Que se cierre la grieta (entre kirchnerismo y peronismo duros)

Pasados los discursos y los gabinetes, vuelve a quedar en claro que las diferencias entre ambas ramas de la coalición peronista no se pulieron debidamente en la previa.

Por Javier Boher

Pasados los discursos de asunción, con los gabinetes ya armados y con algunas propuestas dando vueltas por el aire, otra vez se vuelve a plantear la idea de que la grieta que tiene esa coalición peronista que accedió al gobierno como Frente de Todos es mucho más grande que lo que se acepta regularmente.
Mientras Alberto Fernández llamó a la concordia y a la “reconciliación”, Axel Kicillof apostó a aumentar la división. No ahorró críticas explícitas a la gestión de Vidal, marcó una agenda en línea con el imaginario camporista y puso la pelota en el campo del presidente en lo referido a las tarifas. Para el gobernador bonaerense el país se hace sin los que dejaron de gobernar el martes.
Esa tensión entre los sectores sociales que se identifican con ambas facciones fue debidamente registrada hace poco más de un mes por un sociólogo llamado Daniel Schteingart en un artículo titulado “¿Distintos o no tanto?”, con información obtenida de una serie de encuestas por internet (sobre las que siempre aclara que su universo no es representativo de la totalidad del país y por lo tanto no pueden extrapolarse directamente).
El sociólogo identifica tres grupos dentro del espectro de apoyo al FdT: el peronismo a secas, el peronismo kirchnerista y el kirchnerismo a secas. Las diferencias quedaron sumergidas por la tarea de “expulsar” a Cambiemos del poder, otra coalición con importantes diferencias internas que logró sobrevivir a las mismas.
Como primer variable para entender la diferencia se puede pensar en la edad: los kirchneristas a secas -refractarios del peronismo- son los que identifican al movimiento del General Perón con la experiencia menemista de los ‘90. Son aquellos que hoy están alrededor de los 40 años, para los que el peronismo fue cómplice del “neoliberalismo”, el enemigo preferido.
Hacia abajo de esa franja, entre 20 y 30, está el peronismo kirchnerista, que vivió su juventud o su adolescencia travesada por la experiencia del kirchnerismo y la bonanza de esos años. La franja superior, de más de 50 años, es la del peronismo a secas, que recupera la idea del peronismo como sinónimo de orden y tradición que aprendió en su juventud o infancia.
El peronismo, K y no K, sería más nacionalista que el kirchnerismo a secas, más identificado con nociones de izquierda con referencias a la región o al mundo. La idea del kirchnerismo de que hay oprimidos y opresores (en todo el mundo y sobre distintos temas, como la sexualidad) desdibuja los límites geográficos.
Otro elemento que se ve con claridad es la relación del peronismo a secas con la religión católica, vínculo que se va diluyendo a medida que se va corriendo al kirchnerismo a secas, donde sobresale el ateísmo. No es un tema menor cuando se piensa en sostener la relación con una figura tan importante como el Papa Francisco, referencia del peronismo a secas y bastante resistido por los kirchneristas sin adjetivos.
El dato más significativo, sin embargo, está en las consecuencias que este tipo de identidades pueden tener sobre las políticas públicas. Ante la pregunta “¿Qué es lo que querés que más mejore en Argentina?”, cada núcleo (así como también el que no se identifica con ninguna de las tradiciones) contestó radicalmente distinto.
El 24% de los que no suscriben ni al peronismo ni al kirchnerismo expresó que la productividad es lo más importante a mejorar, y el 33% que el problema es la pobreza. Su modelo sería el que creen que existe en el primer mundo: a mayor productividad, mejores sueldos y menor pobreza.
En el peronismo a secas se mantiene la preocupación por la pobreza, pero la desigualdad sube al 39%, todo a costa de la productividad (pues el desempleo como preocupación se mantiene también fijo en el 9%). Es la ilusión del primer peronismo, el de la expansión industrial, la sindicalización y la mejora del estándar de vida.
El kirchnerismo a secas revierte todo: caen la preocupación por la productividad (4%), por el desempleo (16%) y la pobreza (27%). La mayor preocupación para el 53% de los kirchneristas a secas es la desigualdad. La igualdad en la pobreza no sería un problema: es el modelo de países como Cuba.
El artículo es mucho más jugoso y un par de párrafos no le hacen justicia. Sin embargo, las diferencias que hemos alcanzado a desarrollar marcan que la grieta entre el peronismo tradicional -más conservador y ligado al trabajo- y el kirchnerismo -con proclamas más a la izquierda intelectual y abstracta- irá impactando progresivamente más en la relación entre la provincia de Buenos Aires y el gobierno nacional.
La juventud de La Cámpora, sus consumos culturales de pequeña burguesía intelectual, su desprecio por el sujeto popular del peronismo y la idealización de uno que existe en los libros de las facultades de ciencias sociales, anticipan una tensión real con un gobierno nacional que deberá atender las necesidades -en las provincias- de sujetos colectivos mucho más cercanos al del peronismo tradicional que al del kirchnerismo a secas.
En base a los discursos escuchados hasta ahora, todo parece indicar que esa tensión no se trabajó en los meses transcurridos en la virtual victoria de las PASO y la asunción del martes pasado. Los distintos modelos económicos y sociales de cada sector deberán converger para lograr la convivencia interna y la estabilidad política. Esperemos lo resuelvan pronto.