Distorsiones en Diputados y balance de poder

La reciente distribución de autoridades de cámara y presidencias de bloque en diputados deja en claro que los hombres bonaerenses están por encima del resto de sus compañeros.

Por Javier Boher
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Habiéndose definido las autoridades de diputados, otra vez vuelve el debate sobre la conformación de la cámara y la distribución del poder en la misma. Estos son los momentos en los que muchos recuerdan que no todo depende de las leyes para funcionar.
El movimiento feminista copó las calles desde el año pasado, logrando que las diputadas de los distintos bloques hagan pesar más su condición femenina que su orientación ideológica para aprobar la ley de paridad de género. Todas festejaron y se abrazaron por la conquista de la mitad de las listas.
Una de las que ejercía el cargo y votó esa propuesta fue Graciela Camaño, enrolada en el peronismo disidente. Ayer se quejó amargamente porque los diputados no supieron interpretar el espíritu de la ley: ninguna autoridad de la cámara quedó en manos de una mujer. Como dice la juventud hoy en día, “y sí, amiga”: el poder no se comparte voluntariamente en ningún orden de la vida.
Su ex jefe de bloque en las épocas de disidencia, Sergio Massa, consiguió la presidencia de la cámara por haber vuelto al redil del peronismo mayoritario. Los tres vicepresidentes también son hombres.
El caso de Massa también representa una doble dimensión del “no queremos largar la manija”: entre las autoridades de la cámara y los interbloques, la provincia de Buenos Aires tiene cuatro representantes sobre siete, según surge de un relevamiento difundido por el politólogo Facundo Cruz a través de su cuenta de Twitter.
En un jugoso hilo se encarga de desentrañar la presencia arrolladora de la provincia de Buenos Aires. Pese a tener solo el 27% de las bancas (por motivos que ya vamos a ver), el 60% de los diputados se encuentran en bloques conducidos por bonaerenses. Córdoba la sigue, con 20% de diputados bajo conducción cordobesa.
Esos datos pueden parecer anecdóticos, pero marcan una pauta bastante clara respecto del lugar y la forma en que se cocina la alta política. Es muy difícil trascender en la conducción desde provincias periféricas en una cámara con tanta presencia de políticos con peso territorial fuerte.
Esto tiene que ver, sin dudas, con los problemas de representación que trae aparejados la “Ley Bignone”, nombre vulgar del decreto 22.847/83 de la época militar, que regula la forma en la que se distribuye la representación de la vida democrática. Es fácil señalar la pervivencia de la dictadura en Chile, pero nos cuesta reconocerla en estos pagos.
Por tal ley, la provincia de Buenos Aires tiene 27% de diputados cuando en realidad su población es el 37% de la población del país. Córdoba, por su parte, tiene 7,7% de la población, pero sólo el 7% de los diputados.
Esas distorsiones hacen que la representatividad de la cámara se vea alterada, incluso afectada gravemente cuando se piensa en los casos de “borocotización”: con lo que cuesta conseguir un diputado, que se vaya es inaudito.
Como bien consigna Francisco Llorens en su artículo para El Cronista, para pensar la magnitud del desfasaje vale ver que una diputada de Tierra del Fuego recientemente elegida ingresó con 17.992 votos. Néstor Pitrola, del FIT bonaerense, se quedó afuera con casi 350.000 votos.
Para pensar lo desigual de los distritos, Gustavo Melella -electo gobernador de Tierra del Fuego hace unos meses- solo cosechó 48.868 votos. Incluso en una elección tanto más polarizada, la distancia es abismal.
Los problemas con el transfuguismo de diputados parecen algo menor si se lo compara con una relación entre distritos de cinco a uno de los votos para elegir diputados, que se supone deben representar equitativamente a toda la población del territorio nacional. Lejos de hacer crecer a las provincias menos pobladas, las deja a merced de la conducción de los diputados metropolitanos, que necesitan mucho más poder territorial o acuerdo entre facciones para acceder a una banca.
Si a eso se le suma el manejo de la representación en lo referido a las cuestiones de género, claramente se puede ver que la ley no puede modificar inmediatamente lo que la sociedad vive -o la política arma- de otra forma. Tal vez sea hora de ver menos las excepciones de los transfuguistas y un poco más las reglas de funcionamiento, que permiten que en la cámara de los iguales, la igualdad sea lo que menos se encuentre.