Gabinete nacional comprueba repliegue de Alberto en Córdoba

El presidente electo definió su gabinete y no jerarquizó a ningún dirigente cordobés como punta de lanza del albertismo para crecer en la provincia. Tampoco ubicó en la presidencia de Parte a un expectable en términos electorales. En el horizonte, Martin Gill se perfila como un futurible. Pero en el presente inmediato, Fernández pone en stand by la construcción de un candidato en Córdoba.

Por Felipe Osman
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El gabinete nacional quedó definido, y hubo sorpresas, enojos y contradicciones.
De 21 ministerios, 18 quedaron dentro de los límites de la Provincia de Buenos Aires. La mayoría de ellos, hacia el este de la General Paz. Sólo hubo tres para las provincias: dos para Santa Fe y uno Formosa. Ninguno de ellos para satisfacer acuerdos del albertismo con gobernadores del peronismo no K. El pretendido federalismo pregonado durante la campaña quedó en jaque antes de empezar.
El tucumano Juan Manzur es, probablemente, el mandatario más molesto con el armado, ya que se le negó el Ministerio de Salud que quería para Pablo Yedlin. Pero no fue el único. En el caso de Santa Fe, lejos de llevar a la Nación a un hombre de Omar Perotti, se ungió en el gabinete nacional a sus dos mayores competidores, Agustín Rossi y María Eugenia Bielsa. De hecho, solo gobernadores alineados con CFK tuvieron algo para festejar: Gildo Insfrán, por la designación de José Mayans como jefe de bloque PJ en el Senado y de Luis Basterra en Agricultura, y Gerardo Zamora, por la de su esposa -Claudia Ledesma Abdala- como presidenta provisional del Senado.
Sergio Uñac (San Juan) no logró que la Secretaría de Energía quedara para uno de los propios, y Alberto Rodríguez Sáa (San Luis) quedó molesto porque el Frente de Todos le abrió las puertas a su hermano Adolfo, con quien sostiene una declarada enemistad, para regresar al bloque del futuro oficialismo en el Senado. Pami y Anses, dos de de las principales cajas, quedaron para la Cámpora.
En El Panal, sin embargo, la ausencia de cordobeses en el gabinete cayó muy bien.
Fernández no sólo incumplió su acuerdo con el senador nacional Carlos Caserio, que primero sonó como presidente del interbloque del Frente de Todos y de la bancada PJ en la Cámara Alta, después como ministro de Transporte, y finalmente quedaría como presidente de la Comisión de Presupuesto. Tampoco llegó al gabinete nacional Natalia de la Sota, a quien se supo mencionar como futurible para Cultura.
El presidente electo no jerarquizó a ningún dirigente cordobés como alto funcionario nacional. No bendijo a ningún peronista que Hacemos por Córdoba pueda tomar como retador al liderazgo de Juan Schiaretti. No perfiló a ningún líder territorial emparentado con el justicialismo local para construir albertismo en la provincia.
Más aún, la orden del albertismo para sus representantes en Córdoba es construir tropa propia, pero no un líder local. Parte, el partido que responde directamente al presidente electo, seguirá en manos del ex legislador Enrique “Quique” Asbert, que contará con los medios necesarios para dar volumen a su espacio, pero que en rigor no es expectable en términos electorales.
Todas estas señales tributan a una misma conclusión: el albertismo se repliega en Córdoba, y posterga –al menos en lo inmediato- la construcción de un candidato que pueda desafiar a Schiaretti. No resulta extraño. Entre la avanzada de CFK en la interna del Frente de Todos y el desafío de estabilizar y relanzar la economía, Fernández tiene prioridades distintas a dilucidar cómo penetrar en un distrito electoral tan reactivo como Córdoba al kirchnerismo. Los números cosechados el 27 de octubre dejaron en claro que la receta elegida no fue la apropiada.
Sin embargo, la directiva de construir tropa propia deja en claro que Fernández no declina sus expectativas de gravitar en Córdoba, sino que sólo las posterga.
En el horizonte, y tras el desplazamiento de Caserio del centro de la escena, aparece un futurible: Martín Gill. El intendente de Villa María es un dirigente de peso propio y un declarado aliado del presidente electo en la provincia, y el regreso de Eduardo Accastello -su padrino político y máximo adversario en el departamento General San Martín- a Hacemos por Córdoba podría inquietarlo.
Así, hay quienes apuntan que Gill, inhibido para lograr una nueva reelección en Villa María, empezaría -llegado el momento- un proceso de paulatino distanciamiento del oficialismo provincial y progresivo acercamiento a la figura de Fernández, perfilándose como un delfín del Frente de Todos en Córdoba.