Vieja postura frente al nuevo protocolo de aborto no punible

La decisión presidencial de revocar el nuevo protocolo de interrupción legal del embarazo nos devuelve hacia atrás, al mismo lugar en el que los problemas no se resulelen, sino que se ocultan.

Por Javier Boher
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El año 2018 implicó la irrupción vehemente del tema del aborto en la discusión política argentina, con el colectivo feminista copando la parada respecto a la postura favorable a la interrupción del embarazo. Ese hito político significó que los partidos se vieran en la obligación de redefinir algunas posturas.
Antes de ayer se publicó en el Boletín Oficial una actualización del protocolo de aborto no punible, emitida por la Secretaría de Salud conducida por Adolfo Rubinstein. Mientras muchos celebraban el avance en la reglamentación de un derecho existente desde 1921, el presidente Macri decidió revocarlo. ¿Qué puede haber pasado ahí?.
Pese a que un gran porcentaje de votantes de Juntos por el Cambio apoya el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, esa grieta de conciencia ha marcado una distancia abismal con los sectores que se oponen. Todo pudo quedar oculto por cuestiones mayores, que se hicieron visibles a lo largo de la campaña.
Las expresiones del presidente Macri respecto a su postura provida fueron una constante en el período que transcurrió entre las PASO y las generales. María Eugenia Vidal también se subió al colectivo celeste con la intención de recuperar algo de intención de voto.
Eso pareció funcionar: el grueso del voto celeste (que inicialmente había ido a políticos como Espert o Gómez Centurión) se redirigió a Macri y le permitió achicar la brecha con Alberto Fernández. Ahí hay una primera explicación a la decisión de Macri.
Aunque el aborto sea un tema central, estuvo lejos de definir el voto popular. Los dos partidos que hicieron una bandera al respecto no movieron el amperímetro, ni a favor ni en contra. Pese a ello, el respaldo que recibió Macri de los celestes debe ser retribuido con algo que le permita mantener afinidad con ese sector, más propenso a votarlo que el de pañuelo verde.
Aunque el bloque de diputados radicales repudió la decisión del presidente (y con algunos referentes apoyando públicamente a Rubinstein, de extracción radical), la movida de Macri parece estar más cerca de los radicales que los mismos diputados del centenario partido. Si se revisan los números del congreso, el 40% de los diputados radicales se opuso al proyecto. En el Senado, el 75%.
Finalmente, una cuestión de “solidaridad” con el gobierno que viene que se suma a la relación con el Vaticano. ¿De qué sirve allanarle parte del camino a la próxima administración, especialmente en lo referido a la relación con la iglesia católica, que agrupa a alrededor de dos tercios de los habitantes?.
Si prosperaban las reformas del protocolo, todas las provincias se iban a ver en la necesidad de adaptarse a lo prescripto por la Corte Suprema en el fallo FAL, estableciendo un reglamento de procedimintos, causales y situaciones bastante claro. Un gran paso para la legalización del aborto (que terminaría siendo reconocer de derecho una situación de hecho).
Ahora el kirchnerismo se verá en la obligación de negociar los votos para aprobar el proyecto por el cual Alberto Fernández se pronunció (y Cristina votó) a favor. ¿Se puede sostener el apoyo del ala dura del Vaticano y los que peregrinan a la unidad básica de Roma a la vez que se negocian esos votos?. Si no es algo aclarado, ciertamente sacará a la luz las grietas internas en su bloque.
La movida parece obedecer también a algunos roces internos entre los que están abandonando el gobierno. Una cosa era someterse a la voluntad de Macri y su mesa chica capitalina siendo éste el presidente, que hacerlo ahora que hay que tratar de limar asperzas para intentar volver en 2023. Los radicales siguen esmerilando al jefe de Estado, convencidos de que esa es la forma de lograr mayor horizontalidad en las negociaciones.
De cualquier forma, esta decisión de Macri apunta a consolidar el voto más conservador del electorado, que sigue disperso y con ganas de dirigirse a algún candidato un tanto más anti sistema. Con la valija lista para irse en 20 días, suena inverosímil que el presidente pueda tomar una decisión como la del protocolo de aborto, independientemente de que sea una necesaria medida de salud pública.