Un argentino descubre Córdoba, 1869 (Segunda Parte)

Santiago Estrada recorría el sur cordobésen diligencia, viajero hacia Chile, y visitaba de paso la ciudad de Córdoba. Se extraen más textosde su libro “Apuntes de viaje del Plata a los Andes”.

Por Víctor Ramés
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Santiago Estrada en un grabado de la revista “La Ilustración Española y Americana”, 1889.

Cada iglesia cordobesa merece un párrafo de Santiago Estrada. Es lamisma ciudad que visitaron tantos otros viajeros durante el siglo XIX, todos ellos invariablemente admirados por esa dulce o amenazante presencia de la fe católica en Córdoba. Presencia que todavía tiene un peso específico hoy, al menos en la arquitectura que rodea a los cordobeses del siglo XXI. Sobre el templo de la Compañía dice el viajero porteño:
“Los jesuitas dejaron sin terminar la Iglesia de la Compañía, de propiedad de su Orden. Este templo, de piedra de sapo, está revestido desde la cúpula hasta la base, de cedro del Paraguay perfectamente tallado. En las paredes se encuentran los retratos de los santos de la Compañía. El altar mayor conserva un buen cuadro de la escuela flamenca, representando la muerte del Salvador.”
Labasílica de la Orden de los Predicadoreshabía sido concluida solo ocho años antes de la visita de Estrada:
“Santo Domingo fué construido en 1861, bajo el mismo plano, aunque reducido, de la Iglesia de igual nombre existente en Buenos Aires. En la nave de la izquierda hay un altar gótico consagrado ala Virjen del Rosario. La imájen tiene entre sus manos el bastón que Liniers le ofreció en los momentos críticos de la defensa de Buenos Aires en 1807.
Este templo fué construido por un fraile tan ilustrado como piadoso. Propagandista y obrero, maestro y director un día de gran parte de la juventud de Buenos Aires, su nombre, escrito en la piedra de la tumba, está grabado también en el corazón de centenares de personas.
Fray Olegario Correa es una de las glorias de Córdoba.
El propio autor brinda a continuación una especie de resumen de los templos locales:
“San Francisco, la Merced, San Roque, la capilla del Hospital dirijido por las hermanas de la Misericordia, Santa Catalina y Santa Teresa, no tienen nada de notable. Los dos monasterios de monjas que he nombrado, brillan por su aseo y por los preciosos adornos fabricados por las relijiosas.”
La cuestión religiosaprovoca en Santiago Estrada un giro más personal y emotivo, al relatar lo siguiente:
“En el convento de Santa Teresa existe una monja que fue compañera de infancia de mi madre. El día en que visité el convento la hice llamar al locutorio. Al escuchar su voz, que yo creía que debía tener la frescura de la de mi madre, esperimenté una sensación inesplicable. Ella me advirtió que entre el presente y el día en que murió aquella, -mediaban muchos años.
Era la primera vez que me imajinaba á mi madre envejecida. Me entristeció la idea de que sus hijos no hayan podido servirle de apoyo, ni recibir las lecciones de su esperiencia.”
La mirada del viajero se vuelve hacia otra parte y su pluma entrega una postal del Paseo Sobremonte.
“El paseo de Córdoba, que ocupa una manzana, tiene en su centro un lago artificial. Cuatro veredones, resguardados por una doble fila de árboles corpulentos, le forman marco. En medio del lago hay un kiosco, en el que se coloca la música que atrae la concurrencia á la alameda en los días festivos. En las noches de luna se recorre en bote aquel lago, navegado por blancos cisnes.
Cuatro arcos, colocados en los ángulos del paseo, franquean la entrada á los visitantes. La mano de la gratitud ha escrito en ellos los nombres de algunos de los buenos servidores de la provincia.”
Apuntes breves prueban el poco entusiasmo que despertaron en el visitante ciertos edificios:
“El único teatro que existe en Córdoba es de poca importancia, á pesar de que el arte tiene numerosos admiradores en la capital”. Aún no existía el bonito Teatro Progreso (1877) y Estrada debía referirse a la remozada vieja Casa de Comedia. Aquellahabía sido la primera sala que tuvo la ciudad, y se asentaba en el terreno donde pronto se levantaría el mencionado Teatro Progreso.
También visita el viajero porteño la sede de la Universidad de Córdoba, que había pasado al régimen del período nacional en 1854, lo mismo que el Colegio de Monserrat:
“El edificio de la Universidad, que ha sido restaurado, está formado por dos departamentos de dobles pisos. En el lujoso salón de grados se encuentran los retratos de algunos hombres notables. La Biblioteca, fundada en 1818 por el doctor don Manuel Antonio Castro, está formada, en su mayor parte, por autores antiguos de ciencias políticas y morales.
(…) Aun se enseña á los visitantes, en el patio principal de la Universidad, un intersticio que comunicaba con el entresuelo del primer piso de los claustros, y por el cual pasaban los estudiantes revoltosos para ir á buscar refujio en la vecina iglesia de la Compañía.”
Al Colegio -y a su acústica- también dedica el visitante unas líneas:
“Al día siguiente visité el Colejio Monserrat, célebre en los anales arjentinos. Este magnífico edificio, construido por la Compañía de Jesús, está ocupado actualmente por el Colejio Nacional. El establecimiento consta de dos departamentos, cruzados por tubos acústicos que se comunican con las oficinas de la dirección.
Tiene algunas habitaciones construidas con elpropósito de hacer imposibles las conversaciones á media voz. La palabra se escucha claramente desde el centro de ellas, aun cuando seanpronunciadas en las estremidades.”
Saliéndose de la arquitectura, Estrada menciona al pasar la educación y la lectura en Córdoba.
“La educación popular preocupa la atención del Gobierno y de la prensa, empeñados en difundir sus beneficios. (…) Mas de seis publicaciones, diarias y periódicas, número excesivo tratándose de una provincia mediterránea, revelan su amor por la lectura.”
Estrada hacía galade una mentalidad centralista: era comprensible la proliferación de periódicos en la ciudad puerto. En el interior, en cambio, ese número resultaba un exceso. Punto para Córdoba, en todo caso. Y en cuanto a la lectura, los cafés eran -como aún lo son- el recinto indicado para leer y discutir los periódicos. Una ojeada final del visitante detectaese tipo de locales: “Córdoba cuenta con varios establecimientos comerciales de lujo, entre los cuales descuellan los cafés y hoteles.”