Buena memoria por 36 años de democracia

Lo que el sentido común indicaba, evocar el 10 de diciembre de 1983, momento efectivo de la reinstauración, fue lo primero que se descartó.

Por Jorge González Schiavi

Otra curiosidad argentina: de la democracia se evoca oficialmente su pérdida, no su restitución. El 24 de marzo, como se sabe, es feriado nacional debido a que ese día comenzó la última dictadura. Lo instituyó el kirchnerismo por ley en 2006 bajo el nombre de Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Tres años después, cuando murió Raúl Alfonsín , el entonces senador de la Coalición Cívica Samuel Cabanchik, decidió erigir el 30 de octubre como Día Nacional de la Democracia en recuerdo de las elecciones que significaron, en los hechos, el comienzo de la etapa constitucional más larga de la historia. El Senado aprobó la ley del Día de la Democracia luego de que el kirchnerismo tachara del articulado un detalle: no lo quería feriado. Diputados jamás lo trató. No hubo ley. En parte se entiende que el peronismo exhiba poco entusiasmo en acordarse de cada 30 de octubre. Ese también fue el día en que perdió su invicto, y no lo habían proscripto. Como dijo Pablo Mendelevich nada es inocente en política. ¿Por qué iba a serlo la conmemoración de la democracia? Lo que el sentido común indicaba, evocar el 10 de diciembre de 1983, momento efectivo de la reinstauración, fue lo primero que se descartó. A los K no les molestaba solo la asociación del renacimiento democrático con la figura fundacional de Alfonsín, sino e l h e c h o d e que el 10 de diciembre fuera también (desde 1950) el Día Internacional de los Derechos Humanos. El nuevo gobierno radical le dio mucha importancia en su momento a la coincidencia de la génesis con el Día de los Derechos Humanos. Luego, los Kirchner, ansiosos por adueñarse del concepto, no se preocuparon por borrar del mapa las efemérides, sino por borrarlo a Alfonsín, a quien omitieron de la historia como artífice del juicio a los excomandantes. Cristina Kirchner evitó mencionar el hito incluso el día que “reconoció” con bronce, en el Salón de los Bustos de la Casa Rosada, a un Alfonsín ya muy deteriorado físicamente. Entre bustos presidenciales, contó que ella había llorado por la derrota de Luder. Nada dijo, por supuesto, de que el candidato peronista proponía respetar la autoamnistía de los militares. Más allá de lágrimas o festejos, aun sin una perspectiva partidista podría decirse que el 30 de octubre de 1983 fue uno de esos días de gran ilusión colectiva. Se acabaron los golpes de Estado cívico-militares. Tras las escaramuzas carapintadas los militares volvieron literalmente a los cuarteles y su poder latente se extinguió. De 1983 en adelante por 36 años jamás faltaron elecciones cuando menos cada dos años. Coexistieron tres poderes y funcionó el Estado de Derecho. Algo similar a lo que se podría decir de las libertades individuales. En estos 36 años se contaron diez mandatos presidenciales. Lo irregular devino rutina. El golpe del 24 de marzo, fue una decisión mezquina y ambiciosa donde convergieron otros sectores sociales que reclamaban el orden a cualquier precio, siendo el proceso posterior al mismo, un periodo cruel e inhumano, donde el Estado se quedó sin legitimidad. Durante medio siglo vivimos bajo regimenes autoritarios, en mayor o en menor grado; dictaduras blandas y duras, seudodemocracias, que condujeron a la decadencia cultural, a la degradación de la sociedad civil y la penetración de la intolerancia en todos los aspectos de la vida. Pese a todo, la catástrofe sufrida a partir del 24 de marzo de 1976, permitió en 1983 la iniciación de un ciclo democrático en la vida argentina hasta nuestros días. Era la primera oportunidad en la historia argentina – y una de las pocas veces en el mundo – que un poder civil juzgaba y condenaba, en un tribunal civil a los militares de máxima graduación integrantes de las juntas de gobierno, por delitos cometidos durante el ejercicio de facto de su gobierno en contra de los civiles. Por eso y en homenaje al pueblo que la consiguió, el feriado debió ser el día 10 de diciembre, porque un día como ese de 1983 volvió la democracia a la Argentina, hoy convertida en una conquista social definitiva, razón suficiente para que ese homenaje dedicado a la trágica jornada del 24 de marzo de 1976, se le otorgue a la democracia actual.