Fórmulas (no siempre) exitosas

Quizás, en mérito al suceso conseguido sin variar su idioma, se le conceda a la española Rosalía (recientemente nominada a dos Grammy) la chance seguir cantando en castellano, sobre todo porque es difícil imaginarla abordando el mismo repertorio con una pronunciación inglesa.

Por J.C. Maraddón
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Los años noventa del siglo pasado quedarán en la historia como una década en que la canción latina alcanzó una fama internacional inaudita, sobre todo a partir del suceso de cantantes como Luis Miguel o Ricky Martin, detrás de los que vinieron luego Enrique Iglesias, Cheyenne, Marc Anthony, Juanes y tantos otros. En ese parnaso no faltaron voces femeninas como las de Gloria Estefan, Jennifer Lopez, Thalia y la colombiana Shakira, quien apenas unos años después iba a trascender como estrella pop a escala universal, con invitaciones varias a las ceremonias de apertura de los Mundiales de Fútbol como prueba de la magnitud de su repercusión.
En 1995, con apenas 18 años de edad, Shakira se subía a esta tendencia que imponía la música en español dentro de un mercado que desde siempre había exigido temas en inglés para facilitar el acceso al público anglosajón, excepto cuando hubiera algún componente exótico que fuera atractivo. Con la MTV Latina ya en plena transmisión, la joven solista colocó en alta rotación el single “Estoy aquí”, que si bien presentaba las características típicas de la canción pop, tenía matices sonoros inusuales y una entonación vocal que luego fue el sello distintivo en la carrera de esta intérprete.
En la evolución de su trayectoria, otro hito importante fue el tema “Ojos así”, de 1998, donde además de su raigambre latinoamericana, se puso de relieve la herencia árabe de su familia, en un cóctel musical que acentuaba el perfil desconcertante de la artista. En las discotecas, en las radios, en el estéreo de los autos y en cualquier otro lugar se hacían oír sus hits, que aquí en la Argentina ganaron enorme popularidad, pero que sobre todo conquistaron a todo el mundo de habla hispana, incluyendo a quienes residían en Estados Unidos pero conservaban la lengua de su país natal o de sus ancestros.
Ante semejante filón, los productores musicales resolvieron romper las estructuras y darle un giro a la trayectoria de Shakira, llevándola hacia un terreno de mayor peligro pero también mucho más prometedor. Y así fue como en 2001 apareció su primer disco bilingüe, “Servicio de lavandería (Laundry Service)”, cuyo single “Suerte (Whenever, Wherever)” llegó al sexto lugar en el Hot 100 de la revista Billboard y al número uno en varios países europeos, confirmando el acierto de haberla animado a cantar en inglés. De esta forma, en el trayecto hacia el estrellato, perdió el color local de sus orígenes y se fue adaptando al estándar del pop global.
Con la nominación al Grammy como Mejor Nueva Artista y como Mejor álbum de rock, música urbana o alternativa latina por su disco “El mal querer”, la española Rosalía se aproxima a ese podio de la fama al que Shakira accedió hace casi dos décadas, aunque en este caso sin moverse un centímetro de su propuesta de base. Su amalgama de flamenco y ritmos urbanos ha sido lo suficientemente efectiva para arrasar con todos los prejuicios y exponerla a una trascendencia que le ha permitido subirse a la grilla de festivales donde pocas veces se habían colado nombres hispanos.
Quizás, en mérito a este suceso conseguido sin variar su idioma, se le conceda a esta cantante la chance de conservar ese elemento diferencial, sobre todo porque es difícil imaginarla abordando el mismo repertorio con una pronunciación inglesa. Pero el negocio discográfico está ávido de un envión que lo mantenga a flote, por lo que no sería de extrañar que se intente repetir la fórmula de antiguas experiencias que han funcionado a la perfección en otras oportunidades, pero que en este caso podrían acarrear consecuencias de gusto dudoso.