Gabinete para la escasez con pocas pistas para 2023

El equipo de Schiaretti tendrá una coordinadora con mucho poder para cuidar la plata, pero sin juego político propio, foguea a la joven guardia peronista y alambra las fronteras políticas del oficialismo.

Por Bettina Marengo
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Un gabinete para cuidar la plata en tiempos de escasez y con pocas pistas para la sucesión del 2023, con incorporación de un ministerio de la Mujer, a tono con la agenda del momento, con dirigentes de la mesa hiperchica como Ricardo Sosa, más un regreso y un par de ascensos y arribos, junto a una dosis de castigos. El equipo que paró el gobernador Juan Schiaretti para su tercer mandato no consecutivo emana señales políticas y de perfil de gestión, más allá de la repetición o enroque de funcionarios y del mix generacional que propone.
Schiaretti puso en primer lugar la administración, uno de los capitales políticos que ostenta ante los ojos de su cuantioso electorado. En esa clave, encumbró a Silvina Rivero como ministra coordinadora de ministerios y de secretarías de Estado.
Técnica de máxima confianza que “no hace política” y por lo tanto no juega la interna, dicen de ella, fue designada para conducir la ejecución del presupuesto y su control en tiempos de restricciones económicas como los que se vienen, una función que no le es ajena en su actual cargo de secretaria General de la Gobernación. Para algunos, se trata de la oficialización de un rol que Rivero ya ejercía.
Pero no solo de administración vive un gobierno. De cara a la sucesión de la que se hablará de ahora en más, eclosionará en dos años con las elecciones nacionales de medio término y se concretará en cuatro, algunas fuentes peronistas que hablaron con Alfil ven en el gabinete un sutil beneficio para Martín Llaryora, porque no destaca a un delfín claro más allá del fogueo a Facundo Torres, y la promoción de la nueva generación del PJ.
El joven intendente de Alta Gracia es la novedad del equipo. Asumirá como ministro de Gobierno siendo el más schiarettista del lote de la renovación generacional del PJ cordobés, pero tendrá una cartera acotada, sin el área de Seguridad (un recorte de poder que a su vez puede ser una ventaja, dado el grado de conflictividad del área) y con el fondo de Desarrollo Urbano distribuido automáticamente por coparticipación. Será un ministerio políticamente menos significativo que la que encabezó Carlos Massei, transferido a la cuantiosa Desarrollo Social que pondrá mucho foco en el interior.
La presencia de Torres, de todos modos, funge como equilibrio con la figura del futuro vicegobernador Manuel Calvo, otro de la guardia joven con aspiraciones sucesorias (que no jugará suelto en la Legislatura porque estarán dos experimentados alfiles como Oscar González y Francisco Fortuna, presidente provisorio y jefe de bloque oficialista respectivamente), y también con el designado ministro de Justicia, Julián López.
En ese mismo marco etario, Claudia Martínez fue ascendida a ministra de la Mujer y Laura Jure a ministra de Promoción de Empleo y de la Economía Familiar. Son dos cargos con gran potencial de visibilidad, pero se trata de dirigentes que, con sus distintos perfiles y al día de hoy, no pelearían primeros lugares en 2023.
Lo que sí es considerada una señal favorable a Llaryora es la designación en el Ministerio de Ciencia y Técnica de Pablo de Chiara, actual secretario de Industria, técnico cercano al sanfrancisqueño y ligado a la Unión Industrial de Córdoba, que reemplazará a Walter Robledo. Sin embargo, el grado de respaldo al intendente capitalino se verá básicamente con el apoyo que Schiaretti le dé a la gestión municipal.
La salida Robledo sorprendió y provocó el malestar de varios el rancho PJ-K de la Universidad Nacional de Córdoba. El funcionario saliente es lo que se dice un hombre del “partido universitario” cuyas caras visibles son el exrector Francisco Tamarit y el diputado nacional Pablo Carro. “Pancho” tiene buen diálogo con sectores del schiarettismo y también con Carlos Caserio. De hecho fue uno de los armadores del acto peronista en la UNC por los 70 años de la gratuidad de la educación universitaria, donde el senador nacional y el diputado Carro fueron los oradores principales. Y si algo se ve en el nuevo gabinete provincial es que Caserio fue excluido del tablero, al menos de momento. La confirmación del macrista Esteban Avilés en Turismo es el cumplimento de un acuerdo previo con los nuevos socios de Hacemos por Córdoba, pero también es un límite al punillense (y por extensión al albertismo cordobés), que quería al exintendente de Carlos Paz afuera del Ejecutivo.
Otro dato para el análisis es el regreso de Accastello al Ejecutivo, en un lugar expectable como es el Ministerio de Industria y Comercio, cargo que ejerció Llayrora antes de convertirse en vicegobernador. El desembarco del villamariense en el Centro Cívico es una muestra de que en el PJ cordobés existe el waiver (salvo, hasta ahora, para Olga Riutort) y de Schiaretti va a dar juego a varios en la ronda de la sucesión. Accastello, legislador provincial electo de Hacemos por Córdoba, tiene llegada a los círculos cercanos de Alberto Fernández, pero en el proceso electoral reciente no sacó los platos de la lista de diputados de Schiaretti. En la interna partidaria, su presencia opera sobre la puja con el intendente Martín Gill, que jugó con Caserio y Alberto Fernández en la reciente elección presidencial, también con expectativas para 2023, y también es una competencia directa para el intendente capitalino Llaryora.
Hacia afuera, el mapa del poder del Centro Cívico muestra que el schiarettismo alambró las fronteras políticas del peronismo cordobés con la cabeza puesta en su superviencia en 2023.