Albertismo cordobés, sin líder local y ansioso por el reparto

Los dirigentes que, desde afuera del kirchnerismo, trabajaron por la campaña del FdT en Córdoba están ansiosos. Tras la definición del gabinete todavía no hay precisiones sobre el reparto de los cargos y delegaciones nacionales en la provincia. Asbert, delegado local, debe contener hasta que Cafiero defina.

Por Felipe Osman
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La campaña electoral que terminó catapultando a Alberto Fernández a la Casa Rosada estuvo atravesada, de punta a punta, por una particularidad que se exacerbó en Córdoba: la condición del entonces candidato de figura sin rodaje en contiendas electorales.
Esto no representó mayores problemas en las provincias en las que el kirchnerismo es fuerte. A fin de cuentas, nadie se atrevería a negar que el capital electoral que llevó a Fernández a la Presidencia fue -muy mayoritariamente- el que le “prestó” su vice, Cristina Fernández de Kirchner. Pero en las provincias en las que el kirchnerismo no predomina las cosas fueron diferentes, y si hay una provincia en la que el kirchnerismo no predomina, esa es Córdoba.
En estos distritos Fernández debió, de la noche a la mañana, encontrar una estructura que respaldara su candidatura y motorizara su campaña electoral y, desde luego, debía hacerlo desde un lugar distinto al kirchnerismo. Y así sucedió en Córdoba.
El ex legislador provincial Enrique “Quique” Asbert, amigo personal de Alberto Fernández, fue uno de los núcleos alrededor del cual empezaron a aglutinarse algunos dirigentes alejados del ruedo de la política y otros que no encontraban cobijo en el kirchnerismo ni en el peronismo provincial. El senador nacional Carlos Caserio fue otro, aunque éste concentró principalmente a intendentes peronistas de una u otra forma distanciados del oficialismo local o más entusiasmados con el regreso del peronismo nacional al poder que con un futuro dentro de Hacemos por Córdoba. El tercer eje fue el kirchnerismo duro.
Esta dispersión incomodó desde un primer momento a los armadores de Fernández en Buenos Aires, que no quieren que en el albertismo que empiezan a construir en Córdoba se replique el modelos de “tribus k”, propiciado en la provincia por la ausencia de un líder fuerte y por la multiplicidad de interlocutores que en Buenos Aires atienden a los reclamos de cada vertiente del kirchnerismo cordobés.
Todo este escenario plantea un problema difícil de resolver a los asesores del presidente. Por un lado, necesitan prevenir que el albertismo local termine atomizándose, y por el otro son consientes de que carecen en la provincia de un líder que por peso propio pueda centralizar los reclamos y demandas de sus dirigentes sin que estos terminen conspirando en contra de la cohesión del armado.
Trascartón, con el gabinete ya definido la ansiedad empieza a crecer y todos quieren saber que les depara su suerte para nivelar desde situaciones personales hasta compromisos tomados durante la sustanciación de la campaña.
Hasta ahora no hay una solución definitiva. Pero las instrucciones que llegan desde Buenos Aires son claras: todos los dirigentes que trabajaron por la campaña desde el espacio íntimamente albertista deben reportarse a Asbert y evacuar sus dudas o reclamos con el ex legislador, que a su vez debe contener a la tropa. La capacidad o falta de ella para desempeñar este rol es de comprobación instantánea: si empiezan a sonar los teléfonos en Buenos Aires será que las cosas no van bien; si, por el contrario, todos moderan sus ansias y esperan pacientes las definiciones a adoptarse en la capital, será que todo marcha como se esperaba.
Y para que así sea se envían dos mensajes. El primero, que las intenciones del presidente de construir tropa propia en córdoba se mantienen, y que para que esto sea posible el albertismo cordobés contará con los lugares necesarios para asegurar su crecimiento y el mantenimiento de una estructura propia que respalde el juego político de Fernández.
El segundo, que el propio Jefe de Gabinete de la Nación, Santiago Cafiero, está personalmente avocado al desarrollo del albertismo en Córdoba, con lo cual cualquier duda sobre el peso de Asbert ante quienes comandan la empresa desde Buenos Aires debería quedar disipada. Cafiero sería el garante de que en Córdoba existan los medios necesarios para construir albertismo y, sobre todas las cosas, para que “nadie se quede afuera”.