Un género trágico

El rapero Juice Wrld sufrió una descompostura mientras se encontraba en el aeropuerto de Chicago, y falleció luego de ser internado de urgencia en un hospital. A los 21 años, figuraba entre los artistas con mayor futuro dentro de su estilo, que por estos días se encuentra en el centro de la escena.

Por J.C. Maraddón
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La película “Boyz n the Hood”, dirigida por un entonces veinteañero John Singleton, redondeó allá por 1991 un panorama tan realista como dramático de la terrible situación de las minorías raciales en las ciudades estadounidenses, que fue apenas un anticipo de los violentos disturbios que se iban a producir apenas unos meses después, con epicentro en Los Angeles. No iba a ser ni la primera ni la última vez que el arte diagnosticara con precisión fenómenos sociales a los que la clase dirigente demora demasiado en dar respuesta, hasta que la crisis hace eclosión y ya no queda mucho por hacer.
Tampoco es casual que ese tipo de cinematografía y ese estado de cosas haya sido contemporáneo de un estilo emparentado con la cultura hip hop al que se denominó “gangsta”, porque muchos de sus cultores decían pertenecer o liderar pandillas que se dedicaban a asuntos non sanctos. En sus letras, estos raperos hacían plena referencia a las drogas y a la prostitución con una naturalidad desafiante, lo que llevó a que sus discos se ganaran sin esfuerzo la etiqueta de “Aviso para los padres: letras explícitas”, que la legislación vigente obligaba a mostrar en las portadas de este tipo de álbumes.
En el mismo año en que se estrenaba “Boyz n the Hood”, aparecía el primer disco de Tupac Shakur, también conocido como 2Pac, una de las figuras del género gangsta, que planteaba allí cuestiones como la brutalidad policial, el racismo y la pobreza, cuyas consecuencias eran padecidas sobre todo por la población afroamericana. En un panorama dominado por la electrónica y el pop, el rap se convirtió en la música de batalla para aquellos que estaban convencidos de que no tenían nada que perder. Y fue la banda de sonido de un fin de siglo que, sin ese componente, se hubiese ahogado en la melancolía.
En 1992, a raíz del éxito de su debut discográfico, Shakur fue citado para el casting de una película, tal como iba a suceder con otros de sus colegas. En el filme “Juice”, de Ernest R. Dickerson, se veía claramente la lucha cotidiana de los jóvenes afroamericanos que, en los suburbios de Nueva York, deambulaban entre el descalabro de sus familias, el acoso de la policía y el submundo de las pandillas callejeras. En el papel de Roland Bishop, 2Pac asumía un personaje que empieza participando de un robo y termina involucrado en una trama criminal.
Asesinado en las calles de Las Vegas, Shakur se elevó a la estatura de un mito, y su repertorio siguió siendo revisitado por las nuevas generaciones de raperos que lo tomaron como un héroe caído en cumplimiento de su deber. De hecho, una de las flamantes promesas del género, Juice Wrld, tomó su nombre de aquel largometraje protagonizado por 2Pac, como forma de reafirmar su pertenencia a una dinastía de casi 30 años de antigüedad. Con su canción “Lucid Dreams”, basada en el sampleo del tema “Shape of My Heart” de Sting, Juice Wrld alcanzó el éxito el año pasado, al ingresar en el top ten de la revista Billboard con apenas 19 años de edad.
Para sorpresa de todos, el domingo Juice Wrld sufrió una descompostura mientras se encontraba en el aeropuerto de Chicago, y falleció luego de ser internado de urgencia en un hospital. Había cumplido 21 años la semana pasada y estaba considerado entre los artistas con mayor futuro dentro de su estilo, que por estos días se encuentra en el centro de la escena. A pesar de las casi tres décadas transcurridas desde aquellos primeros años noventa, en Estados Unidos subsisten grandes sectores urbanos que padecen el flagelo de la discriminación. Ni el suceso discográfico ni el reconocimiento artístico alcanzan, a veces, para mitigar esa triste condición.