuando se refiere a la unicameral) no tenga que caminar tanto para llevarle los papeles al gobernador.
Esa situación, sin embargo, traerá aparejadas nuevas situaciones que el peronismo deberá asimilar, algunas de las cuales han estado contenidas durante demasiados años. Esas simples reglas de la política entrarán en juego para redefinir los equilibrios internos del justicialismo cordobés.
Aquella máxima de que el poder que no se ejerce se vuelve en contra será fundamental. ¿Cómo puede ejercer el poder un gobernador sin rival interno (ni socio fuerte) tras la muerte de De la Sota, con una mayoría de casi tres cuartas partes de las bancas de la Unicameral y una oposición diezmada, para imponer una nueva agenda que ratifique su liderazgo?.
El horizonte de cuatro años a su mandato le suman una cuota de previsibilidad: aún manteniendo el liderazgo hasta el final, éste perece el día que las elecciones de 2023 definan quién lo sucederá en el panal.
La tensión con el kirchnerismo en el poder central será probablemente explotada para construir un relato de unidad peronista en defensa de los intereses de los cordobeses. Ahora bien, con una recuperación que los más optimistas sitúan en un plazo de unos tres años, los recursos para mantener alineada a la tropa irán escaseando. Allí jugará la billetera con la que Buenos Aires tratará de comprar lealtades.
El escenario, entonces, se complejiza: esos bloques hipertrofiados deben encontrar una motivación para mantenerse leales, de lo contrario existe la posibilidad de la fractura. Sin un liderazgo efectivo sobre esas líneas, que el mandato de Schiaretti tenga fecha de vencimiento seguramente seguramente incentivará a algunos a rebelarse.
En ese punto el gobernador fue lo suficientemente hábil como para empoderar a sectores minoritarios que multipliquen la oferta de liderazgos de segundo nivel, debilitando a los posibles rivales internos. Hay que ver si eso paga.
El regreso de Accastello, la posición de Llaryora, Calvo o Passerini y las intenciones de algunos otros que sueñan con ponerse la banda de gobernador, son una señal de que están todos adentro, pero que si se aumenta la heterogeneidad también lo hace el riesgo de la fractura.
Seguramente algunos estarán pagando favores, o tal vez tengan que pagar los que les hicieron en algún momento. Muchos aprovecharán para reforzar su militancia o pretenderán un mejor precio por su lealtad, que el peronismo sabe retribuir para no perder.
La tentación de una reforma constitucional que estire el umbral temporal de Schiaretti y postergue el desenlace puede fomentar todo lo opuesto, obrando como catalizador para el quiebre. La situación es tan compleja que las alternativas no abundan.
La elección del peronismo cordobés lo expone a situaciones inéditas. Si no hay otros partidos que presenten alternativas, estas van a terminar apareciendo desde adentro del mismo oficialismo provincial. Así, la elección soñada de mayo se puede terminar convirtiendo en una interna de pesadillas.