Instituto sin ajuste ni inversiones

El presidente Castoldi dejó en claro que no habrá refuerzos para la segunda etapa de la Primera Nacional, salvo que existan bajas imprevistas. Con esta metodología austera se logró clasificar a la Copa Argentina, una caricia política, en tiempos donde la oposición se afila las uñas.

Por Federico Jelic

Tiempos aciagos desde lo económico vive Instituto Atlético Central Córdoba. Sin urgencias aparentes, con algún dinero que pronto ingresará a las arcas de gestiones anteriores aunque lo mismo, tampoco puede “tirar manteca al techo”, frase recurrente cada vez más en alta Córdoba. Sin inversiones proyectadas a la vista, sin despilfarrar el presupuesto pero también con la consecuencia de que el objetivo de ascenso es casi utópico, con esa mentalidad transita los primeros meses de gestión el flamante presidente Roberto Castoldi, quien más que nunca parece haber aplicado un “no innovar” en las cuentas, una suerte de emergencia económica que no provocará ningún desmán en la estantería financiera. El equipo marcha coqueteando en zona de clasificación al reducido en la Primera Nacional, con el pasaje aprobado a la Copa Argentina, aunque del objetivo máximo de ascenso, se habla poco y nada.
Y no solo es con la finalidad de mantener un perfil bajo o de humildad. Es porque son conscientes los dirigentes que este año no podrán realizar grandes apuestas en figuras como para jerarquizar un plantel plagado de juveniles sino que, además, lucharán por esas ilusiones con recursos genuinos propios. Hasta donde llegue el auto, hasta donde alcance la nafta, sin reproches.
Claro está que el hincha sueña con ascender, regresar a Primera después de 13 años, y volver a meterse en los primeros planos del fútbol argentino. No obstante, la agenda es otra: consolidar lo institucional, no endeudarse a cuenta de nada y seguir cumpliendo con el Concurso Preventivo, obligación que hoy luce controlada.
“El lunes comenzamos a proyectar lo que viene, queremos que siga el mismo plantel. Nuestra idea es no traer a nadie, está difícil la situación económica”, declaró el propio Castoldi. ¿Hacia dónde va Instituto? ¿Le alcanzará políticamente a esta conducción su gobernabilidad si ni siquiera promete ser protagonista con el equipo?

Con recursos genuinos
“Salvo que un jugador se quiera ir, no vamos a despedir a nadie. Y no está prevista la chance de llamar refuerzos, salvo que se baje algún jugador por alguna razón. Necesitamos no irnos del presupuesto”, comentó Castoldi en los medios, sobre las posibilidades reales de sumar alguna incorporación en este verano. No hay dinero para más. Instituto hace rato se convirtió en un club exportador y no parece ser 2020 la excepción.
“El déficit del club sigue y lo tenemos que subsanar, equilibrar sus cuentas es lo más difícil. Con respecto a Bajamich hubo sondeos de algunas personas, pero ningún contacto formal de clubes”, declaró sobre una supuesta venta del delantero juvenil, quien ya lleva ocho conquistas en la Primera Nacional y figura en los planes de muchos equipos.
Según trascendió, ya tiene la lata en la cabeza y de no mediar ningún inconveniente, sería transferido al final de la temporada. Ya se hizo formal el poder para algunos representantes, con el derecho de negociarlo en el mercado europeo. Mientras aguarda que avances los papeles en pos de su ciudadanía croata y acreditarse del pasaporte comunitario, al menos ya tiene tasación: en Alta Córdoba no se van a desprender del jugador por menos de dos millones de dólares. Hoy Instituto precisa de un “Bajamich” todos los años, por decirlo de alguna manera, para no caer en bancarrota. Una dura realidad que no todos los socios parecen entender o aceptar.
“Queremos tener una base de 70% de jugadores propios en el plantel superior para tratar de traer la menor cantidad posible de refuerzos, mantener una base propia hasta que salgan ofertas”, amplió Castoldi sobre la nueva línea editorial de Instituto, lejos de aquella premisa con 14 refuerzos por campeonato, pasando a una austera administración que inició con la contratación del DT César Zabala, quien egresó de interino a entrenador formal.
Y claro, los números no cierran. El ejercicio económico pasado fue aprobado por la agónica venta de Mateo Klimowicz a Alemania, en una Asamblea Anual Ordinaria que había sido postergada anteriormente. El presidente saliente, Gastón Defagot, hoy secretario, también tuvo que hacer malabares en función de no dejar el ejercicio anual con números en rojo. Mientras el básquet, con otro sustentamiento, de la mano del vice Juan Cavagliatto avanza en torneos internacionales como la Champions League América, el fútbol tiene un campeonato todos los días, evitando un desbalance que motive la intervención, justo en tiempos de Concurso Preventivo.
Y eso es positivo. No se han generado nuevos juicios más allá de los de siempre, se llegó a saldar sin inconvenientes la cuota anual del Concurso y por eso nadie quiere pasar más sobresaltos. La ambición de ser protagonistas en la Primera Nacional quedó en pausa, para sobrevivir primero y después soñar. No obstante, el primer objetivo fue cumplido: Instituto aprovechó la derrota ante Villa Dálmine y logró la clasificación después de dos años a la Copa Argentina. Un avance módico teniendo en cuenta la historia de la entidad pero en tiempos aciagos, se celebró como un triunfo, como un espaldarazo al proceso de Zabala y a la política de dotar de valores propios de la cantera al plantel superior.
La oposición afila sus garras y contraataca. Pero al menos Castoldi y el oficialismo lograron neutralizar las primeras críticas con el pasaje a la Copa Argentina. En días se cobrará parte de la venta de Mateo García (de Las Palmas de España a Estrella Roja de Serbia) y algunos mecanismos de solidaridad (Wanchope Ábila y Javier Correa, entre otros). Igual, la política económica no parece girar a un cambio de meta: la austeridad económica prima sobre todas las cosas, a pesar del disgusto de muchos hinchas, que no dejan de soñar y exigir el ascenso, justo en el peor de los contextos.